Madrid, 10 abr (EFE).- Dijo Álvaro Arbeloa veinticuatro horas antes de que echara a rodar el balón en el estadio Santiago Bernabéu, en la visita del Girona, de vuelta a LaLiga, que la remontada en el Allianz de Múnich el miércoles empezaba en el choque ante el conjunto de Michel Sánchez.
Fue una forma más de alentar al entorno y a la propia plantilla blanca. Suele ser rimbombante el exlateral derecho del Real Madrid, ahora primer entrenador del plantel madridista, de declaraciones categóricas. Sin embargo, no da la sensación de tener el calado esperado cuando la pelota se mueve sobre el césped. El espíritu no concuerda con el impulso mental que parece querer implantar el técnico.
Siete cambios determinó Arbeloa en la puesta en escena del Real Madrid para la visita del Girona, un rival incómodo y más aún con sosiego, cuando la permanencia la tiene en la mano y está alejada de esa tensión de principio de curso cuando no levantaba cabeza y estaba estancado en la cola de la tabla.
No era el mensaje para el once inicial de esta trigésima primera jornada porque seguramente el miércoles, en Múnich, muchos de los que quedaron en el banco serán titulares. Fue más una situación experimental como dio la sensación de asumir el duelo: con minutos extra para jugadores como Eder Miliao o Jude Bellingham, a los que quiere reclutar de principio a fin. O como evaluación para Eduardo Camavinga llamado a ser el sustituto de su compatriota Aurelien Tchouameni. Con protagonismo para jugadores hasta ahora secundarios como Fran García, Raúl Asencio o Dani Carvajal.
Y presencia habitual para Kylian Mbappe y Vinicius Júnior, amenazas ofensivas y ávidos de encontrar la confianza por cualquier lugar y situación. abrumados por el desacierto y enredados en el orden de su rival. Algo habitual en el curso.
Los síntomas de resignación ya forman parte de la grada, contemplativa en la primera mitad, que se guardó los pitos a jugadores evidentemente señalados. Tras el enésimo traspiés de Mallorca, donde tiró la Liga, y ante la impotencia del cara a cara europeo con el Bayern que dio al Real Madrid un golpe de realidad.
La indignación llegó después, en cuanto el equipo se propuso. Porque a los tibios pitos del inicio de la segunda parte siguió el gol de Federico Valverde, uno de los pocos que nunca falla. Pero diez después el Girona hizo el empate. Tres partidos sin ganar. Una mala costumbre construida en una temporada hueca.
El Real Madrid no es que haya dejado de lado la Liga. La imagen es de desprecio a un torneo lejano pero por el que hace tiempo que no está dispuesto a pujar hasta el final. Las protestas de la afición, que se dejaron ver más sobre Eduardo Camavinga cuando fue sustituido y sobre Vinicius, errático, desacertado y algo abandonado.
Está sin comenzar la remontada tras otro partido más que deja en evidencia la auténtica realidad del conjunto que se puede quedar sin desafíos en primavera. Apunta hacia otro año en blanco la del Real Madrid. A no ser que la remontada se convierta en milagro. Uno más.
Santiago Aparicio
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