
El jefe de la diplomacia iraní, Abbas Araqchi, calculó en 100.000 millones de dólares el coste económico de la reciente operación militar estadounidense, cifra que, según sus declaraciones, impactará en la vida diaria de los ciudadanos estadounidenses al trasladarse próximamente a los precios del combustible. Araqchi afirmó que a ese gasto material debe sumarse la pérdida humana, ya que jóvenes soldados han muerto como resultado directo de la escalada militar en la región. En ese contexto, el ministro situó la responsabilidad por las consecuencias económicas y humanas exclusivamente sobre la Administración estadounidense.
De acuerdo con lo publicado por distintos medios internacionales, Araqchi acusó al presidente Donald Trump de rechazar y, literalmente, “matar” una iniciativa de desescalada propuesta el mismo sábado por el presidente de Irán, Masud Pezeshkian. Según detalló el ministro en redes sociales y reportó la prensa, la oferta de Pezeshkian contemplaba comprometer a Teherán con la reducción de tensiones en la zona, bajo la condición de que los países vecinos impidieran que sus territorios, aguas o espacio aéreo fueran utilizados para atacar a Irán. Pocas horas después de ese mensaje, Araqchi lamentó públicamente el rechazo estadounidense, que atribuyó a una mala interpretación de la “capacidad, determinación y decisión” del gobierno iraní por parte del presidente Trump.
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El medio que cubrió los acontecimientos describió cómo Araqchi advirtió que el ejército iraní ya se encuentra preparado en caso de que Estados Unidos opte por incrementar el enfrentamiento. El canciller subrayó que todas las consecuencias de una nueva escalada serán atribuibles directamente a la Casa Blanca, ya que Teherán entiende que cualquier respuesta militar formaría parte de una postura defensiva frente a amenazas externas.
Según consignó la agencia internacional, Araqchi reiteró que la actual crisis es producto de la respuesta de Estados Unidos ante acciones militares atribuidas a Israel. En palabras del diplomático, “Estados Unidos ha sido arrastrado a una guerra de Israel”, enfatizando que el conflicto responde a intereses ajenos enfrentados a los estadounidenses. Retomó el eslogan “Israel Primero”, explicando que en la situación actual, “Israel Primero” implica automáticamente que los intereses de “Estados Unidos” quedan relegados.
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Además, Pezeshkian enfatizó que Irán no tiene intenciones de agredir a sus países vecinos, salvo que se demuestre que las agresiones contra su territorio o su población se originan desde alguno de ellos. Según informó la prensa, esa declaración pretendía tranquilizar a los gobiernos regionales ante la posibilidad de una extensión del conflicto. No obstante, poco después de ese anuncio y según publicó el medio consultado, tuvieron lugar nuevos ataques dirigidos contra objetivos estadounidenses dentro de varios países del golfo Pérsico. Esa secuencia de hechos, afirmó Araqchi, refuerza la posición de Teherán de que la región atraviesa una etapa de máxima tensión que podría extenderse si no se reconsideran las actuales estrategias de confrontación.
Dentro del mismo contexto, Araqchi sostuvo que la intervención militar estadounidense se orienta a proteger intereses externos y no contempla el coste en vidas humanas de los propios soldados que participan en la ofensiva. Para el ministro de Exteriores iraní, la política seguida por Washington resulta insostenible, tanto desde el punto de vista financiero como humano, y repercutirá en la estabilidad económica nacional.
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Por último, el diplomático iraní insistió en que cualquier incremento en la escalada militar en la región hará responsable a Estados Unidos de las consecuencias directas sobre la seguridad regional, la economía mundial —especialmente en el ámbito energético—, así como la protección de civiles y militares de todos los países involucrados, según lo publicado por la fuente internacional.