Los diarios The Washington Post y The New York Times dedican este miércoles sendos editoriales a la crisis fronteriza entre Venezuela y Colombia en los que coinciden en acusar al presidente venezolano, Nicolás Maduro, de fabricar la disputa con el país vecino.
El principal paso fronterizo entre los dos países lleva dos semanas cerrado, lo que ha originado una crisis "fabricada por un presidente (Maduro) cada vez más impopular que está desesperado por apuntalar el apoyo a su partido con vistas a las elecciones parlamentarias previstas para diciembre", afirma el periódico neoyorquino.
The New York Times afirma que la popularidad de Maduro "cayó al 24 por ciento en julio, lo que refleja la creciente consternación pública ante unas políticas gubernamentales que han llevado a un aumento de la inflación, una moneda gravemente devaluada y un empeoramiento de la escasez de alimentos".
Además, a medida que las relaciones entre Washington y Caracas "han mejorado marginalmente", Maduro "ha optado por desviar la atención de los problemas de su país provocando peleas innecesarias con sus vecinos", sostiene el editorial al citar la disputa territorial entre Venezuela y Guyana.
Sobre la actual confrontación con Colombia, el periódico señala que las excentricidades de Maduro "han interrumpido un importante corredor comercial, separado a familias y desplazado a cientos de personas de sus hogares".
Según un informe difundido este lunes y realizado por funcionarios de organismos de la ONU que visitaron la zona, 1.100 colombianos han sido repatriados en los últimos trece días por Venezuela y al menos otros 10.000 regresaron a su país "por miedo".
En la misma línea que el Times, The Washington Post dice en su editorial que Maduro "ha recurrido a provocar una crisis" con Colombia mientras su gobierno "populista parece encaminarse hacia una gran derrota en las elecciones legislativas previstas para diciembre, si el voto es libre y justo".
El periódico capitalino afirma que la ilegalidad y el contrabando son "moneda común" a lo largo de la frontera entre Colombia y Venezuela, pero el problema "no parte de los colombianos, sino de las políticas económicas desastrosas del gobierno de Maduro".
"Tristemente, la Organización de Estados Americanos (OEA) ha demostrado ser incapaz" de hacer frente al "atropello" de Maduro, según el Post, que recuerda que el lunes los aliados de Venezuela bloquearon en ese organismo una solicitud de Colombia para que los cancilleres del continente abordaran la crisis fronteriza.
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Mientras, el gobierno del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, "se ha limitado a una expresión tibia de 'preocupación' por la 'degradación de la situación humanitaria'", lamenta el diario.
Los dos rotativos coinciden también en elogiar el manejo de la crisis por parte del gobierno del presidente colombiano, Juan Manuel Santos, de quien el Post afirma que "ha reaccionado con moderación" ante la "provocación cínica" de Maduro.
"Las autoridades colombianas se han abstenido de manera sensata de iniciar una guerra dialéctica que podría incrementar el fervor nacionalista en Venezuela", señala, por su parte, The New York Times.
La respuesta del chavismo
El pasado 27 de agosto The New York Times publicó otro editorial en el que también se critica la responsabilidad del gobierno de Nicolás Maduro en el conflicto fronterizo. En respuesta a esta publicación, el chavismo emitió un comunicado en el que indica que "se hace un mal manejo informativo de la situación fronteriza entre Colombia y Venezuela".
A continuación lea el comunicado:
El 27 de agosto, el New York Times publicó un artículo titulado "Colombianos huyen de las medidas enérgicas de Venezuela contra inmigrantes" (Colombians Flee Venezuela's Crackdown on Immigrants) con el que se presenta un cuadro totalmente sesgado de lo que realmente sucede en la frontera, que no solo desdice del periodismo de investigación de ese diario, sino que supone intencionalidad para desprestigiar.
El reportaje, que intenta señalar al Gobierno como perseguidor de inmigrantes, tergiversa por omisión lo que ha sucedido en la frontera en entre Venezuela y Colombia, en el Táchira, antes y después del cierre y la declaratoria constitucional del estado de excepción.
La nota vincula las causas del cierre únicamente al atentado perpetrado contra efectivos militares, además de que pone en duda el que haya sido un ataque paramilitar. De hecho, en el reportaje no existe el paramilitarismo ni las bandas criminales, estas son solo referencias que le han oído nombrar al presidente Nicolás Maduro.
Ninguno de los cuatro periodistas del NYT que participaron en la elaboración del reportaje pudo averiguar si entre los más de mil repatriados de los cuales dan cuenta, había algunos dedicados al contrabando o vinculados con otros delitos transfronterizos. Tampoco pudieron averiguar si había un inmenso prostíbulo donde se encontraron niñas. No se acercaron a preguntar si un inmenso bar era realmente un centro de secuestros con un sistema subterráneo para cautiverio de humanos. Y más aún, sólo encontraron analistas que vincularan el cierre a la política electoral.
También dice el escrito de NYT que "cientos de colombianos huyen por la frontera, evadiendo la ofensiva contra los inmigrantes". Es evidente que NYT quiere dibujar un cuadro de Gobierno perseguidor. La Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), que tiene oficina en Colombia por el conflicto interno que vive ese país, ha calificado a los no repatriados que se han ido a Colombia como "retornados de forma espontánea". Pero para NYT es gente que huye de una ofensiva.
El reportaje obvia igualmente todo reconocimiento de Colombia sobre los problemas en esa frontera. Solo refieren las quejas del presidente Juan Manuel Santos sobre los repatriados. Obvian a la canciller María Ángela Holguín, que lo primero que hizo tras el cierre de la frontera fue reconocer los problemas de bandas criminales dedicadas al narcotráfico y al contrabando que afectan por igual a los dos países. Son muchos los voceros colombianos, que a pesar de críticas a las repatriaciones han advertido sobre las causas de los problemas de una frontera compleja y que el NYT desconoce.
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