A las 21, puntual, las luces del auditorio porteño se apagaron mientras de fondo sonaban los primeros acordes de "Rising force", y detrás de un humo enceguecedor se vislumbraba la larga melena y la alta figura del guitarrista sueco envuelto en su clásico atuendo negro: arrancó Yngwie Malmsteen.
Los punteos de su Fender color crema se tomaron apenas un descanso para saludar al público que lo ovacionó durante todo el concierto en el que recorrió sus 35 años de trayectoria. También dejó ver sus habilidades para hacer volar por los aires su viola, a la que tocó con una sola cuerda sobre el final del show y hasta con los dientes, pero también la acarició como a una amante a la que le cantaba con una mezcla de potencia y dulzura en su voz.
Temas como "Spellbound" (título de su último trabajo) "Badinerie", "Adagio", demostraron la capacidad de los dedos del sueco para llegar a la excelencia en una interpretación clásica al igual que sus solos y acústicos como "Dreaming (Tell me)" y "Prelude to april". Los gritos de los fanáticos -que no dejaban de filmarlo con sus celulares- se convirtieron en un aullidos furiosos para corear "Trilogy suite op. 5" y "Blackstar". "I'll See The Light" marcó el final de uno de los mejores shows que tendrá este año.
Yngwie Malmsteen es el creador del Metal Neoclásico y es considerado uno de los grandes exponentes de la técnica shredding de la guitarra eléctrica durante la década de los años 1980. El lugar de reconocimiento de Yngwie en la historia de la música continúa, la Revista Time lo nombró como uno de los 10 mejores guitarristas del mundo y el viernes 24 de abril demostró por qué lo es.