Rosa Díaz
Madrid, 11 abr (EFE).- ¿Cómo mueren las democracias? Los historiadores se han hecho esta pregunta en múltiples ocasiones y vuelven a hacérsela ahora porque "están en riesgo", según el historiador Carlos Malamud, autor de un nuevo libro sobre la dictadura argentina que desvela paralelismos con nuestros días.
El libro 'Golpe militar y dictadura en Argentina', presentado esta semana en Madrid, apunta que "el descreimiento en la democracia", que estaba presente antes del golpe de hace cincuenta años en Argentina y vuele a estarlo hoy, es "un elemento que abona el desarrollo de gobiernos dictatoriales".
"En el golpe de 1976, parte de la población tuvo una cierta sensación de alivio, y eso facilitó la llegada de los militares al poder", argumenta en autor en una entrevista con EFE.
Esa misma desafección hacia la democracia se percibe "ahora en Estados Unidos, Hungría, Rusia, China, Irán, y por supuesto también en América Latina, en países como El Salvador", añade el catedrático de Historia de América, nacido en Argentina y residente en España.
"Cuando las sociedades no valoran en su totalidad las instituciones democráticas se pueden instalar gobiernos autoritarios que dan beneficios a corto plazo, pero no a medio y largo", agrega.
Malamud cree que parte de la sociedad argentina no opuso resistencia al golpe de Estado de hace cincuenta años "porque creyó que sería un golpe más, como los muchos que había habido en el país, y no esperaba la represión tan atroz y vil que se vivió después".
"Pero los militares hicieron de la represión su razón de ser, en parte por el momento histórico de Guerra Fría y en parte para diluir las divisiones internas del Ejército", afirma.
Si la Historia puede ser una herramienta para no repetir errores, el golpe de Estado de Argentina tiene varias enseñanzas para nuestros días, según Malamud.
En su libro subtitulado 'Sur, paredón y después' dice que "Argentina fue pionera y los juicios contra los militares comenzaron mucho más temprano y tuvieron una profundidad y unas consecuencias mayores que en los países vecinos".
A pesar de ello, la nación "mantiene heridas abiertas que otros países han logrado empezar a cicatrizar".
En su opinión, la causa es "el presentismo, ese decir, la utilización del pasado con fines actuales", que ha llevado a que "el tema de las víctimas se haya politizado enormemente".
"El intento del kirchnerismo de apropiarse de los derechos humanos marcó un tema que necesitaba máximo consenso social y político", considera.
"El actual Gobierno de Milei tiene un enfrentamiento frontal contra el kirchnerismo, y mientras el kirchnerismo siga intentando apropiarse de la memoria, el mileismo y su negacionismo se van a seguir haciendo fuertes y adquiriendo potencia", agrega.
La democracia "está permanentemente asediada" y el antídoto es la "educación crítica" y "avanzar en el conocimiento histórico intentando mantener la objetividad", según Malamud.
En este sentido, defiende que no hay que tener miedo de desacralizar ciertos símbolos de la represión argentina, como la cifra de los 30.000 desaparecidos.
"Se afirma que cuestionar esta cifra es hacerle el juego a los militares -señala-, pero es obligación de los historiadores corroborarla".
"La cifra puede irse construyendo e ir añadiendo los hallazgos, porque avanzar en el conocimiento implica también reconocer a las víctimas y llevar sosiego y calma a las familias que van a tener más claro qué pasó. En todo caso, sea cual sea la cifra, la barbarie represiva no va a desaparecer", concluyó. EFE