Scioli, una síntesis del peronismo de los últimos 20 años

Ha sido un buen alumno de los principales líderes del PJ de esa etapa: Menem, Duhalde y Kirchner. Confía en su intuición y cree en una suerte de "predestinación" para ser Presidente

Rodrigo Acevedo 162

Jugador voraz de ajedrez, cultor de la tolerancia sin fronteras, custodio letal de su propia imagen, obsesivo gastronómico, experto como ningún político en las artes de la Comunicación, portador de una mente de deportista que se alimenta de desafíos y jefe del clan familiar desde la muerte de su padre, a href="https://www.infobae.com/" rel="noopener noreferrer" Daniel Scioli/a va por la Presidencia de la Nación con tan sólo 18 años de trayectoria política en el peronismo, pero en la que ha ocupado, como gusta decir, los más altos cargos del país: diputado nacional, dos veces Secretario de Estado (Turismo y Cultura), Vicepresidente, y dos veces Gobernador de la Provincia de Buenos Aires.

La vida adulta de Scioli puede dividirse en etapas temáticas: deportista (motonauta desde los 29 años hasta los 40); empresario (Presidente de Electrolux Argentina entre los 37 y los 40 años); político (desde los 40 hasta la actualidad).

La pérdida de su brazo derecho –el 4 de diciembre de 1989- en la segunda etapa de una competencia de offshore en el Río Paraná, en la que un día antes había tenido como copiloto a Carlos Menem, fue un punto de inflexión en su vida, más allá del cercenamiento físico.

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Acostumbrado a resistir físicamente para competir en la "Fórmula Uno" del agua, Scioli sumó a esa característica la superación psicológica: un mes y medio después de la pérdida, rechazando "ayuda" profesional o doméstica, como dejar de usar botones en las camisas y reemplazarlos por velcro, se subió a una lancha para probarse que podía manejar con una sola mano.

En efecto, sus campeonatos mundiales los obtuvo después de la tragedia: clase II en Mar del Plata (1992), Superboat (1994), Production A y Superboat (1995), Sportman B y Superboat (1996). Su capacidad temprana para comprender la importancia de los medios y las estrategias comunicacionales, llevó a popularizar a través de Canal 9 –medio del que su padre, José, era uno de los dueños junto a Alejandro Romay y Héctor Peres Picaro- el offshore y sus "logros". Cuando Scioli dejó de correr, la motonáutica dejó de ser "popular" y desapareció mediáticamente.

La lógica de deportista lo llevó siempre a fijarse metas hacia adelante. Inquieto por el retiro cercano a bordo de una lancha, dio el salto hacia la actividad empresaria. La "perseverancia" (una de las tres "p" que cultiva; las otras son "prudencia" y "paciencia") lo llevó a convencer a la firma sueca Electrolux, que había huido del país por la situación económica, que le otorgue su representación en la Argentina. Como empresario impuso la marca, que además de vender electrodomésticos los reparaba. Instalado en el barrio del Abasto, vio la política como su futuro mediato.

Scioli ingresó "grande" al mundo de la política, con 40 años. Si bien se afirma que su mentor es Carlos Menem, que sí lo apadrinó y después fue su hacedor, quien realmente lo descubrió fue Claudia Bello, por entonces -1997- secretaria de la Función Pública del gobierno menemista.

Antes de aceptar ir a una interna del PJ porteño contra Miguel Ángel Toma, Eduardo Bauzá, Carlos Corach y otros menemistas en retirada, Scioli masticó la decisión con algunos amigos, como Mauricio Macri, quien lo alentó: "Hacelo, mandate. La Argentina necesita gente nueva, como vos".

A Mauricio lo conocía desde la adolescencia. Ambos eran hijos de dos miembros de la burguesía nacional: Franco Macri, proveedor del Estado y José Osvaldo Scioli, dueño de "Casa Scioli" que vendía electrodomésticos.

Aquellos jóvenes se encontraban siempre en las reuniones sociales acompañando a sus padres –de un parecido físico sorprendente- y luego forjarían una verdadera amistad en la noche porteña y de Punta del Este. Pese a ser rivales hoy en la disputa por la Presidencia, conservan ese vínculo, alimentado también por la amistad entre sus parejas, Karina Rabolini y Juliana Awada.

"El que se calienta pierde", "el tiempo es un gran ordenador", "lo mejor está por venir", son algunas frases de cabecera de Scioli, que predica ante el amplio círculo de vínculos sociales que siempre fue creciendo y que va desde el Rey de Suecia hasta Alberto Samid; de Carlos Slim hasta Aldrey Iglesias; de Diego Maradona a Carlos Tevez; de Nacha Guevara a los Pimpinela; de Marcelo Tinelli a Bill Clinton; de Julio Iglesias a Ricardo Montaner; del Papa Francisco a Cacho Castaña.

Sin ser un místico, confía en su intuición que lo ha salvado muchas veces en la toma de decisiones claves y cree en una suerte de "predestinación" a ser Presidente de la Nación.

De Menem, aprendió a delegar y exigir resultados; de Duhalde, el manejo de los tiempos; de Kirchner, tener todo bajo control

Scioli es una síntesis del peronismo de los últimos 20 años y un buen alumno de los principales líderes del PJ en ese periodo. Fue diputado y se inició en la política con Menem; fue Secretario de Turismo y Cultura de Eduardo Duhalde; vicepresidente y gobernador bonaerense de Néstor Kirchner. De los tres aprendió algo, lo hizo propio y, de seguro, lo aplicará si llega a la Casa Rosada.

De Menem, la diplomacia presidencial y delegar, pero siempre exigiendo resultados y teniendo la última palabra; de Duhalde, el manejo de los tiempos, saber esperar y anticipar los movimientos políticos como en el ajedrez; y de Kirchner, tener todo bajo control, tanto a sus colaboradores como a las variables económicas de la provincia.

Toda síntesis implica una selección de algo que tiene grandes logros y grandes errores como el Peronismo. Lo que Scioli exprese y aplique de su aprendizaje peronista si llega a la Presidencia, es un enigma, al igual que su resultado.

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