Redacción Ciencia, 4 nov (EFE).- Los niños demasiado pequeños para conocer palabras como ‘imposible’ e ‘improbable’ entienden, sin embargo, cómo funciona la posibilidad, y aprenden mejor cuando presencian un suceso ‘imposible’.
Ese es el resultado de un estudio realizado por la Universidad John Hopkins (EE.UU.) con 335 niños de dos a tres años y que publica la revista Pnas.
Los adultos piensan todo el tiempo en términos de posibilidades: ¿Es probable que llueva? Mejor llevar paraguas. ¿Si compro lotería, me tocará? Probablemente no. Sin embargo, no se sabía si los niños pequeños también practicaban ese juicio mental o si surgía con la edad y la experiencia.
El estudio señala que “incluso los niños pequeños piensan en el mundo en términos de posibilidades”, según Lisa Feigenson, del Laboratorio de Desarrollo Infantil de la Universidad Johns Hopkins y firmante del estudio.
El experimento consistió en mostrar a los niños unas máquinas tipo dispensadoras de golosinas que, al introducir una pieza similar a una moneda, salía un objeto por un conducto.
Algunos experimentaron con una máquina que contenía una mezcla de juguetes rosas y morados, la del resto estaba llena solo de juguetes morados.
Los niños que vieron que había una mezcla de juguetes y sacaron uno rosa no deberían haberse sorprendido, ya que aunque no hubiera muchos o solo uno había alguna posibilidad de que les tocara uno de ese color.
En el caso de los pequeños con una máquina llena de juguetes morados, algunos sacaron uno rosa (se había manipulado previamente), lo que no debería haber sido posible.
Después de recibir su juguete, a los niños se les dijo el nombre del mismo, que era una palabra inventada, y se les preguntó el nombre poco después.
Los niños que experimentaron el escenario imposible (juguete rosa de una máquina con solo juguetes morados) aprendieron significativamente mejor que los demás.
Las autoras creen que los pequeños aprenden mucho mejor tras sucesos imposibles porque lo inesperado les impulsa a buscar explicaciones.
Los sucesos improbables pueden ser sorprendentes, pero no necesitan necesariamente ninguna explicación. Los sucesos imposibles obligan a los niños a reevaluar lo que creían saber, señala un comunicado.
“Estos resultados son muy interesantes porque demuestran que cuando los niños ven sucesos en el mundo que no pueden explicar, les inculca un afán de información que pueden utilizar para reconciliar su modelo previo del mundo con lo que acaban de ver”, agregó la investigadora.
Estos hallazgos -destacó- “sugieren que los humanos están equipados desde el principio para pensar si las cosas son posibles o improbables o simplemente no pueden suceder”. EFE
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