Madrid, 24 abr (EFE).- El Accidente de Chernóbil, del que se cumplen cuarenta años, "marcó un antes y un después en la concienciación" de riesgos de la energía nuclear. Aunque el número de nuevos reactores ha disminuido a escala global, el actual contexto de guerras -con centrales en zonas de combate- y el envejecimiento de muchas instalaciones siguen planteando grandes riesgos, según advierten a EFE organizaciones ecologistas.
Los accidentes nucleares no solo "siguen siendo probables" sino que "están aumentando a medida que envejece la flota", especialmente en Europa y Estados Unidos. Así lo señala Cristina Rois, miembro de Ecologistas en Acción y asistente al Comité de Transparencia y Participación Pública del Consejo de Seguridad Nuclear, en declaraciones a EFE.
A este factor se suma un escenario geopolítico marcado por conflictos armados, que ha elevado aún más la percepción social del riesgo nuclear. "Las centrales no están diseñadas para resistir ataques intencionados", advierte la experta.
Ha añadido que las consecuencias de un desastre nuclear son, en gran medida, previsibles. No era necesario un accidente como el de Chernóbil para extraer lecciones: sus efectos se conocían de antemano, sin necesidad de una catástrofe, ha explicado Rois.
Por ejemplo en Ucrania, las plantas nucleares se encuentran prácticamente en primera línea del conflicto, lo que incrementa de forma significativa los riesgos de seguridad, según la representante de Ecologistas en Acción.
Rois añade que la preocupación por el impacto nuclear se extiende a otros focos con presencia de reactores, como Irán y asimismo los Emiratos Árabes Unidos, mucho más cerca del Estrecho de Ormuz, actualmente en un contexto de máxima tensión.
Por otra parte, también el responsable de la campaña de Energía de Greenpeace, Francisco del Pozo, se ha manifestado sobre los riesgos que sigue implicando la energía nuclear cuarenta años después del accidente de Chernóbil.
"Es evidente que la existencia de centrales en zonas en conflicto convierte las contiendas en guerras nucleares de facto aún sin que ningún contendiente lance un arma nuclear en sí", ha advertido.
"Sobre todo porque se usan como moneda de cambio entre los contendientes", según el responsable de Greenpeace.
El contexto de riesgo se está viendo "todos los días". En Irán "ha habido misiles que han pasado cerca de la central de Busher, que se puede convertir en punto caliente de la guerra".
"Es indudable que las centrales son parte de los conflictos armados", ha insistido el responsable de Greenpeace.
En 1986 cuando se produjo el accidente de Chernóbil, el 15 % de la electricidad mundial era de origen nuclear; veintiséis años después se había reducido al 12 % y desde entonces no ha parado de bajar a escala internacional, según ha recordado la representante de Ecologistas en Acción.
En los últimos años se ha situado en un 9 % y "apenas se abren ya nuevos reactores. La situación no es nada comparable con lo que ocurría en la época previa al accidente", ha añadido.
Aquel desastre demostró que el impacto de un accidente nuclear puede afectar a poblaciones situadas a miles de kilómetros, consolidando la percepción de que se trata de una tecnología de alto riesgo para la generación eléctrica.
En paralelo, el desarrollo de energías renovables, cada vez más competitivas, ha reforzado la idea de que existen alternativas más seguras y económicas.
Ecologistas en Acción defiende el cumplimiento del plan de cierre de las centrales nucleares en España y considera que más allá de 2035, "no debería seguir en funcionamiento ningún reactor".
Según Cristina Rois, cuatro de los siete reactores todavía operativos ya han superado los cuarenta años de vida útil y refuerza la necesidad de avanzar en almacenamiento de electricidad y en la extensión de la producción de renovables.
Por su parte, desde Greenpeace se subraya que la sociedad española ha mostrado históricamente reticencias hacia la energía nuclear, aunque la movilización ha disminuido con la existencia de un calendario de cierre.
Aun así, la organización sostiene que el futuro del sistema energético pasa por un modelo "autóctono, renovable, rápido, descentralizado, flexible y seguro", características que -concluye- la energía nuclear no cumple. EFE
(Recursos de archivo en EFEServicios en la url https://bit.ly/4sMzeLT )