Cerca del 80% de adultos europeos presenta factores de riesgo de enfermedad hepática crónica, según un estudio

Científicos advierten sobre el riesgo potencial que enfrentan millones de europeos debido a condiciones de salud vinculadas con el hígado, como lo muestran hallazgos recientes que destacan la necesidad de detección temprana y estrategias preventivas clínicas en adultos mayores de 40 años

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Según datos recogidos en el Proyecto LiverScreen, los casos confirmados de enfermedad hepática crónica con fibrosis en adultos europeos se deben principalmente al hígado graso, una condición relacionada sobre todo con obesidad, diabetes tipo 2 y consumo de alcohol. El principal hallazgo de este estudio, liderado por el Hospital Clinic de Barcelona bajo la coordinación del doctor Pere Ginès, muestra que cerca del 80 por ciento de los adultos europeos mayores de 40 años posee, al menos, uno de los factores de riesgo asociados a la enfermedad hepática crónica. Esta investigación, admitida para publicación en la revista ‘The Lancet’, examinó a 30.199 personas aparentemente sanas de nueve países, y presentó sus resultados en el 51º Congreso Anual de la Asociación Española para el Estudio del Hígado (AEEH), en Madrid. Según reportó el medio, estos datos subrayan la necesidad de implementar programas de detección temprana y estrategias preventivas clínicas.

Tal como consignó el medio, entre los factores de riesgo identificados figuran la diabetes, la obesidad y el consumo excesivo de alcohol. Del total de participantes, uno de cada tres procedía de España. Según detalló el doctor Ginès en rueda de prensa, el mayor reto para los hepatólogos es el diagnóstico tardío de la enfermedad hepática, ya que muchos pacientes son identificados cuando han desarrollado cirrosis o cáncer, limitando las opciones terapéuticas. El trasplante aparece como la única alternativa posible en estados avanzados, aunque en la práctica solo puede aplicarse en cerca del dos por ciento de la población mundial afectada por esta condición.

El medio detalló que, ante este panorama, el equipo investigador subrayó la importancia de intervenir en fases tempranas. El doctor Ginès explicó que la enfermedad hepática evoluciona lentamente, durante un periodo que puede alcanzar entre 20 y 30 años, lo que abre una ventana de oportunidad para el diagnóstico. Sin embargo, la ausencia de síntomas durante la mayor parte de ese tiempo dificulta la identificación precoz de los casos, lo que obliga a promover estrategias específicas de búsqueda e identificación de pacientes en riesgo.

Para el estudio, llevado a cabo entre mayo de 2018 y diciembre de 2024, se empleó la elastografía transitoria, una técnica similar a la ecografía, que permite evaluar en cuestión de minutos el estado del hígado. Esta herramienta se aplicó a más de 30.000 adultos y permitió establecer que el 70 por ciento tenía factores de riesgo metabólicos, tales como obesidad, hipertensión, dislipemia o diabetes. Además, el 59 por ciento reportó consumo de alcohol, y el 6,1 por ciento presentó un consumo calificado como nocivo, equivalente a dos o tres bebidas alcohólicas al día.

Según publicó el medio, Ginès advirtió que la coincidencia de varios de estos factores multiplica la probabilidad de presentar enfermedad hepática subyacente, lo que refuerza el llamado a la población a controlar estos elementos de riesgo. En el proceso de cribado, el 6,9 por ciento de las personas evaluadas dio positivo en pruebas indicativas de enfermedad hepática, y el 4,6 por ciento exhibió rigidez hepática aumentada, un marcador sugestivo de fibrosis.

El presidente de la AEEH, Rafael Bañares, ilustró la relevancia de estos datos al indicar que prácticamente dos de cada cien personas adultas en un vagón de metro podrían padecer enfermedad hepática significativa. El estudio calculó una prevalencia global estimada del 1,6 por ciento de fibrosis hepática no diagnosticada en la población adulta europea. Los casos confirmados revelaron que el 93 por ciento estaban originados por acumulación de grasa en el hígado.

En cuanto al abordaje preventivo, el Proyecto LiverScreen creó hace dos años el 'LiverRisk Score', una calculadora que integra ocho parámetros para estimar el riesgo de enfermedad hepática subyacente en personas con factores predisponentes. Este sistema, también publicado en 'The Lancet', constituye la base del próximo objetivo del proyecto: aplicar el cribado de enfermedad hepática de forma generalizada en la población adulta con riesgos identificados. Según explicó el doctor Ginès, dicho cribado permitiría captar a personas afectadas antes de que la enfermedad avance, integrándolos en el sistema sanitario y facilitando intervenciones para curar o retrasar su progresión.

El medio reportó que, aunque la implementación masiva de este cribado puede demorar varios años, el propósito final es disminuir la mortalidad derivada de causas hepáticas en Europa. La AEEH colabora en el impulso de herramientas de cribado no invasivas, como parte del Plan de Salud Hepática Reto 2032. Alejandro Forner, secretario científico de la asociación, indicó que mantienen conversaciones con autoridades sanitarias de diferentes regiones para introducir el 'LiverRisk Score' en la atención primaria, con la meta de que cada vez que un paciente se realice análisis de sangre, el sistema calcule de forma automática su riesgo hepático.

Forner agregó, según informó el medio, que estos avances científicos deben trasladarse ahora al ámbito político para su implementación generalizada y así alcanzar un mayor impacto en salud pública. La intención es que los resultados obtenidos mediante investigaciones clínicas se traduzcan en medidas coste-efectivas, integradas en la rutina asistencial de los sistemas sanitarios.

El estudio, que contó con una muestra representativa con un tercio de participantes españoles, evidenció la alta frecuencia de factores de riesgo y la necesidad de vigilancia y prevención en adultos mayores de 40 años. Los investigadores concluyeron que establecer sistemas de cribado específicos y fomentar el control de factores metabólicos y conductuales resulta fundamental para frenar el avance silencioso de las enfermedades hepáticas en Europa, destacando la importancia de estrategias preventivas apoyadas por políticas públicas de salud.