Viena/Budapest, 10 abr (EFE).- La oposición húngara, liderada por el conservador Péter Magyar, necesita vencer este domingo con claridad en las urnas al primer ministro, el ultranacionalista Viktor Orbán, para contrarrestar un sistema electoral diseñado por éste que amplía el peso de los distritos rurales y permite a su partido lograr grandes mayorías parlamentarias.
Lo que en Estados Unidos definen como "gerrymandering", es decir, la manipulación de distritos electorales para favorecer a un partido, ha sido señalada por los analistas como una clave en la consolidación del poder de partido Fidesz, que gobierna Hungría con amplias mayorías desde 2010.
Varios estudios estiman que el partido de Orbán podría mantener una mayoría parlamentaria incluso con alrededor del 43 % de los votos, mientras que la oposición necesitaría superar el 50 %.
Desde su regreso al poder en 2010, tras un primer mandato entre 1998 y 2002, Orbán impulsó una profunda transformación del sistema electoral en Hungría, que ha sido criticada por generar ventajas injustas para su formación.
La ley electoral de 2011 rediseñó completamente el mapa político del país al reducir el número de escaños de 386 a 199, y aumentar el peso de los distritos uninominales, que pasaron a elegir 106 de los 199 diputados.
Los restantes 93 se reparten de forma proporcional, teniendo en cuenta las diferencias registradas en los distritos.
El sistema uninominal, en el que el ganador por mayoría simple se lleva el escaño, favorece a los partidos con gran apoyo territorial, como el Fidesz, en detrimento de la oposición, que hasta ahora estaba más fragmentada.
La redefinición de las circunscripciones corrió a cargo del propio Gobierno, sin la intervención de organismos independientes ni criterios técnicos ni el visto bueno de la oposición.
A diferencia de otros países donde se exige una población equivalente entre distritos, en Hungría existen diferencias de hasta el 35 % entre las diferentes circunscripciones .
Como resultado, existe una gran concentración de votantes opositores en distritos urbanos muy poblados, especialmente en Budapest, mientras que los votantes de Fidesz se distribuyen en circunscripciones rurales más pequeñas.
Dado que las zonas rurales son tradicionalmente más conservadoras y constituyen bastiones de Fidesz, el mapa electoral ha reforzado hasta ahora siempre a la formación de Orbán.
Otro cambio importante fue la eliminación del sistema de doble vuelta que enfrentaba a los dos candidatos más votados en cada distrito, lo que volvía a beneficiar a Fidesz cuando la oposición está dividida.
Los efectos se reflejan en los resultados electorales: en 2014, con el 45 % del voto popular, el partido de Orbán consiguió casi todos los 106 escaños uninominales y una mayoría parlamentaria de dos tercios del total.
Las mayorías parlamentarias de dos tercios son clave para Fidesz, ya que le permiten aprobar en solitario reformas de rango constitucional, la base para transformar el sistema político.
En 2018 el apoyo popular subió al 49 % y la formación volvió a obtener una representación desproporcionada, con cerca del 67 % de los 199 escaños.
Y en 2022, Fidesz obtuvo alrededor del 54 % de los votos, lo que se tradujo en casi el 68 % de los escaños.
El año pasado, el Gobierno promovió otra modificación al eliminar el límite máximo de los fondos destinados a campañas electorales, lo que, según los expertos, también favorece al Fidesz.
No obstante, el mayor partido opositor, el Tisza, ha logrado perfilarse como favorito en los comicios con un presupuesto mínimo.
Tras las elecciones de 2022, los observadores electorales de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) concluyeron que la cita a las urnas fue "libre" pero "injusta", ante las enormes ventajas presupuestarias y de cobertura mediática favorable a Orbán.
En su informe electoral interino antes de las elecciones del domingo, los observadores señalaron a finales de marzo muchas de las preocupaciones mostradas en comicios anteriores y añadieron otra sobre la Comisión Electoral Nacional (NEC), encargada de supervisar el proceso electoral.
Esa comisión está formada por siete miembros elegidos por el Parlamento por mandatos de nueve años, además de ocho representantes delegados por los partidos parlamentarios.
La OSCE asegura que ha recibido muestras de inquietud sobre la imparcialidad de la Comisión debido al sistema de nombramientos, con un Parlamento dominado por el Fidesz y en medio de las elecciones más polarizadas en lustros. EFE
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