163
163
Kobane, Siria, 2014

. El

Estado Islámico

continúa su acoso contra la ciudad kurda en el límite con

Turquía

.

Abdullah Kurdi

, peluquero,

sabe que en las ruinas de ese enclave y ante el extremismo islámico es mejor resguardar a su familia

. Junto a su esposa,

Rehan

, deciden partir.

Le explican como pueden a Galip, de cinco años y a Aylan, de tres, que dejarán lo que queda de su hogar y buscarán una nueva vida

. Lejos de los disparos y los bombardeos. También lejos del resto de sus seres queridos.

Abdullah condujo, pues, a su familia. Fueron a Damasco primero, pero tampoco era el lugar ideal. El asedio interno era abrumador. Luego cruzaron la frontera turca y llegaron a Estambul. Intentó ser aceptado en Canadá como refugiado. No tuvieron suerte. Ante la negativa, pensó otra salida. Ideó la manera de atravesar los kilómetros que los separaban de Bodrum, un lugar turístico, y uno de los puntos más cercanos para cruzar a Europa. En el interminable martirio, el jefe de familia buscaba distraer y alentar a sus niños: les relataba historias fantásticas. Y también les hablaba de la inmensidad del mar, el que desconocían.

Bodrum sería la playa desde la cual junto con otros migrantes escaparían en busca de paz hacia Grecia, la puerta de entrada a Europa. Los niños vieron las arenas y el agua que repiqueteaba incesante sobre ellas y quedaron maravillados. Desde el lujoso resort Ali Hoca Point Resort partirían para dejar atrás la pesadilla de la guerra y la devastación.

Junto con otras familias, Abdullah, Rehan, Galip y Aylan subieron a una precaria y abarrotada embarcación. El padre de los niños intentaba tranquilizarlos al ver las caras de miedo en el medio de la inminente noche. No había salvavidas, pero confiaban en la aparente calma mediterránea y en que el periplo sería corto: sólo 20 kilómetros separan Bodrum de la isla griega de Kos, famosa por su participación en la Guerra de Troya.

Apenas treinta minutos después de partir, el bote se dio vuelta. Sólo unos pocos pudieron sostenerse aferrados a lo que flotaba. El agua y la oscuridad de la noche hicieron el resto: la desesperación se apoderó de los 17 pasajeros y tripulantes. Abdullah nadó y flotó como pudo, pero el resto de su familia se hundió. Se ahogaron. Rehan, Galip y Aylan murieron a los pocos minutos. No tuvieron oportunidad.

Del otro lado del mundo, en Canadá, a las cinco de la madrugada, sonó un teléfono. Era la casa de Teema Kurdi, hermana de Abdullah, quien recibía la trágica noticia. Una de las nueras contó la desgracia y la breve conversación que tuvo con el padre de Ghaleb y Aylan: "Soy Abdullah, mi esposa y mis dos hijos han muerto". Teema conocía todos los atajos que su hermano intentaba tomar para escapar de la guerra. Y sentía algo de culpa: el gobierno canadiense les había denegado la posibilidad de asentarse allí junto con ella.

"Trataba de apoyarlos económicamente y tenia a mis amigos y vecinos ayudándome en las cuentas bancarias, pero no llegamos y es por eso que se subieron al bote", dijo Teema al diario canadiense National Post. También reveló qué hará su hermano Abdullah. Recorrerá de vuelta el camino a Kobane. Dará sepultura a Rehan, Galip y al pequeño Aylan. Y esperará su muerte, para ser enterrado junto con ellos, en el lugar del que quiso huir para salvar a su familia.

 163
163