Detrás del muro: memorias del desencanto comunista

Un joven chileno huye de la dictadura pinochetista hacia el que cree es un paraíso terrenal: Berlín oriental. Cuarenta años después, un viaje a la Alemania unificada es la ocasión para evocar aquel choque con el socialismo real

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Con iDetrás del Muro/i, el escritor chileno Roberto Ampuero completa la saga de sus desventuras bajo el comunismo, en sus versiones europea y caribeña, y nos brinda bajo la forma de memoria novelada un alegato inapelable contra los regímenes totalitarios.

Llegado a la Alemania oriental de mediados de los 70, tras escapar de la represión en Chile, Ampuero conoce a Margarita, hija de un alto jerarca del régimen castrista, y ese encuentro será la oportunidad de viajar a Cuba, y una nueva esperanza para quien ya comienza a desilusionarse con los resultados alemanes de la utopía comunista hecha realidad.

Cinco años en Cuba completarán su proceso de transformación, una experiencia que ha volcado en un libro anterior e igualmente imperdible, ia href="http://www.infobae.com/2010/11/09/1013442-nuestros-anos-verde-olivo" rel="noopener noreferrer" Nuestros años verde olivo/a/i (Ed. Norma, 2010).

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En la isla madura su decisión de volver a Occidente, para lo cual deberá volver, a modo de transición, a Berlín Oriental. El libro que acaba de publicar ahora, iDetrás del Muro/i (Sudamericana, 2015), relata esos años de su segunda residencia en la Alemania comunista.

A continuación, algunos párrafos de la novela de Roberto Ampuero:

De alguna forma sentía que la historia me daba la razón al haber renunciado al comunismo en 1976, en La Habana.

Nunca nada aparentemente tan sólido se había derrumbado antes en la historia humana de forma tan rápida y poco gallarda. El pueblo sepultaba al supuesto Gobierno popular. ¿Dónde estaban los defensores del socialismo? ¿Dónde estaban la FJD, el SED, el FDGB, la HVA o la Stasi? (*) ¿Y qué dirían el CHAF [Comité Chile Antifascista], los partidos de izquierda chilenos y nuestros Betonköpfe (cabezas de hormigón) chilenos?

La memoria es una serie infinita de cascadas: escribo esto muchos años después, revisitando mi pasado comunista alemán y cubano, y al hacerlo me encuentro con el joven que ya entonces experimentaba una gran desazón al ver la franja de la muerte y sintió que con ello comenzaba a derrumbarse su fe comunista.

Recuerdo también al joven que amó a Margarita y el ultimátum de Cienfuegos, quien me empujó a emigrar a Cuba, hundirme en el fidelismo y decepcionarme del comunismo. Pero en ese entonces fue también una chance: seguiría junto a Margarita, conocería la revolución, me iría del país que encerraba a sus ciudadanos y donde el socialismo lo habían impuesto las tropas soviéticas. Llegaría a la isla, al primer territorio libre de América, al faro del continente, a la tierra de Martí, de Fidel y Camilo, donde la revolución tenía quince años y era fresca como el roció. Adiós, Muro, con tu franja de la muerte. Eres un espectáculo demasiado obsceno para un pequeñoburgués como yo. ¡Adiós, Muro! ¡Buenos días, revolución!

Esa primavera de Leipzig de 1974 comprendí el mensaje del comandante Cienfuegos: no me quedaba más que marcharme a la isla a vivir mis años verde olivo.

Cinco años después regresaría a Berlín Este.

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1° de septiembre de 1979. Berlin Schönefeld. Aeropuerto internacional de Berlín Este. He regresado a vivir detrás del Muro.

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He vuelto al otro escenario de la Guerra Fría. Salí de Leipzig hacia La Habana a la edad de veintiuno. En la isla renuncié a la Jota [Juventud Comunista chilena] defraudado de la experiencia que tuve bajo dos regímenes comunistas. No hay diferencia entre una dictadura comunista y una derechista. Para el que la sufre, toda dictadura es represiva y puede ser letal. ¡Abajo el comunismo y el pinochetismo, del mismo pájaro las dos alas!

He vuelto de La Habana con nuevas convicciones, o mejor dicho, dudas. Soy un converso. Las dictaduras de Castro y Pinochet apenas difieren en el color y ciertos objetivos, pero son idénticas en algunos aspectos. Los recursos para imponer su verdad son semejantes: policía política, control de los medios, cárcel y exilio para los disidentes, el enemigo es un traidor a la patria o bien un traidor a la revolución. Para una dictadura, Estados Unidos, la CIA y los dólares están detrás de todo; para la otra, la Unión Soviética, el KGB y el oro de Moscú.

He regresado de la calurosa humedad habanera al fresco otoño berlinés. Llego más viejo y sobrio, y también más provinciano. Pienso que debería ser fácil unir a quienes se oponen a dictaduras de izquierda y derecha, y defienden las buenas prácticas democráticas. Pero me equivoco: muchos justifican los totalitarismos de izquierda o derecha. No ha dictadura, ni comunista ni nazi-fascista, que carezca de un complejo y bien construido entramado de justificaciones ideológicas, y de personas que las celebran con entusiasmo.

Cinco años en Cuba te aíslan del mundo y su devenir, te embrutecen y te vuelven ignorante y esquemático, algo que logra la censura informativa que solo puedes paliar escuchando clandestinamente La Voz de los Estados Unidos de América o la BBC en onda corta.

LEER MAS: ia href="http://www.infobae.com/2015/05/11/1727759-solo-quienes-no-lo-han-vivido-son-fervientes-admiradores-del-socialismo" rel="noopener noreferrer" Entrevista con Roberto Ampuero/a/i

No sólo renuncié a la Jota, harto de su doble moral en materia de derechos humanos y del fracaso económico y político del socialismo. También he comenzado a revalorizar la economía de mercado y la democracia liberal, as mismas que combatí en el Chile de Allende, a la primera por considerarla explotadora, a la segunda por considerarla formal. Además, me he separado de

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Lo señalan Jorge Semprún y Octavio Paz: el comunismo te ofrece el futuro a cambio de que le entregues el presente. Dame hoy tu vida, tus sueños y tus esfuerzos, porque mañana vivirás en la luminosa recompensa que estamos preparando en estos decenios para ti. No deja de sorprender que sean precisamente los materialistas, que creen que solo se vive una vez, los que te convocan a sacrificar el presente para disfrutar una vida situada en un horizonte distante e impreciso: el comunismo. Como la realidad del socialismo es deprimente, sus ideólogos, basados en textos de Marx, recuerdan a la población que solo en la etapa superior del socialismo, el comunismo, se alcanzará la felicidad humana. En el interminable intertanto hay que aceptar el sacrificio, al escasez, la ausencia de libertades y de derechos.

¿Cuántas veces durante mis años en la destruida y desabastecida Habana escuché las palabras "futuro luminoso" de los labios del máximo líder? ¿Cuánto tiempo precioso de mi juventud desperdicié creyendo y escuchando esas mentiras que se repetían por megáfonos, radio y televisión, en la Granma y los diarios murales de las fábricas, los ministerios y la universidad? ¿Qué beneficio me trajo haber navegado por cinco años en una nave que ha piloteado cinco decenios un megalómano enloquecido? Tal vez solo dos cosas: haberme desilusionado del fidelismo y del comunismo, y haberme convertido en un demócrata liberal, tolerante, flexible e inclusivo.

(*) Respectivamente: Juventud Libre Alemana, Partido Socialista Unificado de Alemania, Federación de sindicatos de RDA, Oficina de espionaje de la Alemania comunista y Ministerio para la Seguridad del Estado.

(**) Esposa de Raúl Castro, ya fallecida

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