Jaime León Teherán, 16 ene (EFE).- Tristeza, desesperanza e ira. Así se siente Marjan tras la represión estatal de las protestas que han sacudido la República Islámica en las últimas semanas y en las que atisbó la posibilidad de que llegara el Irán con él que lleva años soñando.
Un Irán con libertades políticas y sociales aparentemente tan mundanas como vestir como quiera, no usar velo, conducir una motocicleta o tener una seguridad económica, explica a EFE esta ama de casa de Teherán de 41 años. Pero una vez más parece que no será así.
Las protestas comenzaron el 28 de diciembre cuando comerciantes de Teherán cerraron sus negocios por la caída del rial, pero pronto se expandieron por todo el país con gritos de "Muerte a la República Islámica" y "Muerte a Jameneí".
Con las protestas en expansión, la República Islámica cortó las telecomunicaciones, incluido el internet global, y realizó un despliegue masivo de fuerzas de seguridad el jueves 8 de enero en una represión que ha causado más de 3.400 muertos, según oenegés opositoras con sede en el extranjero.
Durante la Revolución Islámica de 1979 murieron exactamente 2.781 personas, según datos de la Fundación de Mártires de la República Islámica.
En los últimos cuatro días el país vive en calma, aún con presencia policial en las calles, el internet global cortado y Marjan con el corazón roto.
"Es una mezcla de sentimiento de tristeza, desesperanza e ira", dice Marjan, quien asegura que lloró cuando escuchó las cifras de muertos no confirmadas por las autoridades iraníes, que dicen no disponen aún de un recuento de víctimas.
La mujer pensó que estas protestas serían diferentes a otras anteriores como las feministas de 2022 porque ahora tenían un componente económico que afecta a sectores más amplios de la población, como es la alta inflación del 40 % o la aparente ausencia de un futuro decente.
Parham, ingeniero civil de 35 años, salió a protestar y presenció disparos, gases lacrimógenos y una represión brutal.
Ahora vive un sentimiento similar al de Marjan: "Estamos todos tristes. Es como una depresión colectiva", cuenta este vecino del norte de Teherán.
El joven considera que "el sentimiento de odio y de ira hacia el sistema es mucho mayor tras la represión de las ultimas manifestaciones" lo que llevará a que otro "chispazo" provoque nuevas movilizaciones tarde o temprano.
El ingeniero "tenía la esperanza de lograr el cambio político que se gritaba en las calles", pero que no ha llegado finalmente.
"Seguir en las calles ante una represión de esta magnitud sería suicidarse", dice.
No es la primera vez que ocurre. Durante las protestas desatadas en 2022 por la muerte de la joven Mahsa Amini tras ser detenida por no llevar bien puesto el velo islámico muchos jóvenes ya soñaron con otro Irán.
Al grito de “mujer, vida, libertad” reclamaron otro país y otra forma de vivir, en un movimiento que llegó a su fin tras una represión estatal que causó más de 550 muertos, y que puso fin a la posibilidad de otro Irán.
Marjan considera, sin embargo, que en 2022 se logró algo y que de alguna manera las mujeres ganaron ciertas libertades.
"En términos sociales, hay más libertades que hace tres años”, asegura y cita a las mujeres que salen a la calle sin velo o las conductoras de motocicletas que circulan sin permiso dado que es ilegal para las mujeres.
La mujer no ve de momento logros en estas protestas, pero augura que se producirán otras en u futuro cercano.
Y es que la República Islámica suma protesta tras protesta con movilizaciones en 2017, 2019, 2022 y ahora. EFE
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