La explosión de la Dinamita Roja

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Juan José Lahuerta

Leipzig (Alemania), 2 jul (EFE).- Invitada a última hora por la exclusión de Yugoslavia, Dinamarca ganó la Eurocopa de Suecia 1992 y dio una de las mayores sorpresas de la historia de la competición tras completar una gesta contra todo pronóstico bajo la batuta del seleccionador Richard Moller-Nielsen.

En apenas diez días, el técnico danés reunió a un grupo de jugadores que tenían la cabeza puesta en sus vacaciones. Dinamarca, segunda en la fase de clasificación por detrás de Yugoslavia, consiguió su plaza por una guerra que dejó fuera a la generación de Darko Pancev, Robert Prosinecki, Zvonimir Boban, Davor Suker, Dejan Savicevic o Vladimir Jugovic.

Moller-Nielsen, cuestionado por la prensa y enemistado con algunas de las piezas más importantes de la selección como los hermanos Michael y Brian Laudrup, tuvo que remar contracorriente para levantar a un equipo que parecía haber cerrado una de las mejores etapas de su historia.

Y es que, Dinamarca, durante los años 80, fue una de las selecciones más temidas. Fue tercera en la Eurocopa de 1984; se clasificó por primera vez para un Mundial en 1986 y sólo fue frenada por España en octavos de final gracias a una tarde inspirada de Emilio Butragueño; en la Eurocopa de 1988 mostró síntomas de flaqueza tras caer en la fase de grupos; y para Italia 1990 ya ni se clasificó.

Por eso, su inicial ausencia de la Eurocopa de 1992 se interpretó como el carpetazo final a la generación de la Dinamita Roja. Sin embargo, la invitación de última hora por la ausencia de Yugoslavia demostró que aquel grupo, que lideró durante la década de los 80 Sepp Piontek y a quien sustituyó Moller Nielsen tras el fiasco de Italia 90, aún tenía mucho que decir.

El seleccionador danés confeccionó la lista en horas. Brian Laudrup aparcó sus diferencias con Moller Nielsen y acudió a su llamada. Su hermano Michael, la estrella del equipo, declinó acudir a la competición temeroso de un posible ridículo.

Otros como Felmming Polvsen tenía billetes para el caribe.

Alguno, incluso ya estaba en la playa. Pero al final, Moller Nielsen consiguió formar un grupo en los ya citados a Brian Laudrup y Polvsen, junto a Schemeichel y Henrik Larsen, eran las figuras. En el primer entrenamiento, el seleccionador danés fue claro: "Vamos a Suecia a ganar el campeonato", dijo a sus jugadores.

Dicho y hecho. Dinamarca comenzó con un empate sin goles frente a Inglaterra. Después perdió ante Suecia 1-0 y decidió su clasificación en la última jornada ante la Francia de Eric Cantona, David Ginola y Didier Deschamps. Necesitaba un milagro y lo consiguió. Ganó 1-2 con un gol de Lars Elstrup a diez minutos para el final que desató el éxtasis en el país escandinavo.

En semifinales esperaban los campeones de 1988. Los Países Bajos de Ruud Gullit, Frank Rijkaard y Marco Van Basten eran temidos en el continente. Todo parecía indicar que la fiesta danesa se iba a terminar con honor. Pero no fue así. Dinamarca empató 2-2 y en los penaltis, una parada de Peter Schmeichel a Van Basten certificó su clasificación para el partido por el título.

En la víspera de la final, mientras Alemania se encerró en su hotel a cal y canto, los daneses celebraban jugar ese partido en la piscina, con sus mujeres y en un ambiente distendido. Eso se reflejó sobre el terreno de juego, donde la 'Die Mannschaft' jugó encorsetada superada en todo momento por la Dinamita Roja. John Jensen prendió la mecha con el primer tanto y Kim Vilfort sentenció para provocar la explosión danesa.

Y así fue como Dinamarca, con una generación desahuciada y condenada tras una década exitosa, y sin su estrella, Michael Laudrup, salió del fango para dar una de las grandes sorpresas de la historia de la Eurocopa junto a las victorias de Checoslovaquia en 1976 y de Grecia en 2004. La Dinamita Roja demostró que los milagros son posibles. EFE

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