San Sebastián (España), 18 may. Felícitas Pizarro y Florencia Abella son cocineras argentinas, ambas tienen 38 años y su esfera profesional es la parrilla. La primera trabaja en su país y la segunda en Estocolmo, y se conocieron este jueves en la ciudad de San Sebastián (norte).
Las dos son protagonistas del IV Encuentro Internacional de la Carne y la Brasa Haragi, que comenzó hoy en el prestigioso Basque Culinary Center, en San Sebastián.
Las bases de su cocina están arraigadas en la forma tradicional de elaborar la carne en Argentina, así que rehuyen de "pecados" como "arrebatar" o "apurar" la pieza, darle más de una vuelta o ponerla muy fría, según explica a EFE Felícitas Pizarro, que además es sumiller y que, tras experiencias televisivas y en las redes sociales, abrió el pasado octubre su propio restaurante, "Maiz", en Nordelta, en la provincia de Buenos Aires.
Florencia Abella es jefa de cocina del restaurante Eksdet, con una estrella Michelin en Estocolmo, donde trabaja con producto local y exclusivamente con leña y carbón. Ni ella se ha adaptado cien por cien a la forma sueca de cocinar, ni el establecimiento se ha imbuido por completo de la manera de hacer argentina, donde a la carne solo se le pone sal.
"Es una mezcla", cuenta a EFE esta cocinera, que dejó su país en 2006 y desde entonces ha pasado por restaurantes de alta cocina de Italia, Japón y España. Ya sean las vacas de leche o de montaña, el reno o el ciervo, la preparación suave y lenta es fundamental para ella, que en Estocolmo también ha implementado "el gusto por el bosque" para aromatizar.
Con la técnica como baza principal, intenta usar solo productos suecos o nórdicos, explica Abella, casada con un sueco y autora de "Asado: parrillada argentina", publicado en Suecia y que estará a la venta desde el 7 de junio traducido al español.
Pizarro lo primero que montó fue la bodega para sus vinos y hace dos meses, la parrilla, donde prepara la carne en el mismo momento en que recibe el encargo. Cuando tenía veinte años, su abuela materna, "una grandiosa asadora", le encargó cocinar el lechón de Navidad y para ella supuso "un antes y un después" en su vida.
"Soy de un país donde la reunión sucede alrededor del fuego. La cocina hecha a fuego nos gusta. No es una comida más, representa la unión, el día de descanso y el disfrute con asados que se demoran cuatro y cinco horas", destaca.
Esta tradición también la valoran los jóvenes y además, se está rompiendo el tabú sobre el papel de la mujer, relegada antes a la tarea de preparar la ensalada de acompañamiento y a recoger y lavar los platos. EFE
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