Por Jordi Rubio
BARCELONA, 23 nov (Reuters) - Los camareros, los clientes y el olor a café volvieron a ocupar las aceras de Barcelona el lunes, cuando los bares y restaurantes de la ciudad reabrieron tras la relajación de las restricciones contra el coronavirus.
Vendedores ambulantes empujaban sus carritos con comestibles mientras los clientes, con mascarillas, ocupaban tanto las mesas de las terrazas como las del interior de los establecimientos.
"La gente del barrio está ávida de que los bares vuelvan a abrir. Nos lo han demostrado preguntando todos los días (...) Están ansiosos ellos y nosotros", explica a Reuters Eduardo de Vincenzo, dueño de un restaurante.
Cataluña fue la primera región española en cerrar completamente los bares y restaurantes en medio de la segunda ola de COVID-19, a mediados de octubre, y es la primera en ponerlos de nuevo en funcionamiento a medida que la tasa de contagio va disminuyendo.
No obstante, se mantiene el toque de queda nocturno. Mientras, se mantienen unas duras restricciones en el resto del país —con diferentes formatos dependiendo de las regiones— y en gran parte de Europa.
La región también reabrió teatros, cines, salas de música e instalaciones deportivas al aire libre con una ocupación máxima del 50%.
Sin embargo, tras la consternación causada por el segundo cierre del sector este año, los propietarios se muestran poco optimistas, sobre todo porque todavía tienen que bajar la persiana cada noche a las 21.30 horas.
"Es muy duro porque los impuestos siguen, las deudas están. Antes no debíamos nada y ahora debemos dinero. Es una triste realidad que creo que ha sucedido en todo el planeta", apunta Vincenzo.
Susana Rubio, gerente de un café, explica que el cierre ha afectado los ingresos de todo el personal que trabaja en el local. También cree que la actividad será reducida durante un tiempo, después de que la pandemia asfixiara al turismo en España, el segundo país más visitado del mundo.
"Es un proceso muy lento (...) Si no hay turismo, la facturación es la mitad de la caja", indica.
España, que tiene más de 1,55 millones de casos de COVID-19 —el segundo mayor número de casos en Europa occidental después de Francia— y 42.619 muertos, impuso un estado de emergencia de seis meses a finales de octubre, dando a las regiones el respaldo legal para imponer toques de queda y restringir los viajes.
El número de nuevas infecciones registradas en los últimos 14 días hasta el pasado viernes ha disminuido a 419 por cada 100.000 personas, desde las 530 en la primera semana de noviembre. En Cataluña, esa tasa ha bajado a alrededor de 390. (Información de Jordi Rubio, Luis Felipe Castilleja; escrito por Andrei Khalip y Angus MacSwan)
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