Morales, un indígena aymara de 56 años que apenas acabó el colegio, llegó al Gobierno un 22 de enero con el 54% de los votos y se ha convertido en el mandatario boliviano que más tiempo lleva en el poder.
Catapultó a su país a un auge económico y a una estabilidad política y social inédita, con algunas medidas duramente criticadas, entre ellas la nacionalización de los hidrocarburos, clave en su gestión.
Con ella redujo el negocio de compañías como la española Repsol o la brasileña Petrobras, que, a pesar de las afectaciones, continúan operando en Bolivia. La renta petrolera subió de 673 millones de dólares en 2005 a 5.530 millones de dólares en 2014 y las reservas internacionales netas llegaron a 15.000 millones de dólares, una cifra nunca vista en el país.
El resultado ha hecho que en una década el PIB boliviano pasara de 9.525 millones de dólares anuales a 34.493 millones de dólares, parte de lo cual fue redistribuido en bonos para ancianos, niños y madres solteras, un colectivo desamparado en el país.
Los analistas advierten que Bolivia podría verse afectada por el desplome internacional del precio del crudo, algo que el Gobierno no comparte. "Si hemos aguantado 80 a 85 dólares de caída, ¿estaremos en posibilidad de aguantar una caída de 20 a 25 dólares? Yo creo que sí", dijo recientemente el ministro de Economía, Luis Arce.
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