
Las cifras de la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) revelan que, como resultado de las recientes hostilidades entre Pakistán y Afganistán, 76 civiles han fallecido, 213 resultaron heridos y unas 40.000 personas, incluyendo más de 5.600 familias, han sido desplazadas. A este escenario se añaden los graves daños en más de 318 viviendas y un evidente impacto en servicios y comunicaciones, mientras que el aumento de los precios de productos básicos ha complicado la situación para la población afectada. En este contexto, el Gobierno de Pakistán ha decidido decretar una pausa temporal en sus operaciones militares contra el grupo Tehrik-i-Taliban Pakistan (TTP) en territorio afgano por la llegada del Eid al Fitr, medida adoptada tras recibir solicitudes de Arabia Saudí, Qatar y Turquía.
Según informó el ministro de Información de Pakistán, Ataulá Tarar, la decisión implica suspender la denominada 'Operación Ghazab lil Haq', dirigida contra el TTP y sus redes de apoyo en Afganistán. Tal como publicó la agencia de noticias, la suspensión de los ataques se extenderá desde la medianoche del miércoles hasta la medianoche del lunes 23 de marzo. El ministro enfatizó que este gesto responde tanto a la proximidad del Eid al Fitr como a solicitudes de países musulmanes aliados y manifestó que se trata de un acto de buena fe conforme a las normas islámicas.
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No obstante, Ataulá Tarar advirtió, según consignó la fuente, que, en caso de producirse cualquier incursión fronteriza, utilización de drones o atentado atribuido a las autoridades de Kabul en territorio paquistaní durante este periodo, Pakistán reactivará las acciones militares de inmediato y con una intensidad aumentada. El Gobierno paquistaní subrayó que la actual pausa se mantendrá únicamente bajo la ausencia de nuevas agresiones desde Afganistán.
El medio detalló que la serie de enfrentamientos se intensificó a finales de febrero, luego de que Pakistán efectuara bombardeos contra objetivos presuntos del TTP —también conocidos como los talibán paquistaníes— y del Estado Islámico en Afganistán. Estas acciones precipitaron una respuesta de las autoridades afganas, lideradas por los talibán, con operaciones militares en la frontera que une a ambos países.
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A partir de estos choques, Naciones Unidas ha hecho públicos datos que reflejan la dimensión humanitaria del conflicto. Además de las víctimas mortales y desplazados, la destrucción de viviendas y el deterioro de la infraestructura inciden en el acceso de la población a servicios básicos y a las comunicaciones. La OCHA también ha informado que, desde diciembre de 2025, el costo de alimentos y otros productos esenciales como el arroz y el aceite vegetal, en su mayoría importados, ha subido entre un 20% y un 40%, incrementando la presión sobre comunidades ya vulnerables.
Entre las necesidades identificadas como más urgentes por la OCHA figuran el acceso a vivienda, agua potable, servicios de salud y asistencia alimentaria. Además, la agencia de Naciones Unidas destacó que la situación creada por la inestabilidad regional —incluida la escalada de tensiones en Irán y otros países— está generando una mayor incertidumbre en cuanto a la logística y capacidad de respuesta humanitaria.
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La pausa en las operaciones anunciada por Pakistán tiene lugar en un contexto de presión internacional y regional respecto a la gestión del conflicto en la frontera afgano-paquistaní. Arabia Saudí, Qatar y Turquía, que han pedido a Islamabad ese gesto, actúan como actores diplomáticos influyentes con vínculos con ambos países.
El conflicto entre el Gobierno de Islamabad y el TTP, grupo operando desde bases en Afganistán, ha sido motivo de tensión entre Pakistán y el régimen talibán afgano. El actual cese temporal en los ataques militares se presenta como una ventana para posibles enfoques menos hostiles, aunque, como han aclarado las autoridades paquistaníes, la reanudación de la ofensiva sigue latente ante cualquier alteración del frágil statu quo fronterizo.
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De acuerdo con la OCHA, la inseguridad y los desplazamientos derivados de los enfrentamientos han intensificado las necesidades humanitarias, especialmente en sectores esenciales como el alojamiento, la sanidad y la alimentación. Las organizaciones humanitarias han encontrado dificultades para operar con normalidad a causa de los daños a la infraestructura y la mayor volatilidad de precios afecta la capacidad de las familias para acceder a insumos básicos. La incertidumbre también condiciona la planificación frente a eventuales nuevas olas de desplazados.
Según publicó la fuente, la escalada de la violencia y sus repercusiones en la población civil han llevado a distintas organizaciones internacionales a solicitar un mayor acceso humanitario y una contención de las hostilidades. Pakistán, a través de sus canales oficiales, recalca que su gesto busca contribuir a la estabilidad con motivo de la festividad islámica, aunque la advertencia sobre la posible reactivación de la ofensiva deja claro el carácter condicionado de la actual pausa en las operaciones militares.
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