Luis Miguel Pascual
París, 15 mar (EFE).- Al estadio de Montjuic llegará un París Saint Germain totalmente diferente del que el 16 de febrero de 2021 goleó 1-4 en octavos de final, firmando otra página del declive del Barcelona en Europa. Pero con un mismo hilo conductor, la hegemonía que sobre el equipo ejerce su estrella Kylian Mbappé.
Si entonces el atacante, dirigido por el argentino Mauricio Pochettino, deslumbró al mundo marcando tres de los cuatro goles y sometiendo a un suplicio a la defensa catalana del neerlandés Ronald Koeman, ahora llega con un fútbol más consolidado, y con un futuro más abierto: no seguirá en París la próxima campaña.
Todos los caminos de Mbappé desembocan en Madrid, pero el jugador, que está en plena madurez, es un obseso de los récords, los trofeos y las estadísticas y no oculta su ambición de que le gustaría dejar la primera Liga de Campeones en la ciudad que le vio nacer hace 25 años.
Lo que le convierte en un arma todavía más temible para sus rivales, porque a su hambre de goles suma ahora la necesidad imperiosa de lograrlos antes de hacer las maletas.
El PSG que desembarque en Barcelona será todavía el PSG de Mbappé, aunque en plena transición antes de convertirse en el PSG de Luis Enrique.
El exjugador y exentrenador del Barcelona va, poco a poco, encarnando el proyecto catarí de la capital francesa, transformando la constelación de estrellas adquiridas a golpe de petrodolar, en uno de esos proyectos colectivos que él presume de construir.
En ese viaje, el técnico español ha ido restando peso a las aportaciones individuales y colocando a los galácticos al servicio del equipo, una tendencia de la que solo el talento inmenso de Mbappé escapa por los cuatro costados.
Luis Enrique ha conseguido imponer su mano dura incluso a la estrella, que tras anunciar que no seguirá en el club, ha perdido algo de peso. Al técnico no le tembló la mano para retirarle la condición de titular indiscutible en la liga nacional, aunque sigue siendo el arma predilecta del equipo en la competición europea.
A diferencia de sus antecesores en el banquillo del Parque de los Príncipes, el ex seleccionador español parece tener las manos más libres para controlar un vestuario, otrora fagocitado por los egos, y el anuncio de la no continuidad de Mbappé le da todavía más poder.
Así ha ido confeccionando un equipo que busca el credo futbolístico de Luis Enrique, forjado esencialmente en el Camp Nou, donde la posesión del balón es la clave y el juego ofensivo la consecuencia.
El entrenador no ha dudado para conseguir sus fines en apoyarse en jóvenes talentos, comprados o formados, como el centrocampista Warren Zaïre-Emery, que a sus 17 años ha emergido como el baluarte de su centro del campo, y su eclosión le ha llevado incluso hasta la selección absoluta de los subcampeones del mundo.
Junto a él, el técnico está teniendo problemas para configurar una sala de máquinas que alimente el ataque del equipo y las rotaciones son constantes entre el portugués Vitinha, el español Fabian Ruiz, el uruguayo Manuel Ugarte y el surcoreano Kang-In Lee.
Esa es la línea que más críticas está recibiendo, acusada de no generar suficiente fútbol para todo el poderío ofensivo de la delantera.
Esa línea, liderada por Mbappé, es la joya de la corona. La estrella del equipo, que comenzó en la banda izquierda la temporada, ha jugado más como delantero centro en los últimos partidos, flanqueado por la derecha por Ousmane Dembelé, otro viejo conocido de la afición catalana, y por la izquierda por el joven Bradley Bracola.
Este joven jugador de 21 años, adquirido este verano al Lyon, se ha ido consolidando como titular en detrimento de otros jugadores que llegaron como grandes estrellas y por los que el club hizo mayores desembolsos, como el internacional francés Randal Kolo Muani o el portugués Gonçalo Ramos.
En defensa, por delante del incuestionable Gianlugi Donnarumma, que ha relegado totalmente al costarricense Keylor Navas, Luis Enrique ha conformado una zaga que mezcla juventud y experiencia, donde destaca el brasileño Marquinhos, capitán emblemático, que a punto de cumplir 30 años cumple su undécima temporada en el PSG.
La reciente llegada de su compatriota Lucas Beraldo, de 20 años, ha sido una sorpresa que le ha permitido mitigar las lesiones recurrentes en esa línea, como las del eslovaco Milan Skriniar o el francés Presnel Kimpembe.
En los laterales cuenta con dos bazas de peso, el marroquí Achraf Hakimi por la dereha y el francés Lucas Hernandez por la izquierda, aunque Luis Enrique prefiere a vece al portugués Nuno Mendes en ese puesto. EFE
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