No hubo lugar para las sorpresas, sí para las confirmaciones. Extreme, desde que se subió al escenario de Teatro Vorterix en el marco de la gira por el 25º aniversario del álbum iPornograffitti/i, trasladó a todos los presentes a sus tiempos dorados y redondeó una noche perfecta a puro hard y funk rock. Un inicio a toda orquesta con "Decadence dance", "Li'l Jack Horny", "When I'm President" y "Get the funk out" dejó bien en claro que el paso de los años no les marca el terreno. Las primeras canciones le jugaron una mala pasada al cantante Gary Cherone, quien supo hacer las veces de frontman en Van Halen a fines de los '90, que alternó buenas y malas con su afinación, hasta poder acomodarse.
Llegó el momento más melancólico y romántico cuando el bajista Pat Badger y el baterista Kevin Figuereido dejaron el escenario y quedaron sólo Cherone junto a Nuno, sentados en dos solitarias banquetas, como lo hicieron en Wembley en 1992 cuando homenajearon a Freddie Mercury. "More than words" sonó ajustadísima. Cherone alcanzó increíblemente las notas que conquistó en su etapa de consagración y el guitarrista hacía todo lo posible para ganarse los oídos masculinos y los corazones femeninos. Pornograffitti siguió al pie de la letra con "Money (In God We Trust)", "It ('s a Monster)" y la que le da nombre al álbum, dejándole el camino allanado a la sensual "When I first kiss you" en cual Bettencourt demuestra que no sólo es un distinto con las seis cuerdas, sino que también puede generar melodías fabulosas con el piano.
Ese pacífico medio tiempo se vio aplacado por las dos canciones más pesadas de la banda, "Suzi" y "He-man", un par de argumentos más para idolatrar al guitarrista portugués que no hacía otra cosa más que arrancar aplausos y suspiros. Para cerrar la primera parte, "Song for love" y "Hole hearted", con un crossover de "Crazy little thing called love" funcionaron como un broche ideal.
La segunda parte construyó a partir de "Play with me", un clásico de su disco debut, en el que "La Marcha Turca" de Mozart, funciona como preludio. Mientras Cherone no paraba de saltar, patear, bailar, gritar y cabalgar, la banda funcionaba como un relojito repasando "Rest in peace", el tema más experimental de los estadounidenses, "Kid ego", "Take us Alive" y "Am I ever gonna change". El final resultó ser una clínica de guitarra de 15 minutos con técnicas, yeites, fraseos y otras particularidades que Nuno Bettencourt repartió entre el público. Primero fue con una acústica colgada en "Midnight express" y para el cierre, "Cupid's dead" dilapidó todas las dudas que habían alrededor de la actualidad del grupo.
Extreme abarcó todos los campos del rock en un solo show. Durante dos horas recorrió paisajes del blues, el jazz, del funk, el hard rock, el heavy y, hasta el pop. Si bien la atmósfera del Vorterix coopera para el buen sonido, los integrantes se fusionaron en una sola melodía. Obviamente, todo esto no podría haber sido posible gracias al talento de Nuno Bettencourt, el mejor guitarrista que tiene el hard rock, hoy en día por encima de leyendas como Paul Gilbert, George Lynch o Ritchie Kotzen. A diferencia de los demás, el portugués no es sólo técnica monstruosa y virtuosa, es carisma, canta de manera excelente y a medida que avanzan sus canciones, descubre nuevos sonidos. Así es Extreme, una banda que si bien hoy vive del recuerdo de un álbum fabuloso, acumula créditos para no pertenecer al sector de los One hit wonder, son mucho más que palabras, mucho más que un hit.