Percebes, algas y moluscos: el problema incrustado a los barcos atrapados en Ormuz

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Imane Rachidi

La Haya, 19 jun (EFE).- Los buques inmovilizados estos meses en el estrecho de Ormuz por la guerra entre Irán y Estados Unidos afrontan un problema añadido: la acumulación de percebes, algas y otros organismos marinos en sus cascos, una bioincrustación que reduce la velocidad de los barcos, aumenta su consumo de combustible y resultará en un coste adicional para las navieras.

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Mientras Washington y Teherán avanzan en la aplicación del memorando de entendimiento firmado esta semana para rebajar la tensión en la región y reabrir progresivamente una de las rutas energéticas más importantes del mundo, las navieras se preparan para afrontar las consecuencias de un largo periodo de espera forzosa de parte de sus flotas.

"Si un buque ha estado sin navegar más de cien días, estamos hablando de un periodo muy largo para una embarcación. Todos los barcos que permanecen parados tanto tiempo desarrollan bioincrustaciones, independientemente del tipo de pintura antiincrustante que utilicen", explicó este viernes a EFE Alex Noordstrand, cofundador de la empresa neerlandesa Fleet Robotics, especializada en limpieza submarina de cascos.

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Las pinturas antiincrustantes que recubren normalmente los buques están diseñadas para evitar el crecimiento de organismos marinos, pero su eficacia disminuye cuando los barcos permanecen inmóviles durante largos periodos, especialmente en aguas cálidas como las del golfo Pérsico.

La bioincrustación aumenta la resistencia del casco al avance en el agua, lo que reduce la velocidad de navegación y eleva el gasto energético.

"Normalmente un buque navega a unos doce nudos (22km/h). Una acumulación importante de organismos marinos puede reducir su velocidad a unos nueve nudos (17km/h)", señaló Noordstrand.

Si la incrustación es muy severa, “el capitán puede aumentar la potencia disponible hasta el 100 % y aun así los barcos afectados no van a alcanzar la velocidad comercial normal", indicó.

El principal problema, según este especialista, no es tanto la seguridad de la navegación como los costes operativos derivados de una menor eficiencia y un mayor consumo de combustible.

Noordstrand explicó que estos buques necesitarán operaciones de limpieza antes de recuperar plenamente su rendimiento. En la mayoría de los casos, estos trabajos se realizan con equipos de buceadores y requieren entre uno y dos días.

Sin embargo, cuando la acumulación es muy intensa, la limpieza debe hacerse con cepillos más agresivos que pueden dañar la pintura protectora del casco.

"Se limpia el barco, pero este volverá a ensuciarse más rápidamente porque la capa protectora deja de funcionar correctamente", advirtió.

La solución definitiva pasa por volver a aplicar la pintura antiincrustante en dique seco, una operación que forma parte de los ciclos habituales de mantenimiento de los buques, normalmente cada cinco años.

Noordstrand considera probable que, una vez puedan salir del estrecho, muchos armadores "descargarán su carga lo antes posible y realizarán la limpieza".

El coste de estas operaciones puede oscilar entre los 20.000 y los 30.000 dólares (entre unos 17.000 y 26.000 euros) por buque en Oriente Medio, según sus estimaciones.

La Organización Marítima Internacional (IMO) considera el estado del casco uno de los factores que más influyen en la eficiencia energética de los buques y recomienda la gestión periódica de las bioincrustaciones.

Además, la IMO apunta a este fenómeno como una de las principales vías de transporte involuntario de especies invasoras entre ecosistemas marinos diferentes.

No obstante, el especialista relativizó el impacto del fenómeno sobre la reapertura de la ruta marítima en sí.

"Desde mi punto de vista sigue siendo principalmente una cuestión de mantenimiento. Todos los barcos que han permanecido inmóviles tendrán que ser limpiados porque todos presentan algún grado de bioincrustación. Si no se limpian, consumirán más combustible del necesario", subrayó.

El estrecho de Ormuz, único acceso marítimo entre el golfo Pérsico y el océano Índico, canaliza alrededor del 20 % del petróleo consumido en el mundo.

Según informó este viernes AXSMarine, empresa global de inteligencia marítima, el tráfico en Ormuz experimentó la víspera un repunte con el cruce de 25 buques, "más de cinco veces el promedio diario registrado los primeros diez días de junio", aunque el calendario de reapertura del estrecho está en el aire tras cancelarse las reuniones previstas hoy en Suiza entre las partes.

La crisis se desencadenó en febrero tras una ofensiva de Estados Unidos e Israel que acabó con la vida del líder supremo iraní, Alí Jameneí, y derivó en una escalada regional que incluyó ataques iraníes contra Israel y países que albergan bases estadounidenses, además del cierre del estrecho de Ormuz. EFE

(foto)