La "ruta de los Balcanes", una esperanza para los migrantes

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Afeitado y con un elegante suéter negro, Yunes Qermua relata sus muchos intentos fallidos de llegar a España por la "ruta de los Balcanes" desde la "gran ola" de 2015. Pero este marroquí nunca ha perdido la esperanza de trabajar un día como guardabosques en la península ibérica.

Europa occidental abrió la puerta en 2015 a personas que cruzaron los Balcanes. A la larga columna de refugiados sirios se unieron miles de migrantes de Asia, Oriente Medio y África.

La ruta está oficialmente cerrada por un acuerdo alcanzado a principios de 2016 por Bruselas y Turquía.

La afluencia se redujo pero nunca se detuvo. Decenas de miles de personas siguen cruzando los Balcanes cada año, pese a la vigilancia fronteriza.

La valla levantada por Hungría a lo largo de su frontera sur con Serbia y Croacia ha desviado su camino hacia las montañas albanesas, montenegrinas y bosnias.

"La tasa de éxito de su paso es de alrededor del 60%", dijo recientemente el ministro de Seguridad bosnio, Selmo Cikotic.

Para Yunes Qermua, de 35 años, un exmilitar profesional marroquí, Bosnia es solo una etapa.

- Enganchado al camión -

Grecia lo expulsó muchas veces y dice que bebió "un litro de whisky" antes de engancharse en junio al guardafango de un camión en la frontera turco-griega. Al llegar a Tesalónica, siguió a pie: un mes de caminata durante unos 700 kilómetros, hasta Bosnia.

"Quiero vivir en un país donde pueda trabajar y que me paguen por mi trabajo", dijo a la AFP delante de un centro de acogida cerca de Sarajevo, donde descansa.

La afluencia, ralentizada en primavera por las restricciones impuestas contra la epidemia de covid-19, se ha acelerado con el desconfinamiento.

Es la carrera contra el reloj para intentar cruzar antes del mal tiempo y el riesgo de una segunda ola de la epidemia, dice Jasmin Redjepi, miembro de la oenegé macedonia Legis, que ayuda a los migrantes desde hace una década.

"No quieren encontrarse en otoño o invierno en una situación de fronteras cerradas y cuarentenas", añade.

- La ruta más activa -

A pesar de la epidemia, la ruta migratoria de los Balcanes sigue siendo una de las más activas, según Frontex. El número de migrantes ilegales detectados de enero a julio (11.300) en la frontera de la UE en esta ruta ha aumentado un 80% en comparación con el mismo período de 2019, según la policía fronteriza de la UE.

Los ciudadanos pakistaníes, afganos, marroquíes e iraquíes son los más numerosos, según las autoridades bosnias.

En 2015, Lence Zdravkin, de 53 años, ayudó a miles de migrantes que caminaban por la vía del ferrocarril que pasa por delante de su edificio en Veles, en el centro de Macedonia del Norte, entregándoles comida y ropa.

Ahora es testigo --dice-- de un aumento "drástico" del número de caminantes que pasan por delante de su casa, a menudo aferrándose a los vagones de carga. Sigue ayudándoles, aunque tiene menos para compartir.

"Los refugiados se enfrentan a los mismos sufrimientos, en los mismos caminos, con todos los problemas que les acompañan desde el principio hasta el final del viaje", declara esta mujer.

En las últimas semanas, se ha vuelto a formar un atasco en el noroeste de Bosnia, en la frontera con Croacia y la UE. Los campamentos que albergan a unas 6.200 personas en el país están llenos. Más de 3.000 migrantes están en movimiento, según las autoridades. Muchos ocupan fábricas en ruinas y casas abandonadas.

- "4.000 euros para pasar a Austria" -

Las tensiones aumentan en esta región, donde los habitantes habían sido bastante acogedores al principio. Algunos protestan en la calle, a veces paran a los autobuses que transportan a los migrantes a los que acusan de "robos" o "agresiones", y piden a las autoridades que "despejen" las calles.

La policía bloquea desde hace una semana la entrada de migrantes en el cantón. Entonces se agrupan en la entrada del cantón y duermen en la calle.

Estas "restricciones a la libertad de circulación (...) son discriminatorias e irresponsables", denunció Amnistía Internacional.

Las policías de los países de la región llevan a cabo regularmente operaciones contra las redes de traficantes.

Adil Usalah, un marroquí de 33 años, hace una parada en Sarajevo. Como decenas de migrantes, vende pañuelos de papel todos los días en la calle. Le permite ganar "10 a 15 euros al día" para pagar un hostal, comprar comida y ahorrar un poco para la ruta.

Dice que los traficantes lo abordaron, pero que el precio es "exorbitante": "4.000 euros para llegar a Austria". Una cantidad, dice, que pagó recientemente "un amigo guineano".

Decenas de migrantes ocupan a diario un parque cerca de la estación de autobuses de Belgrado, conocido como el punto de encuentro de los traficantes.

Muchos tienen heridas en las piernas, secuelas de los intentos de cruzar las fronteras, a menudo a través de terrenos difíciles. Muestran sus teléfonos rotos y cuentan que a veces la policía los repele con violencia.

Después de estar atrapado en los Balcanes durante cinco años, Arif, un paquistaní de 24 años que habla serbio, es uno de los que han perdido la esperanza.

"Mi madre y mi padre no paran de decirme que vuelva a casa y les digo que volveré en cuanto tenga los papeles".

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