
Moscú, 17 ene (EFE).- Es el pasajero de la fila 13 del vuelo DP936 de la aerolínea rusa Pobeda. Es el opositor ruso, Alexéi Navalni, que vuela junto a su esposa Yulia de regreso a Rusia desde Alemania, donde se recuperó durante cinco meses de un envenenamiento de la mano -según denuncia- de los servicios secretos de Rusia.
"Tengo la fila de la suerte, la fila 13", dijo el activista de 44 años una vez que logró sentarse en su asiento tras sortear -no con pocas dificultades- la nube de periodistas que grabó en directo su llegada al avión provisto de una mascarilla y una chaqueta turquesa.
"Qué poco educado, hay que dejar pasar al hombre", se escuchaba en alemán a alguien quejarse por la insistencia de los periodistas.
Fue el último pasajero en subirse al vuelo de Pobeda, que significa "Victoria", en el aeropuerto de Berlín, donde las fuerzas de seguridad alemanes le condujeron directamente al avión queriéndose asegurar de que no le pasara nada al famoso pasajero ruso en sus últimos minutos en suelo germano.
El propio Navalni, arrastrando una pequeña maleta, parecía tranquilo, pero su esposa reveló que está nerviosa con lo que puede esperar al opositor a su llegada al aeropuerto moscovita de Vnúkovo en Rusia.
"Niño, tráenos un poco de vodka. Volamos a casa", dijo Yulia con una sonrisa tensa, recurriendo a una frase de una película de culto rusa, Brat 2 (Hermano 2) de Alekséi Balábanov.
Y es que el activista anticorrupción se encuentra en una lista de búsqueda y captura por un antiguo caso penal.
No es la única amenaza judicial que pende sobre el líder opositor: a finales del año pasado el Comité de Instrucción de Rusia incoó un proceso contra él por fraude y apropiación para fines propios de las donaciones de sus partidarios.
"Como ciudadano de Rusia, tengo todo el derecho a volver a casa", recalcó Navalni, quien ha expuesto casos de corrupción al más alto nivel en Rusia y quien confesó a bordo del avión que seguirá descubriendo escándalos que incomodan al Kremlin.
"Desde luego, para eso regreso", señaló, al tiempo que se mostró confiado que todo irá bien.
"Estoy seguro de que todo ira maravillosamente", "Espero en Moscú un tiempo excelente, 23 grados bajo cero, y la agradable sensación de regresar a mi ciudad natal", recalcó el opositor.
"A Alemania quiero decirle muchas gracias y confío que llegaremos bien", añadió antes de que despegara el vuelo con dirección a Vnúkovo, donde simpatizantes y personas cercanas a Navalni, como su hermano Oleg y aliados del Fondo de Lucha contra la Corrupción, le esperan junto a otra nube de periodistas, según pudo constatar Efe.
El vuelo DP936 es actualmente el más seguido en Flightradar24, según un tuit de ese servicio internacional.
En el aeródromo hay un fuerte equipo de seguridad con un gran dispositivo de policías y furgones, en tanto que se han levantado a modo de vallas paneles para impedir la vista al área de llegadas internacionales.
La dirección de Vnúkovo había dicho que no se podía permitir "eventos masivos", incluida la organización de actividades de los medios en el interior, para "prevenir la propagación del coronavirus, así como para garantizar la seguridad de la llegada de pasajeros e invitados del aeropuerto".
Varios simpatizantes de Navalni han acudido al aeropuerto, que coincidían con aficionados de la cantante rusa Olga Búzova, que debía llegar también a Vnúkovo.
"He venido a recibir al que espero sea el futuro presidente de Rusia", dijo a Efe Margarita, una jubilada.
Alina, de 30 años, señalo que ha venido a "respaldar a Navalni, porque desde hace mucho que estoy descontenta con las autoridades".
"Creo que sería mejor que no volviera, porque lo meterán en la cárcel o le matarán. Ha sido una decisión muy valiente", afirmó.
Las fuerzas de seguridad no tardaron en proceder a las detenciones y una unidad de antidisturbios empezó a despejar la entrada del aeropuerto.
Entre los detenidos un hombre mayor con la bandera tricolor rusa que empezó a hablar del presidente ruso, Vladímir Putin, pero también Liubov Sóbol, política y jurista del Fondo de Lucha contra la Corrupción fundado por el líder opositor y otros aliados de Navalni, como Shaveddínov y Konstantín Kótov.
También fueron arrestados varios periodistas, de acuerdo con el portal OVD info, especializado en el seguimiento de las detenciones.
Mientras, Navalni vuela a Moscú sin saber aún qué le espera al aterrizar: una detención o la libertad, aunque sea momentánea.
Céline Aemisegger e Ignacio Ortega
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