Nada menos que 35.000 cubanos en suelo norteamericano tienen órdenes de deportación, según la Policía de Inmigración y Aduanas (ICE). El número incluye a personas con condenas penales graves o que representan una amenaza para la seguridad nacional y, por lo tanto, son considerados prioritarios para deportación por parte de los agentes encargados de hacer cumplir las leyes de inmigración
Esos inmigrantes aún no han sido repatriados a Cuba porque el gobierno del presidente Raúl Castro no les ha dado permiso para regresar. No está claro si el gobierno cubano modificará su posición.
Durante décadas, la deportación a Cuba se ha visto entorpecida por la falta de relaciones diplomáticas y la decisión del gobierno cubano de no otorgar documentos a la mayoría de los que enfrentan la deportación.
Un acuerdo de repatriación de 1984 incluye una lista de 2.746 personas que habían llegado a Estados Unidos durante el éxodo de Mariel y deberían ser deportadas. La migración masiva comenzó cuando el entonces presidente Fidel Castro dijo que cualquiera que quisiera abandonar la isla podía hacerlo. Unos 125.000 cubanos se embarcaron en la peligrosa travesía entre abril y octubre de 1980.
Los archivos de ICE revelan que 1.999 personas en la lista han sido repatriadas, 1.093 de ellas desde 2001. La ICE es responsable de hallar y deportar a los inmigrantes que viven en el país sin autorización y a aquellos a quienes se ha ordenado abandonar el país.
Las órdenes de deportación pesan sobre más de 35.000 cubanos y hasta fines de marzo otros 2.300 tienen casos de deportación pendientes ante las cortes. De estos, 25.000 son prioritarios debido a prontuarios delictivos u otros problemas en su pasado.
Sisi, una mujer de 50 años que llegó a Miami con su familia cuando tenía cuatro años, es una de las personas que espera y se pregunta qué les depara el futuro. En la década de 1980, cuando era una adolescente, Sisi se casó con un hombre implicado en el tráfico de cocaína en el sur de Florida. Para mediados de la década, ella también participaba en el negocio, hasta que purgó dos años y medio de cárcel y puso fin a su breve vida delictiva en 1989.
Aunque saldó su deuda con la sociedad, no sabía que debido a su prontuario criminal las autoridades emitirían una orden de deportación en el año 2000.
"Era joven y tonta. Eso me perjudicó", dijo Sisi, que habló con The Associated Press bajo la condición de ser identificada sólo por su sobrenombre debido a la orden de deportación.
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