Adamuz (Córdoba, España), 20 ene (EFE).- La localidad cordobesa de Adamuz, en el sur de España, vivía acostumbrada al vaivén diario de trenes de ida y vuelta entre Andalucía y Madrid, a través de las imponentes vías de alta velocidad que dividen sus campos de olivos y ganado, y ahora es la dura imagen de la tragedia, que ha costado más de 40 muertos.
La catástrofe, que ha conmocionado a España, ocurrió el pasado domingo, cuando un tren de alta velocidad de la compañía Iryo, que había salido de Málaga (sur) con destino a Madrid, descarriló sus tres últimos vagones e invadió la vía contigua por la que en ese momento circulaba otro convoy de Renfe, compañía estatal española, que tenía como destino Huelva (sur), que también descarriló y dos de sus vagones salieron despedidos y cayeron por un terraplén.
La visita de los reyes de España a la 'zona cero' este martes ha permitido a los medios de comunicación acceder por primera vez a una zona acotada del lugar de los hechos durante algo más de una hora, el tiempo necesario para percibir la dureza de lo ocurrido, entre el silencio que ahora hay sin trenes y el ruido de los flashes y las máquinas que trabajan en el lugar.
A poco más de dos metros de los objetivos de las cámaras está el tren Iryo descarrilado. El andén está frente a los vagones que se salieron de la vía y colisionaron con el otro convoy.
Ese otro tren, el que se llevó la peor parte, se ve a lo lejos, a casi un kilómetro de distancia, con varios vagones convertidos en un amasijo de hierros tras caer por una pendiente de unos cuatro metros.
La dura fotografía posterior al siniestro es la de las ventanas rotas, que fueron vía de evacuación, un asiento destrozado en la vía, una maleta rosa que salió despedida o un libro de historia del arte sobre las piedras, mezclados con guantes, vendas y compresas utilizadas por los sanitarios durante la evacuación.
Es necesario estar delante de los trenes para percibir con totalidad la tragedia. Lo saben los vecinos que llegaron la misma noche al lugar, los servicios de emergencia que siguen trabajando allí y ahora los periodistas, a pesar de que ya llevaban dos días informando de lo ocurrido.
El vagón 6 del Iryo está fuera de la vía, el 7 destrozado por dentro y casi volcado, y el 8 volcado totalmente. La catenaria está destrozada y el tren se llevó por delante uno de los postes laterales.
Allí trabajan efectivos de la Guardia Civil, de la Unidad Militar de Emergencia (UME), de los cuerpos de bomberos, Policía Local, Protección Civil y técnicos del gestor de infraestructura de España (Adif) y de Iryo, entre otros. Han preparado el terreno para que accedan las grandes grúas.
Esa es la única esperanza que queda, que esta maquinaria pesada, que consiguió llegar al lugar este martes, pueda levantar los vagones del tren de Renfe, aplastados en una zona de difícil acceso, para localizar, si los hay, a los fallecidos que puedan quedar y acabar con el sufrimiento de sus familiares.
En el lugar, el puesto de mando está junto al Edificio Técnico del AVE (Alta Velocidad Española), donde un reloj sigue marcando la hora, aunque el tiempo se parara a las 19:45 del domingo (18.45 GMT).