Moscú, 19 jun (EFE).- El presidente de EE.UU., Donald Trump, presume de haber acabado con nueve guerras, la última en Irán, pero se le resiste la décima, la que dijo que solucionaría en 24 horas, la de Ucrania.
"He terminado ocho guerras (antes de firmar el memorándum de entendimiento con Irán) y tengo que ser honesto. Pensé que ésta (la de Ucrania) sería de las más fáciles", admitió esta semana.
Los expertos sospechan que Trump no tiene las cartas en la mano para presionar a ninguno de los dos bandos. Él pensó que Ucrania era el eslabón más débil, pero, contra lo que muchos esperaban, el cese del suministro de armamento estadounidense no se tradujo en una derrota en el campo de batalla.
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La décima guerra en su lista es, en realidad, la primera. Desde antes de llegar a la Presidencia se cansó de repetir hasta la saciedad que si él hubiera estado en el poder, la campaña militar rusa en Ucrania nunca habría comenzado.
El caso es que la guerra cumple ya 1.577 días -la de Irán duró 110 días-, de ellos más de 500 con Trump en la Casa Blanca, sin que haya visos de un pronto arreglo.
Las negociaciones ruso-ucranianas se reanudaron en 2025, pero apenas han resultado en canjes de prisioneros y cadáveres. Por el contrario, los bombardeos se han recrudecido, especialmente contra objetivos civiles.
De hecho, la implicación estadounidense en Irán congeló el incipiente proceso de paz y rusos y ucranianos comienzan a tener dudas con la mediación estadounidense, vacío que ha sido aprovechado por los países europeos para intentar lograr un asiento en la mesa de negociaciones.
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"La guerra de Biden se ha convertido en la guerra de Trump", denunció el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, después de que el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, tachara la operación militar especial de "desastre estratégico" para Rusia.
Ante la falta de diálogo, ambos bandos han optado por dejar que sean sus drones los que hablen por ellos. Y en los últimos meses la voz cantante la llevan los ucranianos.
Sus drones de largo alcance han hecho estragos en la retaguardia rusa. Refinerías, terminales portuarias y depósitos de combustible arden un día sí y otro también. El líder ruso, Vladímir Putin, se niega a admitirlo, pero las pérdidas son enormes y ha tenido que incrementar otra vez el gasto para reforzar las defensas antiaéreas.
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"Todo esto no facilita los contactos personales entre el jefe del régimen de Kiev y nuestro presidente", dijo Yuri Ushakov, asesor del Kremlin para política internacional, en alusión a la invitación del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, para celebrar negociaciones directas.
En línea con la afirmación de Putin de que la guerra ha entrado en una nueva escalada, Ucrania protagonizó el jueves el mayor ataque contra Moscú en dos años de guerra. El resultado fueron columnas de humo, explosiones y lluvia de fuel a apenas 20 kilómetros del Kremlin.
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"Hace mucho tiempo que estoy convencido de que las palabras ya no son suficientes", dijo Lavrov al defender los ataques masivos de represalia contra territorio ucraniano.
Mientras, el asesor presidencial ucraniano, Mijailo Podoliak, aseguró que los dirigentes rusos sólo entienden "el lenguaje del miedo" y amenazó a Moscú con que, si no detiene la guerra, el próximo invierno ruso será más crudo que el ucraniano.
"Sin petróleo no habrá guerra", subrayó.
Los mediadores estadounidenses, Steve Witkoff y Jared Kushner, intentaron, hasta ahora sin suerte, emplear en Ucrania las mismas recetas que en Gaza.
Una de esas ideas fue la desmilitarización del Donbás, de forma que la artillería no tenga a tiro las ciudades enemigas, y la congelación del frente. Ucrania no apoyó la primera y Rusia se niega a aceptar la segunda.
El Kremlin también rechaza un posible despliegue de una fuerza multinacional si incluye a países de la OTAN, algo que Francia, Alemania y el Reino Unido volvieron a proponer recientemente con el respaldo de Zelenski.
El memorándum suscrito esta semana por EE.UU. e Irán incluye cláusulas que podrían aplicarse también al conflicto ucraniano como es el respeto de la integridad territorial; un inmediato y permanente cese de las hostilidades; un plan Marshall para Ucrania; levantamiento de sanciones a Rusia; renuncia de Kiev a las armas nucleares; y liberación de fondos rusos congelados.
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Por el momento, Putin se niega a garantizar que no anexionará más territorios del país vecino y a conceder reparaciones, además de exigir que Ucrania renuncie a la OTAN y se convierta en un país neutral sin presencia militar extranjera.
El último punto de dicho documento es fácilmente aplicable a Ucrania, ya que el tratado de paz debe ir acompañado por una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU.EFE
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