Los gazatíes graban "su propio genocidio" en el documental 'Todos somos Gaza'

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Rosa Díaz

Madrid, 5 feb (EFE).- El equipo del documental 'Todos somos Gaza' se ha visto obligado a "grabar su propio genocidio", según explica en una entrevista con EFE el argentino Hernán Zin, que ha dirigido la película desde el exterior porque Israel prohíbe la entrada y tuvo que "entregar la cámara a profesionales gazatíes, que es como dársela a los prisioneros en Auschwitz".

El filme español, que opta al Premio Goya al Mejor Documental, cuenta la masacre perpetrada en Gaza en los últimos dos años con imágenes duras, pero también se acerca a los civiles atrapados en esta guerra con ternura, humanidad y belleza.

El punto de partida del documental es el reencuentro con los protagonistas de una película anterior del mismo director, 'Nacido en Gaza' (2014), que retrata la vida de diez niños y niñas durante la anterior ofensiva israelí en Gaza.

Diez años después, tres de ellos han muerto en la guerra y uno ha emigrado a Alemania, donde no ha conseguido el estatus de refugiado.

De entre los que siguen resistiendo dentro de la Franja, el director se centra en tres, que ahora tienen entre 18 y 22 años: Mohamed, que en la primera película recoge basura para sobrevivir y ahora lucha por dar de comer a sus hijos; Udai, que ha perdido tres hermanos, pero mantiene su carácter positivo y se quiere casar con una chica que conoció en una escuela de la ONU; y Bisan, que huye de las bombas con sus libros porque quiere seguir estudiando.

Con cuarenta filmes a sus espaldas, 'Todos somos Gaza' es el trabajo más difícil que ha llevado cabo el reconocido realizador argentino porque, a pesar de haber estado en conflictos tan duros como el de Afganistán o el Congo, esta es la primera vez que un país le impide entrar para hacer su trabajo.

"Tuve que pedir a otros que asumieran el riesgo que hubiera preferido correr yo, y encontré un equipo de profesionales brillantes y valientes, que trabajaron en condiciones dificilísimas y lograron imágenes de gran belleza y poesía, a pesar de su dureza".

Una dureza que el realizador presenta en toda su crudeza, "pero con contexto", aclara.

"Las personas tienen nombre y apellido, y lo que les pasa se enmarca en un relato más amplio, eso permite entender la dimensión de la tragedia y tiene más sentido que ver un niño muerto en un vídeo corto de Tiktok", explica.

Una de las imágenes más duras es la del rescate de Bisán y otros gazatíes bajo los escombros de edificios destruidos por las bombas, de donde no todos salen vivos y hay varios niños y niñas atrapados.

También son sobrecogedoras las escenas de los ataques a hospitales, en uno de los cuales el equipo de rodaje fue tiroteado y sus miembros gravemente heridos de bala.

"Lo que está pasando en Gaza es tan grave, que nos afecta a todos, es un trauma colectivo", asegura Zin.

El realizador reconoce que hay "un hartazgo emocional" de Gaza y que su drama está perdiendo visibilidad, pero insiste en que no debemos mirar hacia otro lado porque lo que pasa en Palestina "nos afecta a todos" y está ligado con "un contexto global de impunidad" ante el que "hay que reaccionar".EFE

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