Un año de contención en Libia tras los sangrientos enfrentamientos armados de mayo de 2025

Guardar

Túnez, 12 may (EFE).- Los enfrentamientos armados entre milicias registrados hace un año en la capital de Libia, Trípoli, pusieron en jaque la frágil estabilidad de un país fragmentado que trata de esquivar una guerra civil, pero también dejaron lecciones que ayudaron a evitar una nueva escalada y su propagación por todo el territorio, con algunos conatos que lograron contenerse en horas.

Desde los combates registrados entre el 12 y el 14 de mayo de 2025 -que acabaron con una docena de muertos y varias de heridos-, se produjeron escaramuzas menores y de escasa trascendencia, hasta el pasado viernes, cuando un intenso choque entre grupos armados, que duró unas 12 horas, se cobró la vida de cuatro personas, más de 30 heridos y cuantiosos daños materiales.

PUBLICIDAD

A continuación, las claves del control que mantiene a Libia en una relativa paz, pero con la guerra siempre latente:

Los más viejos del lugar, dotados de la sabiduría que aporta una larga vida, saben que una pequeña chispa puede generar un gran incendio en cuestión de segundos, con consecuencias letales, igual que lo son las de los enfrentamientos armados que, a menudo, logran apaciguar tan solo con su mediación y una larga conversación con los implicados.

PUBLICIDAD

Desde el conflicto de 2025, los ancianos participaron en cientos de mediaciones entre bandas rivales, grupos armados y fuertes milicias, consiguiendo que todo se quedara en un intercambio de palabras y disparos, con más ruido que sangre, hasta el pasado viernes, cuando, aunque pusieron freno a los enfrentamientos en pocas horas, no lograron evitar cuatro muertes.

Los sangrientos choques del pasado año agudizaron la vista y el ingenio de quienes permanecen vigilantes para intervenir ante el primer amago de peligro, una tarea compleja en un país crispado y dividido desde hace más de una década, y en el que toda excusa vale para confrontar al enemigo, que se encuentra en cualquier momento y lugar, con grupos armados por doquier.

Tanto las autoridades como los poderes fácticos -con los ancianos a la cabeza- se organizan para permanecer atentos las 24 horas para disolver la más mínima escaramuza que pueda desencadenar en un conflicto similar al de 2025 o, en el peor de los casos, llegar a propagarse por todo el país y dilatarse en el tiempo hasta un límite imparable.

Tras los enfrentamientos desatados hace un año, el primer ministro del GUN, Abdelhamid Dbeiba -que controla el oeste del país-, comenzó a reestructurar los aparatos de seguridad con el objetivo de "acabar con la influencia de los grupos armados", que se multiplicaron y ganaron poder en Libia desde el derrocamiento del dictador Muamar Gadafi en 2011.

El desmantelamiento de estas estructuras -dijo entonces- es "crucial" para implementar políticas nacionales y avanzar en la recuperación de la soberanía frente al poder de las milicias. La difícil tarea dio sus primeros pasos tras aquellos enfrentamientos, con la reestructuración de algunas instituciones, pero avanza lento y con cambios todavía apenas perceptibles.

Desde el derrocamiento de Gadafi, Libia ha intentado sin éxito desmantelar las milicias, surgidas como fuerzas rebeldes que controlan parte del territorio. Sus grandes pasos las han llevado, incluso, a convertirse en actores reconocidos por diversos sectores, que las ven como el mayor poder, por encima del político, en un país dividido en dos administraciones desde 2014.

El oeste está bajo control del GUN, mientras que el este está tutelado por el mariscal Jalifa Haftar, comandante en jefe del Ejército Nacional Libio (ENL) y actor político más influyente en su zona de dominio, desde donde busca la estabilidad a través de la fuerza, basando su poder en alianzas con las milicias, ante la imposibilidad de marginarlas.

Aunque el plan de Dbeiba prioriza actualmente acabar con las milicias -las mismas con las que otrora estableció alianzas estratégicas para sostener su gobierno-, la realidad y los precedentes dificultan el camino, ya que fueron parte de estos grupos los que lograron que mantenga su estatus como primer ministro.

Frente a esta situación, el jefe del GUN continúa con las reestructuraciones prometidas, a la vez que negocia e integra a aquellos a los que, supuestamente, quiere eliminar, lo que obliga a los libios a convivir con grupos violentos capaces de desestabilizar el país en cuestión de horas. EFE