Okinawa, la escapatoria de los japoneses 'quemados' por sus largas jornadas laborales

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Pilar Bernal Zamora y Paula Gracia

Tokio, 1 may (EFE).- Largas jornadas, horas extras y los estímulos de un país que no descansa impulsan a Japón a un éxodo de trabajadores que, cansados de una rígida cultura laboral, buscan en lugares como Okinawa (sur del archipiélago) un ritmo de vida más pausado, alejándose de la presión productiva de metrópolis como Tokio.

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"Trabajaba muchas horas extras, sentía mucho estrés y presión", relata a EFE Yusuke, un hombre de 39 años que hace apenas tres años hizo las maletas rumbo a Ishigaki, una de las más de un centenar de islas que componen la prefectura de Okinawa, para abrir su propio negocio: un pequeño bar con vistas al mar.

"Todos buscamos lo mismo, queremos desconectar", asegura Yusuke, quien, acompañado de su pareja Megumi, explica que muchos residentes también han llegado a la isla procedentes de otras partes de Japón, en busca de un lugar donde descansar.

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En su bar no hay televisión ni reloj a la vista, tampoco hay estímulos, ni neones. El clima de la pequeña isla dista mucho de su rutina en la capital nipona, donde durante más de 15 años estuvieron trabajando en un importante banco japonés.

Como ellos, residentes de otras prefecturas como Hokkaido (norte) o Kanagawa (centro) decidieron tomar la escapatoria e irse a Okinawa, reconocida como uno de los lugares más longevos del planeta y donde hay un 40 % más de posibilidades que en el resto del país de que sus habitantes superen los 100 años.

Okinawa, que cuenta con una población de 1,4 millones de personas, registró en 2025 cerca de 25.400 residentes provenientes de otras prefecturas y ciudades, según las estadísticas del Gobierno japonés sobre migración interna en el archipiélago.

Caracterizada por una marcada dedicación que en numerosas ocasiones llevan a la extenuación física y mental, la cultura laboral japonesa es, para algunos expertos, "algo inherente a la cultura nacional", específicamente la forma en la que los japoneses sienten que deben seguir las normas del grupo.

Ryunosuke Takagi, investigador en la Universidad italiana de Padua especializado en la cultura de exceso de trabajo en Asia Oriental, dice a EFE que se trata de una combinación de factores (como la búsqueda de estabilidad) que les lleva a trabajar en exceso, incluso hasta la muerte, fenómeno reconocido en Japón desde la década de los 70 bajo el término 'karoshi'.

Y es que el marco legal vigente en Japón, basado en la Ley de Normas Laborales, establece límites de 8 horas diarias y 40 semanales, pero la regulación de las horas extra es más amplia, puesto que existe una cláusula especial en la que se permite hasta 100 en un solo mes o 720 anuales.

En este contexto, el experto menciona que hay quienes se marchan al campo o a las islas, mientras que otros se decantan por trabajar en remoto desde lugares turísticos.

A pesar de la preocupante situación y frente a la opción de huir de la metrópoli en busca de una atmósfera más relajada, Ryunosuke explica que "las cosas están empezando a cambiar" y que "cada vez más personas cambian de trabajo con frecuencia", puesto que "la idea de un empleo de por vida está quedando obsoleta".

"Esto es positivo, ya que estos hábitos laborales excesivos derivan principalmente de la idea del empleo de por vida, que obligaba a los empleados a trabajar más tiempo a cambio de un ascenso por antigüedad, lo que garantiza la estabilidad", considera. EFE