
Ruairi Robinson, director conocido por obras como 'La ciudad silenciosa' y 'BlinkyTM', publicó recientemente un vídeo generado con la herramienta Seedance 2.0, propiedad de ByteDance, en el que aparecen Tom Cruise y Brad Pitt enfrentándose sobre un edificio en ruinas, con un nivel de realismo semejante al de una superproducción cinematográfica. Este ejemplo ilustra la capacidad de Seedance 2.0 para recrear imágenes y voces de actores reconocidos sin necesitar su autorización previa, lo que ha originado una fuerte oposición dentro del sector audiovisual estadounidense, que denuncia la utilización de material protegido por derechos de autor. La noticia principal se centra en el rechazo frontal que ha manifestado Hollywood frente al despliegue de Seedance 2.0, reclamando garantías legales y medidas de protección antes de continuar su aplicación comercial.
Según detalló el medio original, la Motion Picture Association (MPA), organización que aglutina a estudios como Netflix, Paramount Pictures, Prime Video y Amazon MGM Studios, Sony Pictures, Universal Studios, The Walt Disney Studios y Warner Bros. Discovery, se pronunció públicamente contra el modelo de inteligencia artificial desarrollado por ByteDance. Charles Rivkin, presidente y director ejecutivo de la MPA, indicó en un comunicado que "al lanzar un servicio que opera sin garantías significativas contra infracciones, ByteDance está incumpliendo la legislación de derechos de autor consolidada que protege los derechos de los creadores y sustenta millones de empleos en Estados Unidos". Rivkin exigió a ByteDance el cese inmediato de cualquier actividad considerada infractora.
De acuerdo con el mismo medio, Disney envió a ByteDance una carta de cese y desistimiento en la que señaló que sus contenidos han sido utilizados para el desarrollo y entrenamiento del modelo Seedance 2.0 sin ningún tipo de permiso ni compensación económica para la compañía o sus creadores. Axios obtuvo una copia de este documento, donde Disney denuncia específicamente que esta práctica vulnera los derechos de autor y exige la interrupción inmediata de tales usos. La misiva también representa una advertencia formal dirigida a la empresa matriz de TikTok sobre las posibles repercusiones legales.
El sindicato estadounidense de actores SAG-AFTRA también se sumó a las críticas. Según publicó la misma fuente, la organización condenó el uso sin autorización de las voces e imágenes de sus miembros y calificó el accionar de ByteDance con Seedance 2.0 como una "flagrante infracción". El sindicato argumenta que este tipo de tecnología afecta negativamente las posibilidades laborales de los profesionales del sector, pues permite replicar capacidades y atributos humanos sin consentimiento previo ni compensación. En las palabras de SAG-AFTRA, Seedance 2.0 "ignora la ley, la ética, los estándares de la industria y los principios básicos del consentimiento".
El lanzamiento de Seedance 2.0 ocurrió recientemente y, según el medio citado, se trata de un modelo multimodal capaz de generar imágenes y vídeos de alta calidad, mejorando incluso a sus versiones previas. El sistema permite crear vídeos de hasta 15 segundos de duración, con control sobre la composición visual, las acciones de los personajes, los movimientos de la cámara, los efectos especiales y los sonidos de entrada. Entre sus avances técnicos se encuentra la facultad de reproducir efectos visuales realistas y sonido estéreo de doble canal, así como la capacidad de sincronizar movimientos complejos e interacciones con una precisión notable, respetando la física del mundo real en sus representaciones digitales.
La polémica que rodea a Seedance 2.0 no es un hecho aislado dentro de la industria cinematográfica. Según informó la fuente, Hollywood reaccionó de manera similar cuando OpenAI presentó Sora 2 a finales de septiembre del año pasado. En esa ocasión, el modelo de OpenAI pudo generar vídeos en los que no solo aparecían personajes ficticios reconocidos como Bob Esponja, Super Mario o Pikachu, sino también representaba a actores reales, utilizando sus voces e imágenes sin el consentimiento de los afectados. Esta situación generó una preocupación extendida en el gremio audiovisual sobre el impacto de la inteligencia artificial en la protección de la identidad y el trabajo humano dentro del sector.
La aparición de herramientas como Seedance 2.0 y Sora 2 ha impulsado una discusión internacional sobre los límites legales y éticos del uso de inteligencia artificial en la producción de materiales visuales y sonoros. Varios grupos e instituciones del sector solicitan que no se permita el despliegue comercial de estos sistemas hasta que existan protecciones legales claras y mecanismos de compensación adecuados para los creadores y titulares de derechos. Entre ellos, estudios, sindicatos y asociaciones de la industria audiovisual han expresado la urgencia de desarrollar salvaguardias que eviten el uso no autorizado de repertorios protegidos, imágenes y voces de profesionales, así como mecanismos transparentes que aseguren el reconocimiento y la remuneración adecuada a quienes contribuyen con su trabajo a la riqueza del sector.
El debate también ha puesto en relieve el desafío que supone para los legisladores y reguladores la rápida evolución tecnológica vinculada a la inteligencia artificial generativa. Según la información citada del medio original, tanto empresas tecnológicas como entidades de la industria audiovisual buscan establecer normas y buenas prácticas que garanticen el respeto a los derechos de propiedad intelectual y los intereses de las personas cuyas imágenes, voces o creaciones pueden ser replicadas por sistemas automatizados sin intervención humana.
En este contexto, la reacción de Hollywood y de las principales organizaciones del sector refleja la preocupación por las consecuencias económicas y legales que la ausencia de protección efectiva puede acarrear para millones de trabajadores vinculados a la creación audiovisual. Según consignó el medio, la MPA enfatizó que el respeto a la legislación vigente es un pilar en la defensa de los derechos de los creadores y en la estabilidad laboral del sector en Estados Unidos.
Las cartas de cese y desistimiento enviadas, así como las declaraciones públicas de sindicatos y asociaciones, buscan ejercer presión sobre ByteDance y otras empresas tecnológicas para que las nuevas herramientas no se implanten de manera generalizada hasta que puedan garantizar el cumplimiento de los marcos legales existentes y el respeto a las condiciones laborales y contractuales de actores, guionistas y otros creadores. La industria audiovisual insiste en la necesidad de mecanismos de control que impidan que la inteligencia artificial reproduzca o utilice sin permiso obras, voces e imágenes, solicitando medidas que aseguren la transparencia, el consentimiento y una compensación justa.
Tal como reportó el medio original, el caso de Seedance 2.0 se suma a una serie de debates que, durante los últimos meses, han expuesto el conflicto entre el desarrollo tecnológico impulsado por grandes corporaciones y la regulación basada en derechos de autor y protección de la imagen personal. Las iniciativas legislativas y los llamados públicos hechos por estudios y sindicatos apuntan a la búsqueda de equilibrios entre innovación y salvaguarda de los derechos de quienes generan el contenido original en la industria del entretenimiento.
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