Kabul, 6 abr (EFE).- El reciente terremoto de magnitud 5,8 y las lluvias torrenciales que han golpeado Afganistán durante la última semana han dejado al menos 99 muertos y 8.500 familias desplazadas, algunas de ellas sin medios para alimentarse, según el último balance de las autoridades afganas.
"Era alrededor de la medianoche cuando escuchamos ruidos fuertes que venían de las lluvias torrenciales. Les dije a mis hijos que dejaran todo atrás y corrieran a un terreno más alto, ya que yo ya estaba sobre aviso", relató a EFE un residente de la provincia de Laghman, en el este del país, Asadullah Omarzai.
"Toda nuestra casa y nuestras pertenencias fueron destruidas. Ahora hemos levantado una tienda de campaña en el muro perimetral de otra persona, pero ni siquiera ese lugar es apto para vivir porque la tierra está totalmente anegada", añadió.
Según confirmó la Autoridad Nacional de Gestión de Desastres (ANDMA) este lunes, la combinación de sismos e inundaciones entre el 26 de marzo y el 5 de abril ha destruido cerca de un millar de viviendas y devastado miles de hectáreas de cultivo en todo el país.
En la misma provincia, el campesino Rahmat Gul, responsable de una familia de 12 miembros, explicó a EFE que no solo perdió su hogar, sino también su única fuente de ingresos, la agricultura.
"Soy dueño de un jerib (una medida de superficie equivalente a unos 2.000 metros cuadrados) de tierra y había arrendado otro, donde había sembrado patatas, pero las inundaciones lo destruyeron todo", lamentó Gul.
Ahora desplazadas y expuestas a la intemperie, familias como la suya luchan por sobrevivir sin lo más básico. "No tenemos protección, si sale el sol, nos quema, y si llueve, nos empapamos. Pedimos al Gobierno y a otras instituciones que nos ayuden con refugio y artículos de primera necesidad", reclamó el agricultor.
La geografía montañosa de Afganistán, combinada con casi cinco décadas de conflicto, ha impedido el desarrollo de sistemas eficaces de gestión de desastres, dejando al país con una infraestructura profundamente degradada y una capacidad de respuesta estatal mínima.
"Si observas bien, nuestra zona no está realmente junto a un río o arroyo, pero debido a las fuertes lluvias, nos vemos afectados repetidamente por inundaciones”, añadió Gul.
Del casi centenar de víctimas mortales registradas en los últimos diez días por los desastres, la ANDMA precisó que al menos 12 fallecieron a causa del terremoto con epicentro en el noreste del país, aunque la mayoría de muertos fueron en la provincia de la periferia de Kabul, donde la mayor parte de las viviendas son de adobe.
Los otros 87 fallecimientos se atribuyen a las lluvias torrenciales, inundaciones y deslizamientos de tierra que castigan varias provincias del país desde finales del mes pasado.
En Afganistán no existe un marco integral para identificar zonas propensas a inundaciones, deslizamientos de tierra o riesgos fluviales, ni para garantizar prácticas de construcción planificadas, y en muchas zonas remotas y montañosas las edificaciones se levantan sin una planificación adecuada.
Esta vulnerabilidad estructural, agravada por el estancamiento económico y el aislamiento internacional del país bajo control talibán desde 2021, anula la capacidad de respuesta de las autoridades ante desastres naturales recurrentes.
El 31 de agosto de 2025, hace apenas siete meses, una cadena de sismos se cobró la vida de más de 2.200 personas, dejando una estela de destrucción que el régimen aún no ha logrado reconstruir. EFE
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