Hernán Bahos Ruiz
Redacción Deportes, 20 ene (EFE).- Mucho se ha hablado y escrito sobre el 'jab' demoledor, el baile provocador, el teatro verbal y el carisma de Muhammad Ali, pero su legado más pragmático reside en los libros de contabilidad.
En un deporte en que la cuenta de protección al púgil caído dura 10 segundos, Ali enseñó al ganador a contar para sí en millones de dólares.
Ali, fallecido hace casi 10 años, el 3 de junio de 2016, y quien el 17 de enero hubiera celebrado su cumpleaños número 84, no solo fue para los nostálgicos el "más grande" por su técnica.
Fue el visionario que transformó el boxeo como con una varita mágica: de un espectáculo que extraía sus recursos de las ventas de las taquillas lo elevó hasta convertirlo en una industria global de transmisión satelital.
Y a sus colegas boxeadores, el nacido en Louisville (Kentucky) y bautizado con el nombre de Cassius Marcelus Clay Jr. les dio un nuevo rol con el ejemplo, pues él mismo pasó de ser un empleado a tornarse el principal socio comercial de cada combate.
Desde su debut en 1960 ya era una suerte de 'anomalía económica'.
Mientras su primer oponente, Tunney Hunsaker, recibió 300 dólares, él percibió 2.000. Aquella brecha inicial no era casualidad, sino el anuncio de un valor de mercado sin precedentes.
Sin embargo, el verdadero salto ocurrió el 25 de febrero de 1964 ante Sonny Liston.
Aunque cobró 362.000 dólares y Liston 1,3 millones, el triunfo le otorgó algo más valioso que el dinero: el poder de negociar su estatus.
Esa noche marcó otra transformación en el boxeo porque a los 22 años, proclamado como el nuevo campeón mundial de los pesos pesados, el aún llamado Cassius Clay pronunció una de sus frases más memorables: "¡Soy el más grande, sacudí al mundo!"
Diez días más tarde adoptó el nombre de Muhammad Ali tras convertirse al Islam y porque estaba convencido de que su nombre natal era de esclavo. Así encontró la identidad que representaba no solo su fe religiosa, sino sobre todo su libertad.
Entonces dejó de ser un contratado para convertirse en el motor principal de cada evento, un 'gate draw' o "atractivo de taquilla" que llenaba arenas y vaciaba bolsillos con la misma facilidad con la que esquivaba golpes del rival y acertaba los suyos.
Ali fue el primero en comprender que el ring no tenía fronteras.
En 1966, su revancha contra Henry Cooper en Londres alcanzó una bolsa récord de 500.000 dólares y atrajo a 40.000 compradores en un sistema experimental de televisión, recaudando 1,5 millones brutos.
Nada pudo frenar su inercia financiera.
Ni la suspensión de tres años y medio por negarse a ser reclutado por el Ejercito para servir en la Guerra de Vietnam, que le privó de millonarios contratos en la plenitud de su forma física.
Su regreso en 1970 marcó el inicio de la era de los pagos multimillonarios.
El combate contra Joe Frazier en 1971 rompió todos los moldes: ambos recibieron 2,5 millones de dólares, equivalentes a unos 19 millones actuales.
Este hito fue posible gracias al circuito cerrado de televisión, que vendió 2,5 millones de entradas en teatros y recaudó la astronómica cifra para entonces de 45 millones de dólares.
La cumbre llegó en 1974 con el 'Rumble in the jungle' contra George Foreman en Zaire. Ali no solo buscaba la gloria, sino que garantizó para ambos una bolsa de 5 millones de dólares. Ajustada por inflación, esa cifra hoy representaría unos 26 millones de dólares, técnicamente el mayor pago real de su carrera.
Lo relevante de esta cifra no es solo la bolsa que Ali consignó en su cuenta bancaria, sino lo que obligó a los demás a ganar.
Al elevar su propio precio, elevó el estándar salarial de sus colegas, promotores y cadenas de televisión. Ali no solo ganaba para sí; hacía que la industria creciera para estar a su altura.
Al finalizar su carrera con ganancias acumuladas de aproximadamente 57 millones de dólares, Ali dejó el mapa de una mina que las nuevas generaciones se han encargado de explotar con soberbios beneficios.
Ali no solo dio, recibió y eludió.
Fue el arquitecto que enseñó al boxeo a transformar los golpes en oro. Fue una suerte de 'Midas del ring' cuyo legado financiero es tan impresionante como su récord de 56 victorias. EFE
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