(Corrige el nombre del testigo en el párrafo 9, es Ali Kebir y no Ali Kebis)
María Traspaderne
Rabat, 13 ene (EFE).- A mediados de enero, los agricultores de África del Norte empiezan a preparar la tierra para la siembra. Es entonces cuando comienza el Año Nuevo 'amazigh' o bereber, el 'Yennayer', que en Marruecos se celebra el día 14 y este 2024 es por primera vez festivo nacional.
Este 'Yennayer' da el pistoletazo de salida al año 2974 de los bereberes, que establecieron como inicio de su calendario el año 950 antes de Cristo, cuando el rey bereber Sheshonq I fue entronizado faraón de Egipto tras derrocar a Ramsés II.
En 1980 se decidió usar ese acontecimiento para festejar el 'Yennayer', coincidiendo con el calendario agrario o Juliano que ya usaban los bereberes, un pueblo que cuenta con el grueso de su población en Marruecos (unos 20 millones), pero que se extiende desde Libia hasta Mali, pasando por Túnez, Argelia, Mauritania y regiones del Sáhara de Mali, Níger y Burkina Faso.
Según Rachid Raha, presidente de la Asamblea Mundial Amazigh, la mayoría de los norteafricanos (unos 100 millones) tienen origen bereber, pero solo entre 30 y 40 millones conservan sus costumbres y hablan su lengua, el 'tamazight', que tiene su propio alfabeto, el 'tifinagh', conservado gracias a los tuareg del Sáhara.
Considerado un pueblo contestatario en Marruecos, donde habitan en las montañas del Atlas repartidas por todo el país, los bereberes llevaban años pidiendo el reconocimiento del 'Yennayer' como fiesta nacional, algo que ya hizo la vecina Argelia en 2018.
"Llevábamos años reivindicándolo con acciones concretas, como mandar cartas a las dos cámaras del parlamento marroquí, a todos los diputados, al presidente del Gobierno y al rey", recuerda Raha, hasta que el pasado mayo el Gabinete Real marroquí anunció la esperada noticia: el 'Yennayer' sería día festivo.
Luego se comunicó que se fijaba el 14 de enero, una fecha que este primer año cae en domingo, lamenta Raha, a pesar de lo cual los bereberes marroquíes lo celebrarán con más fuerza que nunca.
Tradicionalmente, el Año Nuevo se festeja durante tres días (entre el 12 y el 14 de enero), pero cada país ha fijado la fecha exacta un día diferente: algunos, como Argelia, lo han establecido el 13, mientras que otros como Libia o Marruecos han optado por el 14.
Ali Kebir, un bereber de 71 años, ha optado por celebrarlo el día 13. Cada año acoge en su casa a decenas de personas para comer y bailar al son de la música 'amazigh'. Él y su mujer, Fátima, se criaron en Ulmes, un pueblo del Medio Atlas, y emigraron luego a la capital marroquí.
Sentado en su salón marroquí y vestido con las pesadas chilabas de lana que elaboró su madre en las montañas, explica a EFE en 'tamazigh' que este año acogerán a una veintena de personas y bailarán el 'ahidús' y el 'ahuach', danzas colectivas típicas, para conmemorar una cita que este año es más especial.
"La oficialización del 'Yennayer' como fiesta nacional supone el reconocimiento de nuestra larga historia", afirma Ali, y su mujer recuerda a su lado cómo su pueblo se extiende desde Egipto (donde hay un oasis bereber) hasta el Sáhara.
En el 'Yennayer', los hombres se ponen sus chilabas y las mujeres lucen una vestimenta multicolor que, según Raha, "refleja la diversidad y la alegría".
Y se come cuscús, plato típico marroquí de origen bereber declarado en 2021 patrimonio inmaterial por la Unesco. También otras recetas a base de miel, semillas y frutos secos. "La dieta bereber es macrobiótica, muy natural, se está exportando hasta a Japón", dice Fátima, profesora jubilada que está terminando un libro de recetas 'amazigh'.
Ella recuerda con cariño un ritual que hacían en su casa por el Año Nuevo, cuando dejaban el cuscús toda la noche bajo las estrellas, tapado con una tela, y al día siguiente se daba a los enfermos para mejorar su salud.
Desde la Constitución de 2011 el 'tamazight' es, junto al árabe, lengua oficial en Marruecos, pero hasta 2019 no se aprobó la ley para implementarla. Desde entonces se ha ido aplicando en la administración pública, aunque Raha apunta la enseñanza como la tarea pendiente.
"Las escuelas son el punto débil y lo más criticable del actual Gobierno y de los anteriores", dice el representante de los bereberes, que recuerda cómo con el éxodo rural el 'tamazight' perdió mucho terreno a favor del árabe coloquial.
El Gobierno quiere generalizar su enseñanza para 2030, pero según Raha actualmente solo un 10 % de los alumnos de primaria lo aprenden.
"Es una urgencia y una prioridad para nosotros", insiste Raha, para quien "enseñarlo es salvaguardar la historia milenaria y la civilización de los 'amazigh'". EFE
mt/ah/jgb
(foto) (vídeo)
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