En el este de Budapest, el Puskas Arena, que recibirá cuatro partidos de la Eurocopa (11 junio-11 julio), es el símbolo del renacimiento del fútbol húngaro, debido al impulso constructor del primer ministro Viktor Orban.
El estadio debe su nombre a Ferenc Puskas, la leyenda del fútbol húngaro de los años 50, cuando el equipo era considerado el mejor del mundo.
El recinto recibirá dos partidos de Hungría, frente a Portugal este martes y ante Francia el 19. Además será el escenario del Francia-Portugal (23 junio) y de un octavos de final (27 junio). Y todo ante unas tribunas llenas con 68.000 espectadores.
- Inaugurado en 2019 -
El Puskas Arena fue inaugurado en 2019, en el marco de un ambicioso programa nacional de construcción y renovación de los estadios lanzado por Orban en su regreso al poder en 2010.
Su sueño: regresar a las cimas de antaño.
Un desarrollo de las infraestructuras que "no tiene precedentes en Europa", se entusiasmó el mes pasado Sandor Csanyi, presidente de la Federación Húngara de Fútbol (MLSZ).
Todos los estadios de los clubes de primera y segunda división fueron renovados.
El Puskas Arena, impresionante monumento al fútbol del primer ministro húngaro, fue edificado donde antes se erigía el 'Nepstadion' de la era comunista, construido en 1954.
Aquel recinto se hizo a la gloria del 'Dream Team' húngaro, que había dominado a Inglaterra en Wembley en el 'partido del siglo', que ganó por 6-3.
Pero nunca se acabó tras la derrota sorpresa de Hungría ante Alemania occidental, en la final del Mundial de 1954.
Fue el comienzo de un larguísimo descenso a los infiernos.
Tras la insurrección de 1956, aplastada por el Ejército Rojo, Puskas y otras estrellas húngaras abandonaron el país.
Con el paso de los años, la vida futbolística fue perdiendo su vitalidad (número de jugadores, campos, clubes y entrenadores), haciendo de Hungría un caso único en Europa, según un estudio de la UEFA por su 50º aniversario, en 2004, que mostraba como el deporte rey crecía en el resto de países.
- Entre resultados y críticas -
La falta de inversión, la corrupción y la incapacidad de formar talentos de envergadura internacional alejaron al equipo nacional de las competiciones durante muchos años, con ninguna participación entre el Mundial de 1986 y la Eurocopa 2016.
En 2020, con el técnico italiano Marco Rossi al frente, el equipo nacional logró su segunda clasificación consecutiva para la Eurocopa.
"En 2016 pudo ser un golpe de suerte, pero encadenar muestra que el equipo está en el buen camino", analizó el periodista deportivo Gergely Marosi.
"Esto muestra que los gastos hechos para apoyar el deporte aportan resultados concretos en el campo de juego", añadió.
El precio, con estadios a veces demasiados grandes y caros, lo pagarán los contribuyentes, denuncian los detractores de Viktor Orban.
También hay sospechas de favoritismo: la mayor parte de los presidentes de los clubes son cercanos al primer ministro o a su partido.
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