Tensa calma en la ciudad estonia de Narva, punto caliente de la geopolítica europea

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Salvador Martínez Mas

Narva/Tapa (Estonia) 20, jun (EFE).- Una valla, concertinas y dientes de dragón sobre el "Puente de la Amistad" separan a la ciudad estonia de Narva de la localidad de Ivángorod, en Rusia, en una frontera que luce tan parada -sin vehículos y sólo usada por unos pocos viandantes- como tensa es la relación entre la nación báltica y su vecino ruso.

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Apenas 162 metros recorre el "Puente de la Amistad", la única infraestructura para transporte rodado del río Narva, cuyo caudal fluye hacia el Báltico en un punto situado a apenas unos 165 kilómetros de San Petersburgo, la segunda ciudad más poblada de Rusia.

En febrero de 2024, cuando Rusia comenzó a construir un nuevo paso fronterizo, el tráfico se cortó en el puente y sólo pasan unas 1.500 personas al día en una y otra dirección, una cifra mucho menor a los 25.000 cruces diarios de antes de 2020.

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El aspecto tranquilo del paso fronterizo contrasta con la amenazante situación en la que se encuentra Narva, pegada a un país vecino cuyo jefe de Estado, Vladímir Putin, afirmó en 2022 que esta ciudad estonia de algo más de 50.000 habitantes pertenecía a Rusia.  

Putin aseguró entonces que el zar Pedro el Grande "devolvió" a Rusia el control de Narva en 1704, al arrebatársela militarmente al Reino de Suecia, mucho antes de que las tres naciones bálticas -Estonia, Letonia y Lituania- proclamaran su independencia, primero en 1919 y después en 1991, tras abandonar la Unión Soviética.

El 95 % de la población de Narva es rusoparlante y, según Irene Käosaar, directora de instituto de Narva, muchos de estos estonios "viven en el espacio informativo de Rusia" porque consumen medios como la televisión rusa, que está prohibida en Estonia aunque su señal se capta sin problemas dada la cercanía al país vecino.

Así, es habitual que cientos de ciudadanos de Narva se concentren el 9 de mayo, cuando Rusia celebra el Día de la Victoria sobre la Alemania nazi, en la orilla estonia del río para mirar las festividades que organiza Ivángorod junto a su castillo, situado al otro lado ruso del "Puente de la Amistad".

Las autoridades creen que comportamientos como ese, o el que haya estonios rusoparlantes que caigan en las "narrativas" de la propaganda rusa, se explican como reminiscencias del pasado soviético, pero señalan que, en general, esta minoría de Estonia cada vez está más integrada en el sentir general del país.

"Lo que vemos allí es más integración", señaló a un grupo de periodistas el ministro de Asuntos Exteriores estonio, Margus Tsahkna, en alusión a la región de Narva y sus alrededores.

Tsahkna se mostró confiado en que la minoría rusoparlante del país -que compone un quinto de la población del país báltico- no resulte instrumentalizada por Rusia.

En Tallin, las autoridades califican de "existencial" la amenaza que representa Rusia, circunstancia que explica por qué la 1ª Brigada de Infantería pronto dejará de alojarse en la base militar de Tapa para reubicarse en una ciudad más cercana a Narva.

Estonia alberga un despliegue de la OTAN dotado de, entre otros medios militares, un millar de soldados británicos y franceses, en uno de los grupos de combate multinacionales de la Alianza Atlántica en el flanco oriental europeo.

A esa presencia la OTAN ha añadido las misiones Centinela Báltico, destinada a asegurar la infraestructura en el Báltico, y Policía Aérea, en la que aviones aliados a velan por la seguridad del espacio aéreo de la región báltica.

Ese despliegue no cambia el hecho de que "todas las ciudades, todas las infraestructuras en el este del mar Báltico podrían ser potenciales objetivos para los misiles, drones o artillería de Rusia", dijo a EFE Igor Kopõtin, historiador de la Academia Militar de Estonia, con sede en la ciudad de Tartu.

A su entender, Estonia, que cuenta con unos 1,4 millones de habitantes y un territorio algo más grande que Extremadura, necesita reforzar su capacidad militar.

El país ya dedica un 5 % de su PIB al gasto en defensa, pero, para disuadir a Rusia, "tenemos que disponer de más drones y sistemas de defensa aérea contra drones, y también reforzar nuestra capacidad para atacar al enemigo", según Kopõtin.

Entre tanto, la seguridad de su país depende de la OTAN. EFE

(vídeo)(foto)