
La Eurocámara ha manifestado que el euro digital, en su desarrollo, funcionará no solo en entornos conectados a Internet sino también en ausencia de dicha conexión, con el objetivo de adaptarse a diferentes circunstancias y garantizar la operatividad universal del instrumento monetario. Este respaldo se consolida después de la votación que aprobó el informe anual del Banco Central Europeo (BCE), impulsando políticamente el modelo planteado por la autoridad monetaria. Según informó la agencia Europa Press, la decisión del Parlamento Europeo representa un paso inicial en el proceso hacia la creación de un euro digital, al alinear la postura de los legisladores con la propuesta técnica del BCE y de la Comisión Europea.
El pleno del Parlamento Europeo mostró un apoyo mayoritario: 443 eurodiputados votaron a favor, 71 en contra y 117 se abstuvieron. La resolución aprobada incorpora dos enmiendas destacadas, las cuales avalan el doble formato –en línea y fuera de línea– para la futura moneda digital. Según detalló Europa Press, este enfoque coincide con la iniciativa formalizada por la Comisión Europea en 2023 y también refleja las orientaciones en las que se basa la infraestructura tecnológica que actualmente desarrolla el BCE.
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La postura adoptada por el Parlamento Europeo se aparta de la posición defendida en el borrador preliminar elaborado por Fernando Navarrete, eurodiputado y responsable de la redacción del informe en la comisión de Asuntos Económicos y Monetarios. El documento de Navarrete proponía que la versión sin conexión recibiera prioridad y que el funcionamiento en línea quedara condicionado a que una alternativa europea privada en materia de pagos fuera implementada, garantizando así una mayor soberanía en el ámbito de servicios de pago. Sin embargo, el resultado de la votación indica una preferencia por avanzar en ambas modalidades desde el inicio, según consignó Europa Press.
La votación celebrada en Bruselas no determina todavía la legislación definitiva sobre el euro digital. El trámite legislativo continúa abierto y requerirá un acuerdo final entre el Parlamento Europeo y el Consejo. Según publicó Europa Press, esta actuación parlamentaria sí ofrece una señal política relevante sobre el equilibrio de fuerzas en vísperas del debate que abordará el reglamento definitivo, previsto para primavera, que sentará las bases legales para la adopción del euro digital.
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El BCE, por su parte, recientemente anunció la transición del proyecto a una nueva fase, tras haber concluido el periodo de preparación iniciado en noviembre de 2023. La institución monetaria subrayó que la autorización para la emisión formal del euro digital dependerá directamente de que el nuevo marco legal sea acordado antes de terminar el año en curso. En caso de lograrse tal consenso entre los colegisladores, el BCE contempla iniciar un programa de pruebas piloto desde mediados de 2027 y prevé que el sistema del euro podría estar listo para una primera emisión a partir de 2029, de acuerdo con los detalles obtenidos por Europa Press.
Según el BCE, el euro digital está planeado como complemento, y no como sustituto, del dinero en efectivo. La institución reitera que protegerá la preferencia de los ciudadanos por elegir el medio de pago, y mantendrá la privacidad como un principio esencial. Europa Press informó, a partir de las declaraciones de la presidenta del BCE, Christine Lagarde, que la nueva herramienta contribuirá a fortalecer la soberanía monetaria europea –ya que reducirá la dependencia de empresas extranjeras proveedoras de soluciones de pago– en un contexto donde la digitalización adquiere un papel relevante en las transacciones económicas.
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Durante la presentación del informe anual del BCE ante el Parlamento, la presidenta Lagarde manifestó: "El efectivo es y seguirá siendo dinero de curso legal. Pero en un mundo cada vez más digitalizado necesitamos poder pagar en todas las circunstancias. Si no establecemos ahora un marco europeo claro, seguiremos dependiendo de proveedores no europeos, y eso no es soberanía", palabras que recogió Europa Press en su reporte.
Christine Lagarde resaltó igualmente que el euro digital se basa en una infraestructura cuyos cimientos y control residirán por completo en Europa, y que en su diseño se ha priorizado la protección de los datos personales: el banco central no podrá acceder a la información individual de los usuarios, con el objetivo de garantizar "el más alto nivel de privacidad" y permitir pagos con un grado de confidencialidad equiparable al que ofrece el efectivo. Estas declaraciones, subrayadas en el informe de Europa Press, buscan responder a las inquietudes ciudadanas y políticas sobre la vigilancia de los pagos y la protección de los datos.
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Además, la presidenta del BCE señaló que la adopción de esta moneda digital debería facilitar una reducción de los costes asociados a los pagos para los comercios, beneficiando especialmente a los pequeños establecimientos. También subrayó que los proveedores europeos de servicios de pago se verán favorecidos, ya que contarán con una infraestructura común que les permitirá operar en toda la zona euro. Según el medio Europa Press, uno de los objetivos señalados por Lagarde es reforzar la integración de este mercado, disminuyendo la fragmentación y ampliando las opciones para los consumidores y empresas dentro de la unión monetaria.
El proyecto del euro digital se inscribe en una tendencia global hacia la digitalización de los sistemas de pago, donde diferentes países analizan el potencial de sus monedas digitales de banco central (CBDC, por sus siglas en inglés) para mejorar la eficiencia y la seguridad en las transacciones. De acuerdo con Europa Press, la Unión Europea persigue con esta iniciativa asegurar que los pagos en euros sigan siendo aceptados y gestionados bajo estándares propios, frente al avance de grandes corporaciones tecnológicas extranjeras en el ámbito financiero.
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La eventual introducción de una versión digital del euro responde, según explican los informes recogidos por Europa Press, tanto a la evolución de las preferencias de uso del efectivo por parte de los ciudadanos como a la necesidad de adaptar la oferta monetaria a un entorno donde los pagos electrónicos y remotos ganan protagonismo. Los próximos pasos dependerán del proceso legislativo en curso y de la capacidad de las instituciones de la Unión Europea y el Banco Central Europeo para consensuar un marco jurídico e institucional que permita la emisión segura y eficiente de la moneda digital europea.