La cordillera de los Andes tiene uno de sus mejores parajes en la provincia de Neuquén. Bien en el oeste y aislada, se encuentra la villa más hermosa que puede haber, toda rodeada de montañas y bosques, con el gran lago Aluminé a sus pies. Villa Pehuenia, es el nombre de esta perlita que no tiene desperdicio, ubicada a unos 300 kilómetros de la capital y de acceso rústico, a través de la ruta nº13. Es la opción mas corta desde Zapala, pero sólo accesible en verano ya que el camino es de ripio grueso y las nevadas lo hacen intransitable. Otras rutas de mejor acceso son la 23 desde Aluminé o la 11 si se quiere hacer el camino largo que pasa por los lagos hasta Moquehue.
Parte del encanto de esta villa se debe justamente a lo aislada que está, bien cerca de Chile (a 15 kilómetros del paso fronterizo Icama ) y a unos 1.000 metros de altura, lo que le da ese encanto especial del paisaje plagado de araucarias, o "pehuén", como le llaman sus pobladores y lo que le dio su nombre. Todo ese bosque tan especial es de origen prehistórico y cuenta la historia de sus primeros pobladores, los Pehuenches que se fusionaron con los indígenas mapuches del país vecino y aún hoy mantienen pequeñas colonias en la zona. Recién en 1989 se fundó como localidad y de ahí que todavía no tenga tanto desarrollo turístico, ni mucho menos demográfico. Hay poca población estable, de a poco brindándose al turismo en sus dos épocas más fuertes, invierno con la nieve y verano con el circuito de los lagos Patagónicos.
Pehuenia es el destino perfecto para quienes buscan tranquilidad absoluta y poco movimiento. La "siesta" es obligada y el ritmo relajado obliga a bajar varios cambios. Todas sus actividades están relacionadas con la naturaleza, con el disfrute al aire libre, ideal para hacer trekking o deportes acuáticos ya que hay varios lagos y arroyos en sus alrededores. Uno de los más clásicos y aptos para toda la familia es el Mirador del Ciprés, a pocas cuadras del centro sobre el camino a la Península de los Coihues. Tiene un sendero con carteles que guían hasta el mirador para obtener la panorámica perfecta de la villa.
También siguiendo el curso del lago, se llega hasta la unión de los lagos Aluminé y Moquehue, donde se da un angostamiento que se cruza por un puente. Allí la visita obligada es a la reserva propiedad de la comunidad mapuche Puel y el sendero que lleva a las cinco lagunas sobre la margen sur de la Angostura. Por su parte el centro cívico es muy pequeño, tiene una calle gastronómica y lo más pintoresco, su costanera sobre el lago, para recorrer de punta a punta. Luego hay senderos por todos lados que llevan a pequeñas bahías con playas en medio del bosque para hacer picnic y disfrutar del agua en los días más calurosos.
Algunas de sus actividades de turismo activo incluyen la pesca en este paraíso de la trucha (en los lagos Aluminé, Litrán, Nompehuén), o trekking, cabalgatas, paseos lacustres (por el río Aluminé, Ñorquinco, Moquehue y Pulmarí), canopy, rafting, mountain bike, paseos terrestres y kayak. Durante el invierno se imponen el ski, snowboard, trineos y caminatas con raquetas en el cerro Batea Mahuida a las afueras. Este territorio queda dentro de la comunidad indígena Puel y ellos mismos son quienes lo administran. Por ser de altura baja, unos 2.000 metros, es perfecto para el disfrute de toda la familia y los principiantes en deportes de nieve. Desde ahí mismo pueden hacerse los ascensos al volcán donde está el mirador más espectacular, hacia los conos volcánicos del Llaima, Lonquimay y Villarrica en Chile o del Lanín.
La majestuosidad de la naturaleza es lo que más impacta ya de entrada, cuando se accede a la villa y luego del camino tan pedregoso se ingresa en este oasis. El lago le da todo el encanto y su rica tradición indígena nos conecta con la riqueza de su cultura tan propia de la Patagonia.
El viaje perfecto incluye salidas de aventura haciendo deportes, pero también mucho descanso y atardeceres de pura contemplación frente al agua, con el Cerro Bella Durmiente (denominado así porque tiene forma de mujer recostada) al fondo. Hay hoteles de lujo como la Posada la Escondida, cabañas en la costa con todo el confort dentro de un ambiente muy rústico, hosterías atendidas por sus dueños y camping para vivir la naturaleza bien desde adentro. Esta aldea de montaña es un secreto bien escondido que vale la pena descubrir en la Patagonia.
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