
La acusación norcoreana expone que el dron interceptado el 4 de enero estaba equipado con dos cámaras de vídeo, que captaron imágenes de áreas norcoreanas durante aproximadamente siete minutos, según un portavoz militar citado por la agencia de noticias KCNA. Las autoridades de Pyongyang sostienen que el aparato tenía la intención de realizar tareas de reconocimiento sobre la zona fronteriza, lo que llevó a la intervención táctica del Ejército Popular de Corea del Norte, que empleó medios de guerra electrónica para destruirlo. Este hecho ha motivado la advertencia formal de represalias por parte del gobierno norcoreano, tras considerar la incursión como una violación grave a la soberanía nacional.
De acuerdo con KCNA, los hechos tuvieron lugar en la zona de Hado-ri, Songhae-myon, condado de Kanghwa, en la ciudad de Inchon. Subunidades encargadas de la vigilancia aérea fronteriza detectaron el objetivo y permitieron que ingresara hasta ocho kilómetros en el espacio aéreo norcoreano antes de proceder a su neutralización. Según detalló el comunicado militar difundido por KCNA, el dron fue rastreado, posteriormente se emplearon medios especiales de interferencia y se recuperaron los restos, llevando a cabo un examen que confirmó su función de vigilancia y el equipamiento audiovisual.
El medio norcoreano también recordó antecedentes de incidentes previos de naturaleza similar. KCNA destacó que, en septiembre del año anterior, otro dron surcoreano cruzó el límite fronterizo, equipado esta vez con una cámara óptica de alta resolución, lo que reforzaría las acusaciones de operaciones sistemáticas de reconocimiento y vigilancia por parte de Seúl. Los responsables militares de Pyongyang remarcaron el carácter reincidente de estos acontecimientos, señalando que no es la primera vez que dispositivos de este tipo penetran en territorio norcoreano.
Además de la denuncia sobre los hechos recientes, la retórica oficial norcoreana subrayó su malestar creciente hacia el gobierno de Corea del Sur. Las autoridades norcoreanas calificaron al ejecutivo surcoreano como “el enemigo más hostil hacia nosotros”, y vincularon estos incidentes con una actitud provocadora y una política de confrontación deliberada. De acuerdo con KCNA, una declaración oficial comparó al gobierno surcoreano con el de Kiev, haciendo referencia a su disposición para el enfrentamiento y acusándolo de impulsar de manera sistemática actos de hostilidad.
Según lo difundido en el comunicado recogido por KCNA, los responsables militares de Corea del Norte advirtieron que todo objetivo considerado hostil sería derribado y aseguraron que responderán con firmeza ante cualquier otro incidente similar, al tiempo que responsabilizaron a Seúl de estar “impulsando la destrucción”. “La República de Corea (del Sur), un grupo de vándalos que sorprendió al mundo al provocar un incidente en el que su dron violó el espacio aéreo de Pyongyang en octubre de 2024, cometió otra grave violación de la soberanía de la RPDC al hacer que su dron violara el espacio aéreo de la RPDC a principios del año (2026)”, afirmó el interlocutor militar citado por el medio norcoreano.
KCNA también reportó expresiones de alta tensión en la advertencia realizada al gobierno del sur, señalando: “Denunciamos enérgicamente las atroces y constantes intrusiones de los hooligans en nuestra soberanía y sus actos provocativos sin disimulo contra nosotros y advertimos seriamente a las autoridades de la República de Corea (del Sur) que revelaron una vez más su oscura intención de enfrentarse a nosotros. Deberían detener de inmediato cualquier acto que invite a su destrucción. Los belicistas militares de la República de Corea seguramente se verán obligados a pagar un alto precio por su imperdonable histeria”.
La agencia de noticias norcoreana insistió en que la vigilancia de la frontera y el espacio aéreo por parte de sus unidades militares seguirá siendo estricta, y que toda intrusión será considerada un ataque a la integridad nacional. KCNA recalcó, además, que el reciente incidente refuerza la percepción de Pyongyang sobre la amenaza militar que representa su vecino del sur, a quien señalan como responsable de la escalada de tensiones en la península coreana.
Hasta el momento, el régimen de Kim Jong-un no precisó qué represalias podría tomar a raíz de estos episodios, aunque la declaración oficial advierte de consecuencias severas en caso de que continúen las incursiones. La reiteración de estos incidentes, con drones aparentemente utilizados para tareas de vigilancia y reconocimiento, figura entre las principales preocupaciones de la narrativa oficial norcoreana consignada por KCNA.
La postura de Corea del Norte, evidenciada en esta y anteriores declaraciones, se mantiene firme en torno a la defensa de su espacio aéreo y su frontera territorial, al tiempo que exige a Seúl el cese de las operaciones que determina como infracciones graves. Los hechos recientes profundizan el distanciamiento y la hostilidad entre ambos gobiernos, que a través de sus comunicados públicos siguen elevando el tono de la disputa y la desconfianza mutua.
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