Mex Urtizberea: "Para mí la droga es la música, no hay necesidad de consumir"

Acaba de presentar "Mua", su nuevo disco, y está en plena preparación de los shows para la temporada. El multifacético personaje habló con Infobae de su pasión por la música, de las fobias y de una anécdota con Mike Amigorena que lo llevó a componer uno de sus temas

Guardar

—¿De qué cosas te salvó la música?

—De todo, la música es lo máximo. Es una cosa tan extraña la música. Es algo que escuchamos nomás y nos cambia el temperamento, nos cambia el humor. Es lo más espiritual que tiene el hombre, lo más profundo que hay.

—¿Es verdad que a los 6 años ya tenías una batería?

—Sí, era mi cumpleaños y mis padres veían que ya venía golpeando latas y tachos de pintura. "Te vamos a regalar una batería", me dijeron. "Ah, buenísimo". Me llevaron a una juguetería y me mostraron una. "¿Esa es la batería?", le dije. "No, minga". Era una porquería: "Yo quiero una batería pulenta". Entonces me regalaron el hi-hat y el tambor. Eso fue desde los 6 años hasta los 24. Una madre maravillosa tuve. ¿Vos sabés lo que es aguantar a un tipo golpeando? No había pared, no había ladrillo, era una madera que separaba. ¿De qué te parece que no me salvó la música? Es eso también, haber tenido el apoyo de todo mi entorno y dejarme hacer lo que sea. La música me ha salvado, es lo más.

¡Qué padres piolas que tuviste que permitieron tu recorrido!

—¡Padres cancheros! Mi viejo fue periodista, crítico del diario La Prensa. Siempre se hacían obras de teatro en mi casa y venían todos los vecinos. Vi a Federico Luppi, a Ulises Dumont, a muchos artistas actuando en el jardín de mi casa. Ya desde chico había un movimiento artístico y una cosa muy fuerte; mi vieja ceramista.

—¿Nunca te dieron ganas de ser odontólogo o alguna profesión fuera del mundo artístico?

—No, para nada. Pero esas cosas raras: yo entré a la televisión y mi viejo odiaba la televisión. Siempre venía a mi casa enojado por todas las intrigas y lo perverso que era el medio adentro. Nunca iba a trabajar en televisión y terminé trabajando en televisión.

"Me gusta la tele, es un lugar de comunicación donde hago música"

—¿A vos te gusta la televisión o acordabas con tu padre?

—No, me gusta. Mi viejo era un tipo muy sensible y, por ahí es verdad, este medio te daña en algunas cosas humanamente. No, yo soy un tipo frío (risas), no me molesta. Uno sabe cómo es eso y no me altera, pero él sufría mucho. Me gusta la tele, es un lugar de comunicación donde hago música y un poco todas las cosas que hago, y me dan ese espacio.

—Fuiste parte de algunos de los programas de culto más importantes de la televisión y de repente te vimos en tiras donde tal vez no te imaginábamos. ¿Cómo lo llevaste?

—Fue raro, uno hacía Cha Cha Cha y hasta se burlaba de las tiras. Nunca pensé trabajar en una novela y actuar. Un día me llamó [Sebastián] Ortega para hacer Graduados, pero hace mucho tiempo, con Andy Kusnetzoff, y quedó en la nada. Después me volvió a llamar para hacer Los exitosos Pells, tenía muchas dudas y muchos prejuicios de hacerlo. Me hice muy amigo de Sebastián, un tipo en quien confío mucho y terminé haciendo tres tiras con él. Estoy chocho, feliz, me encanta actuar.

—Hay algo también ahí de correrte de la autogestión y dedicarte a actuar. Debe estar bueno también.

—Sí, siempre estuve gestionando, cuando me llamaron para actuar y desde que empezó el Pura Química hace 6 años. Ahí me distendí, me entregué, que haga otro.

—¿Te sorprendió el llamado para Pura Química?

—Sí, claro que sí, me llamó un amigo que trabaja ahí y me dice: "Te quieren acá para un programa". Y le digo: "Pero yo no sé de deportes". "Sí, ya sé", me dice. "Soy tu amigo y lo sé, no sabés nada". O sea, él estaba de acuerdo conmigo en que no servía y les avisó para cuidar su culo. Le dije: "Bueno, probemos un mes". Ya van 6 años y pueden ser 15 más.

—¿La masividad no te molestó?

—No, uno hace estas cosas porque quiere que cada vez lo vea más gente, o que lo apruebe más gente. Es así, es el ego, es la vanidad del artista que precisa de eso.

"No haría nunca un reality"

—Hay mucha gente que no lo reconoce, o que dice: "A mí me encantaría actuar, pero que no me conozca nadie por la calle".

—No, no, porque si no, no estás haciendo eso. Si estás actuando, es porque querés que te aplauda el que está ahí y lo estás buscando. Si te hacés el raro... Es invasivo y puede ser en algún momento medio loco. Me parece medio tonto decir así o maltratar al tipo que viene a querer sacarse una foto o esas cosas.

—¿Qué tendría que suceder para que estés en Bailando por un sueño, por ejemplo?

—Tendría que bailar. No, la verdad es que no, no me divierte eso. No me gusta hablar de mi vida personal, todo el morbo de la televisión y que tenés que venderte desde ahí. No haría nunca un reality.

—¿Los que son realities pero tienen que ver con la formación de talentos te gustan?

—Veo Elegidos, me divierte. Me gusta ver gente nueva que canta, me gusta escucharlos y no llegan a agredirlos, no llega a pasar una cosa de mal gusto. Para mí es mal gusto, para otra gente es apasionante ver las miserias humanas. A mí no me gusta ver eso, cuando pasa algo así, cambio. Me molesta acá en el pecho, pero es lo que más vende y lo que más interesa, ¿no?

¿Estás muy concentrado en la música en este momento no? ¿Hay una vuelta a los orígenes con Mua?

—Sí, estamos ahí armando las fechas para empezar a tocar y el show donde se va a presentar el disco, también donde vamos a ver situaciones de humor y monólogos.

—La historia de "Te quiero esta noche conmigo", uno de los cortes del disco, es muy divertida.

—Es una frase de [Gustavo] Cordera, pero tiene que ver con una historia de cuando estaba haciendo Los Pells en el 2009. Me hice muy amigo de Mike Amigorena, íbamos a comer a una cuadra de ahí, a un restaurant que tenía una chica muy bonita y los dos nos quedamos estupefactos viéndola. Dijimos: "A ver quién se la queda de los dos, un desafío".

—¿Quién ganó?

—Yo le compuse esa canción, hice de todo, pero ganó él... No sé por qué, pero ganó él a los dos días.

¿Dos días le costó nada más?

—Sí, bastante frustrante, pero salió esa canción maravillosa. El otro día pasé a ver si estaba y no está más. Le quería dejar el disco para decir: "Mirá, tenés una canción". No hay rencor.

—Mike se quedó con la chica y vos con la canción.

—Sí, igual duró poco tiempo. Yo creo que está muy arrepentida de todo, porque no era el hombre indicado, eligió mal.

—Recién nombrabas a Cordera. Hay amigos en este disco.

—Sí, muchos amigos. Cordera, Ciro [Martínez], Adriana Varela, Celeste Cid, que nos hicimos amigos haciendo Viudas.

—De Gustavo Cordera sos muy amigo.

—Sí, muy amigo. Él vive en La Paloma y yo voy a veranear ahí, nos encontramos y hacemos música. Uno hace un disco con esas personas por una cuestión de amistad, más allá del talento y el honor de tener a esos tipos ahí cantando con vos.

—¿Miedo a qué le tenés?

—¿Miedo? A una persona que se inmole al lado mío. Soy medio fóbico.

—¿Sí?

Sí, soy miedoso, salgo poco de mi casa, pero ya se va a ir pasando. Estoy muy atento todo el tiempo. Es la paranoia que uno sufre en las ciudades y entonces uno está atento a eso. Es más fobia, no sé si es miedo. Creo que es algo que les pasa un poco a todos. Esta cosa de la ciudad es algo muy nuevo, estar así tirando para todos lados y eso no está bueno. Por eso voy a La Pedrera; en La Pedrera no tengo ningún tipo de miedo ni nada, estoy muy tranquilo, no va a pasar nada.

—¿Y por qué elegís vivir en la ciudad entonces?

—Por mi trabajo.

—Pero Gustavo Cordera y Gerardo Romano, por ejemplo, van y vienen.

—Sí, yo no haría eso, me daría mucha fiaca ir y volver. Yo estoy haciendo un programa diario, tengo que estar acá. En algún momento me voy o en algún momento se me pasa esto. El panic attack y todas esas cosas tienen que ver con estos últimos tiempos, esta locura y el teléfono celular. Todo se ha ido modificando y creando alteraciones que por ahí producen esas cosas raras en la cabeza, que te agarra el panic attack. Tuve siempre ese panic attack, desde chico. Después la homeopatía me la curó, pero son cosas que pasan, son momentos y pasan. ¡Soy un cagón, sí, es eso!

—Si tuviéramos que distribuir el 100% de tu vida, ¿cuánto de sexo, cuánto de droga y cuánto de rock & roll?

—He tomado psicofármacos durante 30 años, por suerte ya no tomo más. Rock & roll no sé, me aburre.

—¿Sí?

—Sí, me aburre el rock & roll, me gusta disfrutar desde otro lugar. Para mí la droga es la música, estar haciendo música me eleva y me manda a lugares maravillosos, no hay necesidad de consumir algo para estar corrido y eso. Soy lo anti Pomelo y todas esas cosas. Lo que sea el rock & roll y todas esas cosas yo nunca lo viví.

"No me gusta la gente que desnuda mucho en Twitter"

—¿Y el sexo?

—El sexo bien, sí, parejito, simpatiza.

—Hablaste hace un ratito de cómo estamos conectados todo el tiempo. ¿Cómo te llevás con el celular y las redes sociales?

—Con respeto, yo tengo Twitter y por ahí contesto, comunico algo, pero no me gusta la gente que desnuda mucho en Twitter. Por ahí hay actores que dicen: "Estoy yendo a peinarme a lo de...". Ir contando cada cosa que voy haciendo me parece de una vanidad asquerosa. A mí me da mucha vergüenza toda esa parte. En un lugar me avergüenza que idealicen a alguien o que endiosen.

—¿Y cuando pasa con vos? Que se te junta gente, sobre todo en los momentos de tira, que son como muy masivos, ¿te incomoda?

—Sí, me da vergüenza. Han intentado hacer grupos de fans, por ahí de lo de Tuca, pero yo no sirvo para eso, no acompaño. Hay gente que sí acompaña. El otro día estaba [Benjamín] Vicuña, que vino a Pura Química y había club de fans. A mí me impresionó, porque van a todos lados donde va él y él las atiende, les conversa, o sea, genera que también eso exista. A mí no me sale. En un lugar me avergüenza, o sea, me gusta que disfrutes de lo que yo hago, que te divierta, que te parezca maravilloso, pero ya endiosarte y que dependa tu vida de... no, ahí ya hay algo patológico.