Basura: un informe especial

En tiempos de hiperconsumo, la basura se presenta como un problema que requiere urgente solución a nivel mundial. Conocer la realidad actual permite tomar conciencia y actuar en pos del cambio

Shutterstock 162

Descarte y obsolescencia programada (diseñados para durar poco) son los protagonistas de estos tiempos de aparente derroche, pero con contradicciones: mientras 1.000 millones de personas tienen sobrepeso, otros 1.000 millones sufren de hambre crónica. Un ciudadano de Estados Unidos (EEUU) va más de una vez al día al supermercado. En esa rueda de aparente interminable consumo hay un elemento que requiere de la atención mundial: la basura.

A medida que el consumo asciende, los residuos que se generan acompañan esa curva de incremento. Según un informe del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), si este estilo de vida consumista es repetido por los 9.000 millones de personas que se estima habrá en 20050, necesitaríamos tres planetas Tierra para poder satisfacer las demandas alimentarias y energéticas. Hoy se genera más basura que en toda la historia. Pero no sólo importa la cantidad sino también la calidad de esos residuos: antes se desechaban papel y cartón, hoy arrojamos metales pesados y plásticos sintéticos que no pueden descomponerse. La propia naturaleza demuestra que este camino no es el correcto: en ella nada se tira, todo se vuelve a utilizar con algún otro propósito.

En estos tiempos, se genera cada vez mayor basura y no hay una conciencia respecto de qué es lo que ocurre luego con ella. ¿A dónde van todos aquellos residuos que tiramos? Un modelo de disposición de la basura son los rellenos sanitarios. Se trata de una depredación en el terreno que es cubierta por una membrana inferior de polietileno de alta densidad. Presenta dos sistemas de recolección: uno de líquidos lixiviados y otro de gases.

Read more!

Si bien algunos especialistas sostienen que es uno de los mejores mecanismos de disposición de la basura, algunas organizaciones han argumentado ciertas falencias en su funcionamiento. Por ejemplo, el riesgo a que la base del relleno se fisure y permita el paso de los lixiviados, contaminando así los cursos de agua.

En paralelo a los rellenos sanitarios, aparecieron otros sistemas con mayor informalidad. Un ejemplo de ello son los basurales a cielo abierto. ¿De qué se tratan? Son lugares donde se arroja la basura sin ningún tipo de control, infraestructura ni equipamiento. Ello genera múltiples efectos negativos en el ambiente: contaminación de las napas de agua subterránea, generación de gases de efecto invernadero, y proliferación de animales (como ratas).

Shutterstock 162

Ante las críticas negativas y debido a la falta de superficie, en otros países -especialmente los del continente europeo- se desarrolló un mecanismo alternativo a los rellenos sanitarios: los incineradores. Consiste en un procedimiento por medio del cual se quema la basura a altas temperaturas hasta convertirla en cenizas y generar energía. Algunos científicos sostienen que la liberación de toxinas, como la dioxina, puede ser perjudicial para la salud de las comunidades aledañas a estos establecimientos.

Gracias a un proceso de mayor concientización sobre la problemática, actores del sector público y privado han invertido dinero y esfuerzo para promover sistemas de reciclaje que permiten convertir los residuos en recursos para las mismas industrias de origen o diferentes. Sólo en Europa hay 96 plantas de compostaje que permite el aprovechamiento de la materia orgánica.

Conforme las características de cada ciudad y país, hay sistemas públicos o semipúblicos de recolección diferenciada de residuos que, en el caso de América Latina, incluye la participación activa de los recolectores urbanos, popularmente conocidos como "cartoneros".

Shutterstock 162

¿Qué puede hacer el ciudadano? Empezar por consumir menor cantidad y hacer un consumo más responsable y consciente a través de, por ejemplo, la elección de productos con menos packaging o empaquetados más amigables con el ambiente. Ello debe ir acompañado de la elección de lugares locales que facilitan y promuevan la separación de residuos en origen y su disminución creciente.

Dependiendo de cada ciudad y distrito, los residuos se pueden separar en dos grandes grupos. Por un lado, los residuos secos que son los considerados reciclables. Allí se encuentran el papel, el cartón, los plásticos, el vidrio y los metales. Se trata de materiales que, luego de ser lavados y secados, se pueden reutilizar para otros fines.

Shutterstock 162

Por otro lado, contamos con los residuos húmedos que admiten una segunda sub-clasificación. Están los residuos húmedos orgánicos, que abarcan restos de comida de origen vegetal (como yerba, cáscaras de frutas, servilletas usadas, café y saquitos de té, entre otros) que se pueden reutilizar como materia prima de compost. Y luego están los residuos húmedos que no son ni reciclables ni orgánicos y que sí ya serían consideramos como la basura final. En este último caso hay que tener cuidado con aquellos materiales que pueden resultar tóxicos –como las pilas- y averiguar previamente su correcta predisposición.

- Un habitante latinoamericano genera 230 kilos de residuos al año.

- Un estadounidense produce dos kilos de basura por día, un latinoamericano 1,2 kilos y un africano 800 gramos.

- EEUU es el país que más basura genera con 236 millones de toneladas por año.

- Austria, Alemania y Bélgica lideran el ranking mundial de reciclaje.

- Un reciclador argentino procesa más de 150 kilos por día, es decir, tres toneladas al mes.

- En Argentina, hay más de 70 cooperativas de cartoneros. Sólo en la ciudad de Buenos Aires hay 8.000 cartoneros y en la Provincia más de 30.000.

Read more!