El panorama mundial no puede ser peor: la guerra en Ucrania se estanca y el apoyo de Occidente a ese país, y en contra de la invasión del dictador Vladimir Putin, disminuye; en el Medio Oriente, el apoyo al país víctima del peor atentado terrorista de este siglo es escaso y la posibilidad de una guerra generalizada, en la cual Irán, Líbano, Hizbola y Siria enfrenten a Israel, es hoy más posible que nunca.
En Asia, China ya le advirtió a Estados Unidos -palabras más, palabras menos- que no va a respetar la democracia en Taiwán y que, más temprano que tarde, va a invadir la isla; Azerbayan invadió una región de Armenia, y no se descarta una guerra; en África, Sudan está en guerra civil, la amenaza terrorista islámica avanza a lo largo y ancho del África meridional; Etiopía está en un cese al fuego luego de su guerra civil en la región de Tigray, pero ahora se enfrenta a Somalia por la región de Somaliland.
Todos los estudios serios hablan del 2023 como el peor año de violencia en el mundo desde la caída del muro de Berlin. El fin de la Pax Americana y de su primacía -que, gústenos o no, generó el periodo más pacífico de la historia moderna- abre paso a un mundo más caótico, más desordenado y, sobretodo, más violento. Esta nueva guerra fría que enfrenta a Occidente y las democracias contra China, Rusia, Irán y las dictaduras tiene, como la anterior guerra fría, su tablero de juego, sobretodo, en los países del sur o del mundo en desarrollo.
El juego es claro, pero con China el balance que existía en la anterior guerra fría, positivo para Occidente, se evapora. Rusia e Irán solo aportan disrupción y violencia, que lo llevan haciendo desde 1918 y 1978 respectivamente, pero China tiene el mercado más grande del mundo para los productos que el tercer mundo, si así le podemos llamar, hoy producen. China utiliza esa ventaja económica para sus lograr sus objetivos políticos y geoestratégicos que son los de un imperio. Los grandes sacrificados en esta lucha que apenas comienza son la democracia y la libertad.
Si a este difícil panorama, le agregamos la debilidad de Estados Unidos, producto de su polarización y el auge del aislacionismo, tanto en la sociedad como en los extremos de los partidos -mucho más en los republicanos que en los demócratas, aunque esto ya se ve cambiar- pues el mundo liberal, de libertades, del individuo y de la democracia está más en riesgo que nunca.
América Latina es quizás el tablero que está más en juego en el mundo en este nuevo momento de la historia. El populismo y las dictaduras se unen para jugar un papel fundamental en la lucha contra la democracia, pero, sobretodo, para crearle problemas a Estados Unidos en su patio trasero, expresión que lastimosamente no nos define como prioridad.
A Rusia, Irán e incluso China lo que pase con los países de nuestra región realmente les importa poco. Lo que necesitan es que líderes serviles como Diaz-Canel, Maduro y Ortega obedezcan sus órdenes para generarle conflicto y distracción a su gran rival, Estados Unidos. Son peones a sacrificar en esta nueva guerra, pero mientras les sirvan seguirán teniendo su apoyo, sobre todo en temas militares, de seguridad y de represión.
El caso del supuesto ciudadano colombiano de origen sirio capturado en Argentina, donde iba a realizar atentados contra la comunidad judía, es apenas el principio de un accionar para el que se han venido preparando Irán y Rusia especialmente. El entrenamiento y el equipo para la estrategia de guerra asimétrica naval de lanchas rápidas con misiles, como hoy las utilizan los huties de Yemen en el estrecho de Hormuz, hace parte de una capacidad que Irán le entrega a Venezuela. Lo mismo pasa con la estrategia de drones que implementan en ese mismo país. ¿Necesitan crear caos en Guyana? Ya Irán le dio la capacidad a Venezuela de hacerlo a muy bajo costo.
Rusia, con su base de operaciones de inteligencia en Bogotá, donde la embajada es el epicentro de la región para generar caos, reclutar agentes, financiar organizaciones armadas anarquistas -como la Primera Línea- y coordinar acciones de desinformación, nunca paró de actuar y fortalecer su accionar en este sentido. Mientras las agencias de inteligencia de Estados Unidos y británicas se preocupaban solo por el terrorismo islámico y abandonaban la inteligencia sobre otros actores, Rusia hacia todo lo contrario. América Latina nunca dejó de ser un asunto geoestratégico prioritario para las agencias de inteligencia soviéticas y luego rusas.
Este año veremos como una gran parte de la acción de disrupción va a ser concentrada en Argentina. No es casualidad que el atentado a la comunidad judía se fuera a dar allí. El éxito de Milei es la gran derrota de ese eje dictatorial que representan en la región Venenezuela, Nicaragua y Cuba.
Los demócratas de la región debemos asumir esa soledad que viene y entender que la batalla nos toca solos. El espejo del caos de Venezuela, Cuba y Nicaragua facilita, por lo menos, entender las razones por las que se lucha. Y esa lejanía de Estados Unidos hacia la región hoy se les devuelve en la migración masiva, que no van a poder controlar, y que, además, se ha convertido en un instrumento muy efectivo de sus enemigos.
Llegó el 2024 con toda su alegría. Amárrense los cinturones, que el viaje va ser muy accidentado.