Ana de León
Peña Blanca (Panamá), 2 abr (EFE).- Las caminatas de hasta ocho horas por el frondoso bosque de la comarca Ngäbe-Buglé, en el noroeste de Panamá, cada trimestre se han vuelto comunes para los indígenas beneficiados por una ayuda social de un máximo de 120 dólares mensuales, que puede convertirse en un proyecto de "éxito" o ser una "migaja".
La escuela pública de la comunidad de Peña Blanca, en lo profundo de esa comarca a casi 400 kilómetros de la capital, es el epicentro de la entrega de los bonos sociales. El evento no pasa desapercibido: decenas de vecinos de otros pueblos se acercan y muchos aprovechan para montar sus puestos de venta ambulante.
Entre el bullicio de las ventas, el dinero del bono suele diluirse rápidamente en las manos de quienes, tras un arduo camino que inicia de madrugada, compran comida, artículos de aseo, útiles escolares o telas tradicionales para volver cargados a sus casas.
Selvia Burá Quintero, por ejemplo, caminó más de cuatro horas para llegar a la escuela a recoger su ayuda social y hacer una larga fila junto con otras mujeres, también cabezas de familia como ella. Le quedan otras cuatro horas de camino de vuelta a su remota comunidad, según relata a EFE mientras espera para recoger el sobre con el dinero.
La logística de entregar las ayudas en ese tipo de comunidades es compleja. Pese a la existencia de una tarjeta estilo débito, suele darse en efectivo por la lejanía de urbes grandes, bajo la responsabilidad de los funcionarios, quienes viajan con el dinero vía terrestre - caminando hasta seis horas o en auto -, aérea o acuática.
"(Esto lo) hacemos cada tres meses. Es una organización tenaz, donde buscamos más de 20 rutas, más o menos 150 puntos de pago a los que todas estas beneficiarias y beneficiarios tienen que llegar a veces caminando ocho horas", dice a EFE la ministra de Desarrollo Social de Panamá, Beatriz Carles de Arango.
Hay cuatro programas de ayuda social que impactan a 186.225 panameños con un aproximado de 220 millones de dólares anuales dirigidos a adultos mayores sin pensión, familias en situación de extrema pobreza para mejorar en salud y educación, discapacitados severos y familias rurales en riesgo de inseguridad alimentaria.
Para recibir estos fondos, los beneficiarios deben cumplir con importantes "corresponsabilidades", como revisión médica anual para los ancianos o la obligación de vacunar y mantener escolarizados a los menores, para que sean invertidos en alimentación, salud o proyectos que generen ingresos a las familias.
El bono ayuda a "echar para adelante" en esos lugares remotos, como relatan a EFE algunos beneficiados. Puede servir como capital semilla para un proyecto pequeño con generación de ingresos familiares o ser una "migaja" que apenas cubra los gastos básicos de hogares numerosos.
Un caso de éxito es el de la familia Salinas, que tras ahorrar el bono y recibir apoyo de organismos multilaterales ha sembrado unas 3.000 plantas de café, entre ellas la carísima variedad Geisha (en la última subasta internacional una empresa emiratí compró a más de 30.000 dólares el kilo).
"El programa nos ha apoyado con el emprendimiento. Gracias a Dios, hemos avanzado y tenemos idea de sembrar más café también (...) Ahorita mismo tenemos casi alrededor de 2.000 a 3.000 matas", relata a EFE Atoche Salinas, quien junto con su madre han creado ese proyecto cafetero.
Sin embargo, en otros escenarios más complejos el bono social no es suficiente, como denuncia Burá Quintero, a quien la cuantía trimestral apenas le ayuda a cubrir los gastos de la familia de más de cuatro miembros que encabeza.
"Gracias a ese programa hemos solucionado. Pero no (queremos solo) hasta ahí, porque queremos educar a nuestros hijos (...) Tanto dinero que se genera en el Canal de Panamá y no es todo lo que recibimos. Es una migaja que aceptamos y encima se nos exige para que cumplamos la responsabilidad", cuenta indignada a EFE.
Burá Quintero hace referencia a los millonarios ingresos anuales del Canal de Panamá que, según ella, no aplacan las exageradas brechas sociales de Panamá, uno de los países más desiguales del continente.EFE
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