París, 14 abr (EFE).- El cuarto y último día de interrogatorio del expresidente francés Nicolas Sarkozy en el proceso en apelación por la financiación con dinero libio de la campaña que en 2007 le condujo al Elíseo estuvo marcado por el testimonio de su antiguo brazo derecho, Claude Guéant, que abre una grieta en su línea de defensa.
Ausente en el juicio por enfermedad, el que fuera jefe de gabinete de Sarkozy desde 2002, el escudero leal en todas sus aventuras gubernamentales, incluida la presidencia, envió un mensaje escrito en el que dejó claro que no tiene intención de convertirse en el cabeza de turco del que durante años fue su jefe.
Un testimonio inesperado que desestabilizó al expresidente, visiblemente molesto por las preguntas del abogado de Guéant, al que en los tres días previos había tratado de colgar las sospechas que en primera instancia le valieron una condena a cinco años de cárcel y un breve paso por la prisión de tres semanas.
Sarkozy afirmó desconocer la vida personal de su brazo derecho y confesó su "estupefacción" cuando a la lectura del caso supo que había recibido ingentes cantidades en metálico del régimen libio a través del intermediario Ziad Takieddine, por lo que en primera instancia fue condenado a una pena mayor, seis años de prisión, aunque por su elevada edad esquivó los barrotes.
El expresidente buscaba así distanciarse de su cercano colaborador, que en 2005 mantuvo un encuentro con el hombre fuerte del régimen de Gadafi, su yerno Abdallah Senoussi, condenado en rebeldía a cadena perpetua en Francia por un atentado terrorista cometido en 1989.
En ese encuentro, según la sentencia de primera instancia dictada en septiembre pasado, se gestó el "pacto de corrupción" que valió a Sarkozy la mayor de las tres condenas a las que ha sido sentenciado desde que salió del Elíseo.
Si en el primer juicio el expresidente aseguró poner la mano en el fuego por la honorabilidad de su colaborador, en apelación la puso en cuestión, en buena medida, dijo, porque al entrar en prisión se replanteó muchas cosas.
Un cambio de estrategia que hizo reaccionar al Guéant, funcionario, quien envió al tribunal un mensaje escrito en el que aseguraba que nunca actuó de espaldas a su jefe y que todo lo que hizo fue por obediencia.
A través de su abogado, que interrogó a Sarkozy, Guéant indicó que su jefe le pidió que se interesara por el estado judicial de Senoussi, que pretendía desembarazarse de su condena y de la orden internacional de arresto que pesaba sobre sus espaldas y que, a cambio, habría inyectado dinero en la campaña del favorito para las presidenciales de 2007.
En concreto, el ex jefe de gabinete recordó en su escrito una visita de Sarkozy a Trípoli en 2007 en la que, según su relato, el líder libio quiso interceder por su yerno y el entonces presidente le encargó el asunto a su hombre de confianza.
"Quiero expresar un desmentido absoluto", dijo Sarkozy en el tribunal, visiblemente molesto con el testimonio de su antiguo colaborador, al que envió dardos envenenados: "Me complace que esté recobrando la memoria", ironizó.
La virulencia que mostró contra Guéant no se repitió contra su otro colaborador, su "amigo" Brice Hortefeux, que también se reunió con Senoussi en 2005, pero al que el expresidente no tuvo nada que reprochar: "No lo hizo por voluntad propia".
Condenado a dos años de cárcel en primera instancia, Hortefeux ha exculpado en todo momento a Sarkozy, quien aseguró que su amistad se mantiene intacta.
La línea de defensa del expresidente queda ahora algo tocada y volverá a ponerse a prueba el próximo 29 de abril, cuando será de nuevo interrogado y, esta vez, con el testimonio de Guéant como nueva munición para la acusación. EFE