
Después de varias semanas marcadas por los diferentes actos -exposiciones, charlas, presentaciones e incluso un espectáculo flamenco- que se han celebrado para conmemorar el centenario del nacimiento de Cayetana Fitz-James, duquesa de Alba, los homenajes a la inolvidable aristóctata han llegado a su fin con uno de los más íntimos y especiales: un coloquio en el Teatro Cajasol de Sevilla que, protagonizado por sus hijos Cayetano y Fernando Martínez de Irujo, su marido Alfonso Díez, o íntimos amigos como Carmen Tello o el doctor Trujilo -además de la presencia de Curro Romero y Bárbara Mirjan entre el público- ha descubierto en lado más humano, cercano e íntimo de una de las personalidades más apasionantes del siglo XX y XXI en nuestro país.
"Hoy estamos verdaderamente en familia, veo la primera fila y veo las filas siguientes y veo quien está sentado aquí y hoy mi madre estará muy contenta. Había prometido que hoy no me quiero emocionar, pero no puedo" ha expresado entre lágrimas el duque de Arjona antes de presentar a algunos de los pilares en la vida de su madre, destacando las bonitas palabras que le ha dedicado a su viudo: "¿Qué voy a decir de Alfonso? Una de las mejores cosas que nos han pasado en los últimos cien años en la casa de Alba es la verdad de Alfonso. Gracias".
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Y, a pesar de la discreción que siempre ha caracterizado al último gran amor de doña Cayetana, Alfonso ha roto por una vez su silencio para recordar algunas anécdotas que vivió durante su relación y posterior matrimonio con la mujer con más títulos nobiliarios de nuestro país.
Una de ellas, sobre el día en el que se vieron por primera vez. "Bueno, no lo puedes imaginar, yo me quedé así como viendo visiones. Y lo que sí que noté es que me miró como... ¿tú sabes cómo es cuando un águila, se supone, mira a un conejo? así me miró. Fue hace muchísimos años, iba con unos amigos y con mi madre, todo rarísimo. Y al verla me quedé de piedra porque yo la había visto en el NODO" ha rememorado arrancando las risas de los presentes.
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De lo más relajado, Alfonso también ha revelado que Cayetana era "muy celosa". "Si la cena era muy protocolar sí podía me sentaba a la más fea que podía. Si estaba en su mano, la más fea" ha confesado emocionado, ya que estaba tan enamorado de la duquesa que no hubiese tenido ojos para nadie más.
Genio y figura, los médicos recomendaron a la duquesa que no bebiese alcohol porque era incompatible con su medicación, pero como ha recordado entre risas su viudo, cuando llegó un barril de sin alcohol al palacio de las Dueñas y la noble lo probó exclamó "¡Oigan! Esta cerveza se la dan a mi marido a mí traíganme la mía!".
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También ha echado la vista trás para hablar cómo fue su último viaje, a Tailandia, a principios de 2013 como una especie de luna de miel tardía 16 meses después de darse el 'sí quiero': "Íbamos a cenar o a almorzar con la reina Siriquí, una muy guapa, y su marido, que era el rey Volpón. Habíamos quedado desde aquí de Madrid con un protocolo enorme, pero el rey se puso malo, le tuvieron que internar y suspendieron la cena. Ese viaje era larguísimo y complicado, pero Cayetana se lo pasaba muy bien, muy bien en todos los sitios".
"Si yo decía que me iba a montar en globo, ella dice pues yo también. Yo no me montaba en globo, pero lo sugería, nunca me hubiera montado porque tengo mucho vértigo. Yo no me montaba en globo, pero lo sugería. En Turquía, en Cappadocia, yo les dije en Roma que me iba a subir en globo, y me dijo pues si tú subes, yo también. Y ya lo único que nos faltaba era Cayetana y su marido estrellados por una montaña. Por una de esas montañas, que encima de esas flechas, unos españoles se cayó en globo, no sé qué pasó. Y nada, pero se lo pasaba uno muy bien con ella. En el aeropuerto hacía risas. Cuando estaba, cuando le pasaba algo y le escaneaba, y gritaba, todo el tiempo gritaba. Yo le digo, pero ¿qué llevas? Son pesadísimas, decía. Le digo, pero llevarás algo oculto. Y se ponía así y dice, pero no me toquen. Para decir adiós. Pero no me toquen. No le gustaba que me toquen. Era muy divertida. Era enormemente amena, divertida" ha asegurado emocionado.
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Además, y por primera vez, ha desvelado cómo vivió él que doña Cayetana le habló de boda. "Me dijo 'Alfonso, yo no sigo para estar como estamos'. Y yo, 'Dios mío de mi vida, la que me va a caer'. Porque yo estaba a gusto como estábamos. Yo no tenía ninguna pretensión, porque la conocía muy bien. La quería muchísimo. Bueno, la quería, la quise, sobre todo luego, después. Pero en ese momento siempre me gustó mucho. Y murió Jesús. Teníamos una relación absolutamente divertida. Yo le dije 'Cayetana, ¿qué necesidad tenemos de casarnos?'" ha relatado, reconociendo que no es que no se quisiese casar, es que estaba "asustado".
"Yo no tenía ninguna pretensión. El primer viaje que hicimos a Sicilia a mí me estaban poniendo verde por todos los sitios. Faltaba que me tiraran un ladrillo cuando pasaba por la calle. Y ahí cuando le dije a Cayetana, te tienes que operar. Porque esto no se puede seguir así, yo no tengo ninguna pretensión económica ni de ningún tipo, yo te quiero. Yo tenía todo pagadito, yo tenía mis ingresos, todo muy normal y estaba en otra guerra distinta de ir a algo por interés económico" ha asegurado.
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Como ha confesado, "los hijos de Cayetana... El primero que me acogió al ver que aquello no era lo que se presumía fue Cayetano. Pero algunos de sus hermanos fueron muy, muy duros conmigo. Muy duros. Por teléfono y de persona. Muy duros. Que luego todo eso se ha normalizado hasta ahora. Les tengo muchísimo, sobre todo, les tengo muchísimo respeto porque son hijos de ella. Y aunque fueran lo que fueran, para mí son, primero, hijos de Cayetana. Ya, por respeto a todo el mundo. Luego ya, uno tiene su cariño, sus cosas".
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