"Para mí sin espuma", aclara la mayoría de las personas mientras se le sirve un vaso de cerveza. Lo que no saben es que la espuma es importante porque proporciona una cubierta natural que mantiene la carbonatación y conserva la frescura por más tiempo.
Lo ideal, dicen los que saben, es que la corona de espuma tenga una altura de no más de 2 a 3 centímetros y que sea fina y persistente de modo que se adhiera al vaso, lo que hará al producto más tentador y satisfactorio para su consumo.
Además, es un componente clave ya que una cerveza con buena corona espumosa suele contener ácidos de lúpulo que le dan ese particular amargor y aroma, y hacen que se estabilice la presencia del gas.
En el Día de San Patricio y consultado sobre por qué la espuma se desvanece tan rápidamente, Javier Rodríguez, investigador y profesor del departamento de ingeniería térmica y de fluidos de la Universidad Carlos III de Madrid, explicó este fenómeno: "Un proceso que ocurre con la bola de espuma se puede relacionar con el mecanismo que está detrás de volcanes como los de barro: creemos que el volcán tiene una masa de gas que empuja el barro hasta expulsarlo por la boca".
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