Islamabad, 27 mar (EFE).- Pakistán es por el momento el principal canal de comunicación entre Estados Unidos e Irán, gestionando una propuesta de paz de Washington determinante para detener la guerra en Oriente Medio.
La mediación de Islamabad, sin embargo, avanza bajo la presión de sus propios acuerdos de defensa con Arabia Saudí, que podrían comprometer su neutralidad si el conflicto se expande.
La intensa actividad diplomática comenzó el domingo con una llamada entre el jefe del Ejército paquistaní, el mariscal Asim Munir, y el presidente estadounidense, Donald Trump.
Un día después, el primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, contactó con el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, para ofrecer Islamabad como sede de unas posibles conversaciones de tregua, coincidiendo con los preparativos de la Casa Blanca para enviar al vicepresidente JD Vance a la región.
A diferencia de países del Golfo como Catar, Pakistán no alberga bases militares estadounidenses, lo que le otorga un margen de neutralidad ante Teherán. Además, la embajada paquistaní en Washington acoge la misión diplomática de Irán desde la ruptura de relaciones entre ambos países en 1979.
Por parte de Estados Unidos, los lazos se han fortalecido a través de acuerdos comerciales facilitados por el enviado de la Casa Blanca, Steve Witkoff, y el respaldo del estamento militar paquistaní, vital en el gobierno, al que el propio Trump ha llegado a calificar como uno de sus aliados favoritos.
"Pakistán actúa más como facilitador que como mediador", explicó a EFE el analista político Tahir Naeem Malik, que subraya que su posición responde a su doble vínculo estratégico: como vecino de Irán y aliado de Arabia Saudí. "Si se produjera una guerra directa entre ambos, sería el peor escenario posible para Islamabad", añadió.
Según el analista, el país busca mantener un delicado equilibrio regional al tiempo que trata de recuperar su espacio estratégico en Oriente Medio, que había sido marginado en el pasado por países como la India, y evitar un escenario que altere el equilibrio de poder, como un eventual colapso del régimen iraní.
Sin embargo, el rol de Pakistán enfrenta un obstáculo legal debido a que Islamabad y Riad firmaron en septiembre de 2025 un Acuerdo Estratégico de Defensa Mutua (SMDA) que obliga a Pakistán a intervenir militarmente si Arabia Saudí es atacada.
Tras los recientes ataques iraníes contra infraestructuras saudíes, el ministro de Exteriores paquistaní, Ishaq Dar, confirmó haber recordado a Teherán la vigencia de este pacto.
Las autoridades paquistaníes trabajan ahora para evitar que una escalada de represalias en el Golfo obligue al país a abandonar su posición de mediador y entrar directamente en el conflicto, un escenario que agravaría su actual crisis energética y de seguridad fronteriza. EFE
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