
Tánger (Marruecos), 8 mar (EFE).- Kautar recuerda como una pesadilla el día que dio a luz sola en el hospital de Tánger entre burlas por ser madre soltera. "Habría prendido fuego al edificio", dice sobre una experiencia que define el inicio del tortuoso camino de estas mujeres en Marruecos, culpables de un delito solo por concebir a sus hijos.
Para Jeane (nombre ficticio), la experiencia fue incluso peor porque tiene la piel negra. Esta joven de 20 años llegó a Marruecos desde el Congo, tras un viaje de meses en el que perdió a su familia y del que se llevó un embarazo fruto de una violación. "Fue horrible, no me tocaban, como si oliera mal", resume de su día en el hospital de Nador.
Kautar y Jeane tienen en común haber traído al mundo un niño sin estar casadas, una circunstancia penada en Marruecos con entre 1 y 12 meses de cárcel por relación extramatrimonial, delito que las feministas marroquíes piden retirar en la reforma penal en marcha en el país magrebí.
Aparte de la amenaza de una condena, estas mujeres sufren el estigma de haber sido "mancilladas" y sus hijos lo arrastran de por vida.
Algunos niños son abandonados, otros no se registran al nacer, los hay que no tienen libro de familia o solo documentos de identidad que denotan que son 'bintuzina' o hijo de una 'zina', tal y como el Corán define la relación sexual fuera del matrimonio.
Kautar recibe a EFE en la asociación 100 % Mamans de Tánger, dedicada a prestar ayuda a estas mujeres dándoles un hogar, formación, un trabajo y confianza en sí mismas. Ella se quedó en 2016 embarazada de su novio. Se iban a casar, pero cuando supo del embarazo dijo que el bebé no era suyo. Tenía solo 19 años.
Huyó de casa de sus padres y se fue a Tánger, donde parió acompañada de un guardia de seguridad del hospital y una mujer de la limpieza que se mofaban de ella. "Se sentó delante de mi cama en una silla de ruedas y, mientras ella le empujaba, se tocaba la tripa y decía: '¡Ay, soy madre soltera dando a luz!' Tenía mucho miedo". Ese día escribió un mensaje a su padre: "Puede que muera, perdóname".
Una vez nació su bebé, no pudo verle ni tocarle porque había que esperar a que un policía diera cuenta de que no tenía padre. "Lo tuve un viernes y me lo dieron un lunes", dice entre lágrimas. Ahora, su niño tiene 7 años y quiere ser policía, pero Kautar cree que "su sueño se romperá" porque su identidad está marcada y no puede acceder a la función pública.
En Marruecos no hay datos de madres solteras y sus hijos. Los últimos se remontan a hace 15 años, elaborados por Unicef y las asociaciones LMPE e INSAF. Estimaban que el 11 % de los nacimientos en el país eran bebés concebidos fuera del matrimonio y que un 2 % de los nacidos eran abandonados.
"No hay datos oficiales, es lo que pasa cuando algo se criminaliza, se vuelve invisible y no hay información fiable para hacer políticas efectivas", opina Stephanie Williams, de la asociación MRA, que espera que la actual reforma del Código de Familia contemple obligar a los padres desentendidos a hacerse cargo.
Jeane, que colabora con Kautar en una radio de 100 % Mamans, une al estigma de la maternidad soltera su condición de migrante. En 2019 ella y su madre fueron retenidas y violadas en el sur de Argelia y separadas de sus hermanos y de su padre. Habían salido de la República del Congo perseguidos por motivos políticos.
"Había hombres que abusaban de nosotras, nos decían 'entra en mi habitación', y ya está, no podías hacer nada, iban armados", cuenta. En Argelia perdió a su madre, que murió de un cáncer fulminante, y se quedó sola embarazada de esos hombres. Dio a luz hace dos años, nada más llegar a Marruecos.
Ahora mendiga porque nadie le da trabajo al no tener residencia y vive en un piso de 20 metros cuadrados con 6 mujeres y 4 niños más. "Nos sentamos ahí en la calle con nuestros niños, ¡hay que pagar la casa y la comida!", dice resignada pero sin parar de reír. Varias veces por semana les detiene la policía y a veces los llevan lejos, a Casablanca. Y vuelta a empezar.
Su camino como madre acaba de empezar, pero a Kautar los siete años pasados le han hecho crecer como nunca imaginó: "La Kautar que habla ahora no es la misma. Tener a mi hijo me ha hecho más fuerte, ahora sé que se puede tener una familia sin un hombre".
María Traspaderne
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