La Haya, 21 may (EFE).- Las autoridades neerlandesas han detenido a un arqueólogo neerlandés que lideró la investigación que llevó al hallazgo en la ciudad neerlandesa de Maastricht de unos restos óseos que podrían pertenecer al célebre mosquetero francés d’Artagnan, lo que ha derivado en una disputa judicial y mediática en Países Bajos.
El protagonista del caso es Wim Dijkman, arqueólogo municipal de Maastricht durante más de 40 años y principal impulsor de la teoría de que el legendario militar francés Charles de Batz de Castelmore, conocido como d’Artagnan, podría estar enterrado en una iglesia local, donde el pasado marzo fue localizado un esqueleto.
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Las autoridades locales lo acusan ahora de ocultar piezas arqueológicas cuya propiedad corresponde legalmente al municipio, según el canal público neerlandés NOS.
El descubrimiento del esqueleto en ese templo convirtió a Dijkman en una figura destacada en los medios neerlandeses e internacionales, e incluso recibió a finales de abril una distinción real y fue nombrado caballero durante una ceremonia celebrada en Maastricht, respaldado por especialistas y por la biógrafa de d’Artagnan.
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Sin embargo, unas semanas después, el arqueólogo está en el centro de una investigación penal.
Según confirmó la Fiscalía neerlandesa, Dijkman fue arrestado el miércoles y después puesto en libertad, aunque sigue siendo sospechoso en un caso abierto por la presunta ocultación de restos arqueológicos.
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Se trata de un fragmento de hueso del brazo y dos dientes extraídos del esqueleto hallado en Maastricht y trasladados a un laboratorio de Múnich, en Alemania, para realizar pruebas de ADN que permitan determinar si pertenecen realmente al célebre mosquetero francés.
Dijkman viajó personalmente a Alemania para recuperar los restos después de que, según él, las autoridades municipales propusieran enviarlos por correo postal a Países Bajos, algo que consideró demasiado arriesgado debido a la fragilidad de las piezas.
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“El viaje a Múnich y la estancia en el hotel me costaron al menos 500 euros, pagados de mi bolsillo”, declaró el arqueólogo la prensa local, incluido De Limburger, en el que también afirmó que esperaba que el ayuntamiento reembolsara esos gastos.
El conflicto se agravó cuando inspectores de patrimonio y varios agentes de policía acudieron a su casa para exigir la devolución de los restos y Dijkman les aseguró entonces que había dejado las piezas bajo custodia de un amigo.
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“Querían prácticamente arrancarme esos huesos de las manos (...) Todos quieren quedarse con la historia”, manifestó el investigador, quien acusa al ayuntamiento, a antiguos colegas y a responsables de la iglesia de intentar apropiarse del mérito del hallazgo.
El Ayuntamiento de Maastricht sostiene, no obstante, que tanto la excavación como la custodia de los restos deben ajustarse a la Ley de Patrimonio neerlandesa, que establece que todos los hallazgos arqueológicos pertenecen al municipio.
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Mientras, las pruebas de ADN realizadas en Alemania serán determinantes para saber si el esqueleto pertenece realmente a una de las figuras históricas más célebres de Francia, inmortalizada en la novela “Los tres mosqueteros”, de Alexandre Dumas, que lo popularizó como el cuarto mosquetero junto a Athos, Porthos y Aramis.
D’Artagnan murió en 1673 durante el asedio de Maastricht, en una ofensiva del ejército francés para tomar la ciudad, y se cree que el mosquetero falleció tras recibir el impacto de una bala de mosquete en la garganta o el pecho.
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Luis XIV, el monarca con el reinado más largo en la historia de la monarquía europea (1643-1715), encargaba al mosquetero misiones secretas, asuntos de Estado delicados y labores de espionaje. EFE
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