Luis Miguel Pascual
Perpiñán (Francia), 11 mar (EFE).- Cuando en 2020 el ultraderechista Louis Aliot conquistó la Alcaldía de Perpiñán, la mayor ciudad de Francia nunca gobernada por un partido en el que él es uno de los rostros más reconocibles tras los dos grandes líderes, Marine Le Pen y Jordan Bardella, sabía que tenía una misión que cumplir.
Los ojos de todo el país se iban a fijar en la gestión de esta localidad de 120.000 habitantes situada a las puertas del Mediterráneo y que tiene una de las tasas de pobreza más altas del país tras más de 60 años de alcaldes conservadores.
Seis años más tarde, la extrema derecha del país quiere convertir Perpiñán en un escaparate de su gestión y en un trampolín para que la dinámica nacional propicia, que les sitúa como líderes indiscutibles de las encuestas, les permita conquistar otras grandes ciudades.
Aposentado en su cuartel de campaña, rodeado de carteles con su rostro junto al de Bardella, Aliot recibe a EFE con la tranquilidad de quien afronta la carrera con una diferencia neta en las encuestas y que no parece preocupado por la sentencia judicial que puede obligarle a abandonar el puesto.
"Hay una dinámica nacional. Creo que Perpiñán va a pasar a un segundo plano de una batalla que se juega en Marsella, en Niza, en Tolón, en Nimes", señala el alcalde, que también es vicepresidente del partido que aspira a conquistar ciudades de más peso.
Como en París no cuentan con ninguna opción de victoria, la toma simbólica de Marsella, la segunda ciudad del país, sería considerada como un éxito de peso, con su candidato, Franck Allisio, pisando los talones al socialista saliente Benoît Payan, según los sondeos.
Aunque la aritmética de las encuestas les es mucho más favorable en Niza, la quinta urbe más poblada con casi 350.000 habitantes, donde Éric Ciotti, que abandonó la presidencia del partido conservador moderado para asociarse con Le Pen, roza la elección en la primera vuelta del próximo domingo.
El sur será su granero de concejales, pero la Agrupación Nacional (RN) también llama a la puerta de Lens, en el norte, de Metz o Mulhouse, en el este.
Aliot mira ese panorama casi como un estratega que mueve sus peones. La base de su estrategia ha sido, sostienen sus críticos, pasar casi desapercibido, esconderse tras el avance del partido, aunque eso haya supuesto renunciar a las desmesuradas ambiciones con las que hace seis años convenció a más del 53 % de los electores.
"No ha resuelto los problemas de Perpignan", sostiene a EFE el sociólogo e historiador Nicolas Lebourg, experto en la extrema derecha y autor de un reciente ensayo sobre la realidad de la ciudad donde reside.
Si Aliot asegura haber puesto el acento en la seguridad, un tema que entronca bien con el discurso de su partido y que los sondeos colocan como principal preocupación de los franceses en estas municipales, la realidad le quita la razón: "la violencia sigue progresando en el territorio", sostiene Lebourg, que se apoya en datos recientes de la Fiscalía, que apuntan a un incremento del 16 % de las agresiones a personas y de un 20 % a los bienes.
"Ha invertido mucho en seguridad, ha contratado muchos policías, ha puesto muchas cámaras en las calles, pero las cifras son peores que antes y peores que a nivel nacional", sostiene la periodista Maïté Torres, fundadora hace diez años de la web 'Made in Perpignan'.
Agrega que en la ciudad "el paro sigue alto, al igual que la precariedad" y da por quebrado el sueño populista con el que llegó a la alcaldía: "El milagro que prometía no se ha cumplido".
"He reparado lo que otros rompieron durante 20 años", se defiende el alcalde, que considera que seis años son insuficientes para poner en marcha todo su programa. Ahora pide otros tantos más.
Aliot aspira a conquistar, además, la mancomunidad, lo que multiplicaría su poder económico.
El que fuera asistente personal de Jean-Marie Le Pen y pareja de su hija Marine entre 2009 y 2019 es considerado como el tercer hombre del partido y el representante del ala más moderada.
Fue él quien acudió a la toma de posesión de Donald Trump en enero de 2025, aunque ahora toma distancias con el inquilino de la Casa Blanca y se pone el traje de 'gaulista' que busca una vía propia entre atlantistas y prorrusos.
Pero está convencido de que su reelección contribuirá al éxito de su partido en las presidenciales del año próximo, que considera inevitable: "No veo cómo van a poder parar esta marcha hacia el poder". EFE
(foto) (vídeo)
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