Mónica Maristain: "Bolaño era el gran abanderado de la incorrección política"

La periodista argentina radicada en México habló con Infobae sobre su nuevo libro "Bolaño. El hijo de Míster Playa", un retrato coral del celebrado escritor chileno, a quien le realizó su entrevista final

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Mónica Maristain era subeditora de Playboy en Mexico cuando se le metió en la cabeza que su revista publique un cuento de Roberto Bolaño. Lo contactó a través de un escritor colombiano conocido por ambos e intentó tener un texto del chileno que ya estaba instalado en Barcelona. Corrían los primeros años del siglo XXI y el cuento no aparecía pero sí la posibilidad de una entrevista, así que hacia ese diálogo fue la periodista argentina. Lo que nunca imaginó Mónica es que esa iba a ser la última entrevista que Bolaño daría. Fue una charla larga con definiciones contundentes. Al autor de "2666" la muerte se lo llevó el 15 de julio de 2003.

Mónica quedó prendada de ese flaco de anteojos que le pedía que deje el cigarrillo o le contaba como le cambiaba el pañal a su bebé en largas cartas por correo electrónico. Y entonces decidió escuchar a quiénes lo conocieron para poder armar el rompecabezas del gran escritor chileno. El resultado es una delicada edición que el sello Treintayseis distribuyen en estos días: "Bolaño. El hijo de Míster Playa", un libro coral en donde voces diversas y en ocasiones contradictorias permiten que el lector se introduzca en su mundo literario y humano.

La periodista y escritora argentina radicada en México estuvo en Buenos Aires para presentar el libro y visitó la redacción de Infobae. Maristain dijo que Bolaño era un "tipo generoso" y recomendó entrar a su obra con la lectura de "Los detectives salvajes".

¿Cuando hizo esa famosa entrevista que resultó ser la última a Roberto Bolaño, tenía dimensión de su estatura de escritor?

No, ni siquiera tomé conciencia que era realmente una buena entrevista. Esta cosa que nos pasa a los periodistas, hacés el trabajo y lo valorás un tiempo después. Cuándo él propuso hacer la entrevista ya era complicado porque no era tan conocido y la entrevista Playboy era el espacio que debía ser asignado a personajes muy célebres, pero tanto el editor como yo que era la subeditora, éramos muy fans y entonces el editor me dice "publiquemos la entrevista porque tenemos a alguien muy conocido en la portada". Eso te garantizaba la venta de la edición y podías jugar un poquito más con el contenido un poco menos popular. Así fue que se publicó en julio de 2003 que fue el mes de su muerte, pero la entrevista se había hecho unos meses antes.

Ese día Bolaño le dijo "no le concedo mucha importancia a mis libros". ¿Le creyó?

No, creo que su literatura era todo. Por eso el libro que escribí se llama El Hijo de Míster Playa porque es el hijo de alguien que murió a los 84 años, después de él, y gozando de plena forma física, (más allá de algunos problemas cardíacos que tiene la historia familiar) y que se ganaba todos los concursos de playa. Para alguien enjuto, delgado, con muy poca salud porque la enfermedad de Bolaño es congénita, sus libros, su literatura y su buen gusto literario eran su escudo de distinción.

Usted tiene un intercambio de e-mails con él muy intenso...

Sí, hay que pensar que los que nacimos en los 50 y 60 tenemos mucho ese código de comunicación. Es verdad que ahora hay comunicación por correo electrónico y tal pero esta manera de poder contarte cosas a nivel de cartas, fue una cosa muy de la época en la que crecimos. Era muy común. Hablé una vez con Roberto por medio de Santiago Gamboa, que es un amigo en común, porque queríamos publicar un cuento en la revista como es la tradición de Playboy y a los dos días ya me estaba diciendo que no bebiera, que no fumara, que me cuidara y me contaba que le estaba cambiando los pañales a su hija a las tres de la mañana. Es decir, se armó una comunicación muy intensa, bonita e inolvidable.

Su libro es una suerte de cadena de voces que nos cuentan a Bolaño y cuando uno termina de leerlo puede concluir que él desde muy joven tuvo mucha confianza en su escritura y que trabajó mucho sobre ella. ¿Está de acuerdo?

También tiene que ver con la época, no sé como serán ahora los que escriben pero no había tanta referencia de ser como tal, escribías porque era lo que tenías que hacer finalmente. Servía como un modo de expresión natural y eso proporciona una confianza. O los que escriben cuentan eso. Escribo mucho y recuerdo, y no es que me quiera comparar con Bolaño, pero a los seis años hice mi primera composición mi casa y pude transmitir algo, tomás conciencia de la literatura como expresión, de algo íntimo. En él, esa confianza venía de ahí: era su modus vivendi la literatura, así entendía el mundo y lo concebía. Era curioso porque su mejor amigo, Mario Santiago Papasquiar,o que también es un poeta mítico de los Infrarrealistas, el movimiento que ambos fundaron, escribía hasta en los bordes de los potes, en los azulejos, en las paredes y era escribir por escribir y escribir y seguir escribiendo. Esto es muy interesante y se contradice con la idea del escritor profesional.

Y, por supuesto leer, porque él como Borges, se define más como lector que como escritor.

Habrás tomado contacto con muchos escritores que te dicen exactamente lo mismo. Son muchos para los que es más importante la lectura que la escritura, teniendo en cuenta que todo lo bueno ya está escrito, sino se escribiera más tenemos una amplia biblioteca por leer. Tanto a Cortázar como Bolaño se les recetó no leer en un momento de su infancia porque creían que eso le iba a traer unos males terribles.

Al leerla me quedo la sensación que Bolaño nunca dejó de ser ese chico travieso de Chile, lo digo respecto de su sentido del humor y sus bromas, incluidas sus descalificaciones.

Nunca lo había escuchado así, pero es un gran definición que podría adaptar como mía, en el sentido que peleo mucho por esta desmitificación. Roberto era un tipo bastante aburrido, un tipo muy común y normal que se definía a partir de su gran sentido del humor y su gran amor por la vida. Hay gente que ama a la vida más que otros, Roberto era uno de esos y tal es así que, enfermo y todo como estaba, jamás ni él ni su entorno tomaron en cuenta que se iba a morir y la muerte fue muy sorpresiva. Estaba segundo en la lista de transplante de hígado y cuándo se murió nadie lo podía creer, hay una gran contradicción en eso.

Le decía lo de las descalificaciones porque esas críticas tan furibundas que le hace a Isabel Allende, por ejemplo, parecen también tener el tono de una travesura y uno hasta puede imaginar que en su intimidad se divertía con eso. ¿Será así o tengo una percepción equivocada?

Eres la primera persona que ve ese elemento en el carácter de Roberto que trato de destacar todo el tiempo en el libro y cada vez que escribo una nota sobre él. Se tomaron siempre demasiado en serio las cosas que decía y, en realidad, podía decir una cosa y mañana decir otra, cosa que también hace la gente verborrágica que está todo el tiempo dando opiniones sobre las cosas y que se come el mundo y se mata de risa. Tenía ideas firmes como por ejemplo que Isabel Allende es una escribidora, una idea a la que uno puede adscribir, ahora si tú dices que es una escribidora, tienes sentido del humor, eres irónico y estás planteando una posición el la literatura. Si tú dices cuándo se muere: era un hombre malo que repartía odio por todo el mundo, menos mal que se murió, como dice Isabel Allende, ya no se trata de sentido del humor y de marcar una posición frente a la literatura, sino de, primero, tomarse muy en serio algunas cuestiones y, segundo, adoptar una posición moral frente a un hecho irrelevante.

Es que, por un lado, veo un costado lúdico y, por otro que, como su vida era tan profundamente literaria, todo pasaba por la literatura. ¿Esa era la vara con la que él medía el mundo?

Sí, y hay también que pensar que hay un grupo muy chico de personas, probablemente cada vez más chico, que se resiste como en una gran trinchera a la corrección política. Bolaño era el gran abanderado de la incorrección política. Esta posibilidad de poder decir esto no me gusta y que tenga las consecuencias que tenga en un mundo en donde es imposible decir lo que uno piensa. Todo este lenguaje enmascarado es un traje que no le cabe a Bolaño, nunca se lo hubiera puesto.

Hay una imagen de Bolaño de un tipo irascible y muy difícil de tratar, sin embargo la imagen que usted escribe es la de alguien bueno y de una enorme ternura ¿Era así?

Si, eso se ve en el último encuentro que él tiene en Sevilla con sus pares, en donde todos adoptan una formalidad, son diez años más joven que él, están conscientes de tener un encuentro de escritores jóvenes latinoamericanos y él va con su chamarra de cuero con muchas ganas de reírse y de no tomarse en serio algo que para él representó su coronación como gran y último latinoamericano de una nueva etapa en la literatura continental.

Gran parte de sus entrevistados dicen que la puerta de entrada a Bolaño es Los detectives salvajes. ¿Está de acuerdo y es lo que le recomendaría a quién aún no lo leyó?

Es por donde entré y es lo que recomendaría a todo el mundo. Ignacio Echeverría, que es su albacea natural, aunque no oficial, también lo plantea de esa manera. Creo que Bolaño es un hombre de dos obras y aquí voy a disentir con Jorge Volpi o con el propio Herralde que creen que Estrella distante está al mismo nivel que Detectives... Es verdad que es impresionante, creo que algunos cuentos como El ojo Silva o el conjunto de cuentos de El gaucho insufrible es espectacular, pero si uno lee 2666 y Los detectives salvajes, lee Bolaño.

El Tercer Reich, también es un gran libro y se lo traigo como ejemplo del debate sobre si hay que publicar o no en forma póstuma. ¿Que opina?

A mí me gustó mucho también y cuando dicen hay derecho, no hay derecho de publicarlo. Creo que hay derecho o no a leerlo. Está esa oferta, él lo escribió y yo lo disfruté muchísimo. Aunque es más de lo mismo, parecen apuntes para lo que luego fue 2666.

Herralde destaca en su libro el conocimiento acabado que tenía Bolaño de los escritores contemporáneos ¿Eso lo destaca de lo habitual?

Valoro muchísimo y en el libro no creo decirlo, la calidad moral de Bolaño. Era un excelentísima persona, contra todo lo que dice. Mi trabajo consiste en entrevistar a escritores, y todo el tiempo se jactan de estar leyendo a los clásicos, al último yugoslavo que no sé que y se jactan de no leer a sus contemporáneos. Eso contradice esa mala fama falsa de hombre malo, perverso y envidioso. Al contrario, era muy generoso y tan generoso para leer a sus contemporáneos, alabarlos y ensalzarlos. Muchas veces más de la cuenta.